Poema de muerte al arrullo de unas tranquilas y cristalinas aguas.

Me siento muy siento feliz
Ante mi inminente muerte;
Ya no tendré necesidad
De seguir soñando
Que estoy despierto.
Ahora… muero, esto es, despierto,
Mientras voy al encuentro de un amanecer dorado,
Alumbrado por el foco alumbrador
Que todo lo alumbra.
Ahora tomaré posesión de mí mismo,
En la Gran Luz del Trono Inmenso
De las causas intermedias desplegadas,
Y refulgiré, con cegador resplandor,
Mientras el Todo reasume a la parte
Y la parte recuerda que nunca, del Todo,
Estuvo separada.

despojosdeocccidente

COMENTARIO:

Este poema de muerte ha sido canalizado tras morir de amor y quedar rotos, absolutamente deshechos, desmembrados, descuartizados y desmenuzados hasta los constituyentes últimos del ser humano en la luz, omnialumbradora y omnipenetrante, de Layla –la mujer primigenia.

El gobierno terrorista puede legislar, al dictado de sus amos del deep state, lo que le venga en gana; nosotros ya estamos cadáver, y no tenemos intención de obedecer, sino más bien lo contrario, desobedecer, al mismo tiempo que nos solazamos en cagarnos en la puta madre que los parió a todos.

Ahora esos indeseables dicen que es obligatorio el uso de las insalubres mascarillas en todo espacio público, siempre que sea imposible guardar 2 metros de distancia de seguridad con otras personas. Empero, el ganado humano no necesita ese tipo de leyes absurdas e ilegales, pues están tan asustados de morir de una simple gripe que voluntariamente saldrán a la calle hechos unos mamarrachos, con el bozal puesto, en la creencia de que eso los  protege, cuando lo que están haciendo es socavar su propia salud, al respirar su propio aliento viciado y permitir que medre un reservorio de bacterias, sudor, babas y zurrapa en sus mismísimos hocicos.

Nosotros, el equipo de despojosdeoccidente, hemos decidido cachondearnos del gobierno y de los pobres infelices que han decidido auto-descartarse (o sea, suicidarse) usando el bozal, y también saldremos con mascarilla a la calle, pero al estilo militar, pues estamos en guerra y, aunque el nuestro sea el bando perdedor, estamos dispuestos a dar batalla hasta las últimas consecuencias. El auténtico guerrero no es el que gana, sino el que lucha y sabe que la libertad es preferible a la muerte.

Esto ya no tiene solución. Lo mejor es morir, en la plenitud de la consciencia despierta, y dejarlos a ellos con sus intrigas y maquinaciones.

Un fuego abismal los cercará, un fuego que los acogerá y que ni los matará ni los dejará vivir, y del que no sabrán cómo escapar.

¡MUERTE!

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