Encrucijada de caminos.

Un blues de Robert Johnson

Adaptado al español por Ruinas_de_Occidente.
.

Bajé a ese cruce de caminos

Caminando sobre mis rodillas.

Bajé a ese cruce de caminos

Caminando sobre mis maltrechas rodillas.

Imploré misericordia al Señor del Trono Inmenso:

¿Querrías apiadarte de mí?

 

Bajé a ese cruce de caminos

En busca de una salida.

Bajé a ese cruce de caminos

En busca de una salida a este sinsentido.

Pero todos me ignoraron y pasaron de largo,

Como si yo no existiera.

 

Creo que voy a ir a Rosedale

A hacerle una visita a mi amiga;

Ella sabrá entenderme por unos dólares.

Ella sabrá aliviar mi pene y mi pena.

 

¡Yeeeaaahhh!

 

Corre, corre, ve corriendo

Y dile a mi amigo Willie Brown

Que estoy aquí, en el cruce de caminos,

Y que me estoy hundiendo.

COMENTARIO:

La vida es un cruce de caminos, una encrucijada perpetua. Estamos, pero sin estar, entre la nada que se abre al insondable infinito y la apariencia de lo que creemos ser, este personaje sombrío y falsario que nos acompaña siempre.  Hay momentos duros, aterradores, descorazonadores; hay abismales momentos de desasosiego en la vida de un hombre, momentos repletos de dudas, de reproches y de mucho sufrimiento. Momentos que sólo una prostituta puede aliviar, pues todos los demás ya se fueron.

Nosotros sentimos un profundo respeto y aprecio por las prostitutas, no así por las putas, siendo estas las que follan gratis con cualquier desgraciado con bozal que las haga reír un poco, y aquellas las que te cobran por follar, como debe de ser según las normas no escritas de la debida cortesía. Hay momentos muy duros en la vida de un hombre, momentos que sólo una prostituta es capaz de desenredar, de desentramar, para que la trama de la existencia vuelva a brillar y uno encuentre el camino de vuelta hacia ninguna parte, en la plenitud de la nada absoluta de la que procedemos, y que es lo que íntimamente somos.

Todos se fueron y me quedé solo, solo, una vez más, en ese maldito cruce de caminos.

COMENTARIO DEL COMENTARIO:

Las feministas andan desunidas y enfrentadas a causa del debate abierto acerca de la idoneidad o no de la prostitución. Por un lado tenemos a las feministas abolicionistas, que abogan por prohibir una práctica que denigra a la mujer y la cosifica para servir de asueto a los despreciables hombres; y por otro lado tenemos a las feministas anti-abolicionistas, que sostienen que es insostenible abogar por la prohibición del puterío, pues dicen que nadie debe interferir en la manera en que cada mujer enfoca su vida profesional. Deseamos que las feministas abolicionistas y las anti-abolicionistas se devoren entre ellas y queden extintas, de esa forma el mundo sería un lugar mucho más apetecible y agradable.

Las prostitutas son mujeres sagradas, y como tal deberían ser alzadas a los altares de la dignidad y del amor propio; mujeres valientes y, en general, honestas y bellísimas personas. Nosotros estamos encantados con ellas, y hasta hemos podido pergeñar, a lo largo de los años, una inquebrantable amistad con varias prostitutas, las cuales ya no ejercen, o más bien sí que ejercen, pero sólo cuando nos sentimos faltos de cariño. Cuando las llamamos para follar, ellas sonríen y asienten, pues saben la calidad de la madera de la que estamos hechos. Eso es amor verdadero, y lo demás es tontería.

Una versión brutal de Eric Clapton – youTube

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