La cárcel de la memoria.

Un Blues de John Lee Hooker

Adaptado al español por despojosdeoccidente

No hago más que sufrir y sufrir,
Así es amigo,
En la vida no hago más que sufrir y sufrir.
Estoy solo y sufriente.
Te diré por qué.

Vivo en una cárcel,
La cárcel de la memoria.
Vivo en una cárcel,
La cárcel de los días pasados.

Cada vez que veo a una mujer
Me acuerdo de mi historia.
Cada vez que veo a una mujer
Me acuerdo de esos días pasados
Que se fueron para no volver.

Ya ves, amigo.
Vivo en la cárcel de la memoria,
La cárcel del recuerdo de una mujer
Que no va a volver.

¡Yeeeaaahhh!

Fui al médico;
Me recetó leche caliente,
Té de hierbas y alcohol.

Estoy deshecho, roto, desquiciado, perturbado…
No puedo dormir, no puedo vivir
A causa del recuerdo de esa mujer
Que se fue.

¡Yeeeaaahhh!

COMENTARIO:

El sufrimiento. ¿Qué es el sufrimiento? ¿Qué es el sufrimiento, qué es el sufridor? ¿Cuál es la causa del sufrimiento, y la causa de la causa del sufrimiento, y la causa de la causa de la causa del sufrimiento? ¿Quién sufre, o se cree que sufre?

Son preguntas acuciantes, impactantes, desconcertantes… que imprimen una indeleble huella de desasosiego en el inquiridor que las inquiere, en el buscador que busca respuestas.

La respuesta de la no respuesta ha de ser, sin duda, la mejor respuesta de todas, y más en estos depravados tiempos de inhumanidad rampante y tapabocas a causa de la gran farsa pandémica del Covid-1984. Al menos antes, en los tiempos del gran John Lee Hooker, los médicos eran honrados y recetaban a la gente cosas acordes al sentido común, como leche caliente, té de hierbas y alcohol; pero ahora los médicos son unos canallas que le dicen a la gente que se ponga el bozal para morir, tratando de no morir. ¡Hijos de puta!

No hay respuesta a la cuestión del sufrimiento humano, pues el sufrimiento y el sufridor, el pensamiento y el pensador, cual densos nubarrones encubridores del cielo –radiantemente claro e infinito-, no tienen sustancia ni realidad propia. En su propia nada, el sufrimiento y el sufridor, el pensamiento y el pensador, se desvanecen, al igual que las pasajeras y erráticas nubes.

COMENTARIO DEL COMENTARIO:

Así es. Cualquier persona que conserve medio gramo de cordura lo sabe, sabe que el “yo”, sea cual sea aquello con lo que se identifique, es solo una idea, un concepto, esto es: una mera ilusión. La identificación primaria, o sea, la más densa y persistente, reside en el cuerpo. Todo el mundo piensa que el cuerpo les pertenece; ellos son el cuerpo, piensan los necios. Pero, ¿qué es el cuerpo? Si nos adentramos en el cuerpo hasta sus constituyentes finales vemos que no se ve nada. Solo espacio. Después tenemos, en la segunda escala de densidad del velo de las identificaciones egóticas, a los pensamientos; todo el mundo piensa que lo que piensa les pertenece. Ellos son sus pensamientos, piensan los gilipollas. Pero, si observamos a los pensamientos, adentrándonos en ellos hasta sus integrantes postreros, vemos que no se ve nada, solo espacio. Así con todo, pues el automatismo de la identificación del ego es una rémora infinita que se muerda la cola para retroalimentarse indefinidamente, hasta que se descubre que el observador es lo observado, a saber: luminosidad auto-irradiada, que existe por sí misma, que no depende de nada y de la que todo depende; una realidad indeclinable, no nacida y no muerta.

Pero los gilipollas, y las gilipollos, no lo saben.

despo blues

John Lee Hooker – La cárcel de la memoria

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