Un canto a la importancia de tener una actitud desprendida en la muerte y en la vida.

El ser humano

Solo tiene

Lo que da.

-Lobo Aullador (Gran Jefe de la última reserva Apache)

COMENTARIO:

Al ser humano no le gusta dar, y si da, solo da a sus seres queridos. ¿A qué se debe esta desconcertante anomalía? Recientemente un amigo nos ha contado una historia a cerca de los pormenorizados pormenores de la herencia de su padre, el cual, como está acojonado a causa del virus fantasma, gracias a la propaganda constante del gobierno terrorista, lleva el denigrante e insalubre bozal y, como tiene ya una avanzada edad, lo más probable es que muera pronto, antes incluso de que lleguen las vacunas asesinas.

Nos cuenta nuestro amigo, musulmán español como nosotros, que su padre, en un alarde de apabullante estupidez, ha hecho su herencia de modo que los bienes legados no vayan a parar a los moros una vez muerto su hijo, pues quiere que esas propiedades no sean disfrutadas por extraños, sino por los extraños hermanos de nuestro amigo, todos ellos unos contumaces ateos y hedonistas. Esto es, para que quede claro: sólo le va a legar a nuestro amigo el usufructo, pero no la propiedad. De esta forma, este hijo rebelde de su malhadado padre no podrá hacer testamento y legar a quién le plazca dichas propiedades, las cuales pasaran a su muerte a sus indignos hermanos ateos.

Nuestro amigo puede estar tranquilo, pues como dice el Lobo Aullador, el ser humano solo tiene lo que da. Es decir, que el ser humano no posee nada, tan solo cree poseer; de modo que en la medida en que uno es consciente de eso, uno lo da todo, en la plena consciencia de que dar lo que en realidad no nos pertenece nos catapulta a la perennidad de las luces, que más allá del poseer y del no poseer residen.

El ser humano no posee nada, y cuanto antes realicen esta verdad aplastante, mejor para ustedes, pues antes estarán así habilitados para poder sobrellevar como es debido, sosegadamente, los demoledores estragos del presente fin del ciclo de la historia del hombre sobre esta hermosa Torta Terráquea.

Resulta patético como la gente se resiste a dar, aunque sea un euro a un pobre pedigüeño. Es para droga o alcohol, dicen los gilipollas, que vaya a Cáritas, dicen los gilipollas. ¿Qué más da si es para droga, putas o alcohol? Esa preocupación humanista no es más que pura hipocresía. El beneficio de dar, sea lo que sea, un euro, un gesto amable, una sonrisa, no está en lo que se da, sino en la toma de consciencia de que lo que se da no nos pertenece, y nunca nos perteneció en realidad. Ese euro que damos al pedigüeño dejó de ser nuestro mucho antes de que saliera de nuestras manos, y así con todo lo que el ser humano crea poseer. Ese euro, o lo que sea que damos, desde un tiempo que no conoce principio recorre la vastedad del cielo infinito de la ausencia de entidad propia; una vacuidad de la que todo participa, incluidos los gilipollas que no dan ni los buenos días.

Así pues, es muy importante dar generosamente, pues dar es un activador de la sabiduría que comprende que nadie surge, se desenvuelve y se desvanece, sino Layla –la mujer primigenia.

Dar, con generosidad, es una práctica esencial en todas las tradiciones espirituales, una práctica que en el Islam reviste una importancia capital. De hecho, el zakat, es decir, la donación preceptiva, es uno de los pilares del Islam, y por consiguiente de obligado cumplimiento. La tradición islámica enseña que el zakat es una purificación, esto es, una purificación de la idea de posesión, y al mismo tiempo es un derecho de los necesitados de las sociedades musulmanas, un derecho que los pobres tienen sobre la riqueza. De esta forma, siguiendo la Vía Revelada al sello de los profetas, la civilización islámica pudo florecer y establecer focos irradiadores de belleza, bienestar y sabiduría a lo largo de extensísimos territorios, hasta que la modernidad dio al traste con todo, y el Islam sucumbió al influjo pagano-ateísta del incivilizado occidente.

Y a los imbéciles del bozal, que les den mucho por el culo.

FIN.

despo ico2

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