Destruir para construir.

Muy pocos hombres quedarán en pié, delante de los tambores de Layla, en esta atroz guerra desatada por la casta parasitaria –los usureros internacionales- en contra de la humanidad. No hubo otra guerra en todo la historia de la Torta Terráquea, ni la habrá, tan despiadada como esta, donde los contendientes –todos los seres humanos- libre y felizmente se autoinmolan por su propio bien, seguridad, salud y beneficio.

¿De qué va la nueva normalidad de la que habla el gobierno terrorista, esos malditos leguleyos del demonio? La nueva normalidad va de convertirnos a todos en perros, perros bien amaestrados, sumisos, de lo cual el insalubre bozal es su expresión simbólica. Mientras eso ocurre, mientras todos van por ahí hechos unos mamarrachos, cagados de miedo y atentando contra su propia salud inhalando CO2, la comunidad médica oficialista, esa recua de hijos de puta, asiente, cobra su paguita extra y le dice a la gente que sí, que todos deben ponerse la mascarilla, incluidos los niños chicos. ¡Miserables! Ya os llegará vuestra hora.

Estamos en guerra, y el nuestro es el bando perdedor, el bando de los que morirán de pié y con su humanidad incontaminada e intacta. Al resto lo que le espera es control, distanciamiento social, miedo permanente, vacunas inteligentes que alterarán su secuenciación genética codificada en el ADN, pasaporte sanitario para ir al gym o al bar, injertos de nanotecnología, vida online, comida sintética suministrada por drones gubernamentales y eugenesia activa. Muchos sucumbirán, gimientes como cerdos, al paso de los jinetes del apocalipsis: enfermedad, envenenamiento de los cielos y de las aguas con agentes tóxicos antivíricos, vacunas, guerras, disturbios, saqueos, hambrunas y asesinatos gratuitos, es decir, matar por matar –por diversión.

Este insostenible mundo llega a su fin. ¿Ven lo que está pasando en EEUU ahora mismo? Los negros están en pié de guerra. Pero no es una cuestión racial, eso es solo la excusa. Se trata de destruir para construir, y para ello es necesario que los desarraigados (de cualquier raza) que conforman las enormes bolsas de miseria, pobreza, droga, delincuencia y carestía del bienestar que les vende la TV se echen a las calles a reventarlo todo.

Ese fuego se acabará extendiendo hasta devorar toda la planicie terráquea. En Gerona los negros ya han saqueado un Lidl y en Barcelona los “antifas”, con bozal, gritan indignados que “la vida de los negros importa”. Es necesario que todo reviente, pues de esas cenizas emergerá un nuevo mundo felizmente sostenible, para unos pocos.

Sevilla, Damasco, Teherán – 3 de junio de 2020, el año de la bestia.
despojosdeoccidente – el último remanente humano.

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