Un canto al amor, a la belleza, a la esperanza y a la justicia.

Sobre el horizonte clarea ya el sol del levante

Anegando de luz los ojos de los hombres

Amantes de la justicia.

Bahmán (*) es la cúspide de nuestros anhelos.

Tu mensaje de independencia y libertad, oh Imam,

Está impreso en nuestros corazones.

¡Oh vosotros, mártires!

Vuestro clamor reverbera y remonta

Los ecos del tiempo

Hasta confluir en ti:

La eterna e indeclinable

República Islámica de Irán.

Himno oficial de Irán. Adaptado al español por despojosdeoccidente.

(*) Bahmán es el undécimo y penúltimo mes del calendario persa, en el que Irán conmemora el triunfo de la revolución islámica.

COMENTARIO:

Meterse con los hombres de Dios es una muy mala idea, y mucho más mala idea es matarlos. Por cada Qasem Soleimani caído, asesinado por la entidad sionista y sus perros occidentales, por cada guerrero defensor del amor, de la justicia y de la armonía entre los pueblos que cae, mil semillas nuevas de hombres verdaderos germinan y florecen, esparciéndose así, más y más, el dulce aroma de la victoria. El legado de los mártires es indeclinable, y va a más, a medida que se acerca ya la hora del ajuste de cuentas definitivo para que al régimen terrorista de Israel se lo traguen los mares.

Las franquicias terroristas de la entidad sionista (ISIS, al-Nusra, ESL, FDS, etc) fracasaron en Siria gracias a la sangre de los inmortales mártires, como nuestro querido comandante Qasem Soleimani, y muchos otros. El ajuste de cuentas definitivo se acerca; 10 años, solo 10 años, esperad solo 10 años más y veréis, veréis un inconcebible fuego cernirse sobre la iniquidad y la abominación desoladora de la bestia de las eras.

Ni siquiera la falsa pandemia del Covid19 podrá salvarlos, pues por más que tramen maquinaciones para deshumanizar y sojuzgar a toda la Torta Terráquea, el tema aquí es que la trama existencial está ya finiquitada, a espera tan solo del epílogo. Señoras y señores, hasta aquí llegó está humanidad, hasta aquí llegó la primera fase deshumanizadora a través del adoctrinamiento en el materialismo atroz del vivir por vivir, es decir, para pasárselo bien, básicamente mediante los catalizadores explayatorios del follar libertino y del viajar a conocer otras culturas, a ser posibles exóticas y profundamente hetero-patriarcales y machistas, eso que tanto detesta el aborrecible hombre occidental moderno adorador de los viajes y del follar libertino. Hasta aquí llegó la ideología feminista y la destrucción de la mujer, que ya aborreció su sagrada maternidad frente a los excitantes disfrutes mundanos y el trabajo duro para optar a dichos obnubilantes entretenimientos; hasta aquí llegó la ideología de género, la paranoia de la guerra de sexos (demonización del hombre versus victimización de la mujer) y la normalización del transexualismo como si fuera una inclinación natural y aceptable, gracias a lo cual ahora nuestros hijos se quieren cortar el pene y hacerse una raja que simule una vagina. Y el que no lo vea bien, es que es un intolerante, un fascista, un terrorista o, peor aún, un musulmán.

En definitiva, hasta aquí llegó la entidad humana, tal y como fue diseñada, codificada y creada por la Inteligencia Creadora; hasta aquí llegó el hombre, hasta al filo mismo del abismo de la infrahumanidad, de la inmoralidad rampante y de la zozobra espiritual que traduce el fatal desvarío de no saber quiénes somos, de dónde venimos, hacia donde vamos y por qué fuimos creados en esta forma magnífica.

A esta desoladora realidad de despendolada inhumanidad y de total ausencia de valores, de virtud, de nobleza, de verdad y de belleza es a lo que nos ha abocado la cosmovisión materialista de la búsqueda del placer por el placer y la dejación de nuestra responsabilidad como seres humanos, que no es otra que desentramar la trama de la existencia, hasta trascenderla y entramarnos, indiferenciados, con el Hacedor Eterno Increado, esto es, hasta desenmascarar el personaje impostado que creemos ser y situarnos en el ámbito de la objetividad divina del Observador Único que todo lo contempla, sin necesidad de ojos ni de luces. Es definitiva, hemos flaqueado y sucumbido a las sombras de lo que creemos ser, un fardo de miedos, egoísmos, incertidumbres y apegos, a costa de sacrificar la consciencia de saber que no somos lo proyectado, sino la Gran Luz que nos alumbra.

triste

Game over. Fin de la partida. Bienvenidos a la nueva normalidad. No te resistas y obedece.

Ahora solo falta el último empujoncito para el total exterminio de la humanidad, que lo propiciará el Covid19 y sus versiones venideras. Ahora solo les queda terminar de desgarrar los últimos jirones de espíritu independiente y libre, amante de la verdad, del amor y de la belleza, o sea, humano, que aún pueda perdurar en la gente, y terminar por aplastar a la disidencia desobediente que se niega a acatar la deshumanización confinatoria, la distancia social, los bozales y las vacunas asesinas. La nueva anormalidad de vida online zombificada, de carestía de todo, de no darse los buenos días porque contagia el virus, de ruina económica y de cartillas de supervivencia… esa nueva normalidad en la que trabaja el gobierno terrorista ya no se va a ir nunca, pues tiene una finalidad que cumplir, que no es otra que catalizar el amanecer de la nueva era transhumanista, en la que los supervivientes a la gran purga serán ganado esclavo transhumanizado, esto es, conectado a una IA (Inteligencia Artificial) que los monitoreará y de la que se descargarán los impulsos vitales de lo que deben hacer, de lo que deben sentir y de lo que deben pensar.

500 millones de hombres esclavos –ciborgs-, mitad biológicos y mitad tecnológicos, es cuanto necesitan para su milenariamente anhelado mundo feliz y sostenible (para unos pocos). El resto, de aquí al 2030, sucumbirá a los horrores de los confinamientos y desconfinamientos indefinidos, a las pestes, a los virus de laboratorio, a las vacunas asesinas, a las hambrunas, a los suicidios, al matar por diversión, al matar por comida y, finalmente, a la gran guerra entre EEUU-EUROPA y RUSIA-CHINA, que será nuclear y breve.

Luego de eso, tras el efímero triunfo de la bestia de los siglos, se cerrará la historia con una total aniquilación, se levantará el velo de las causas segundas, se plegará la Torta Terráquea, se replegarán los cielos y, por fin, la Causa Primera  -incausada y eterna- mostrará  Su noble faz, y todos la verán como siendo la verdad más cierta y evidente.

Y entonces se abrirán dos nuevas realidades, dos nuevas tramas existenciales que se asomarán a la consciencia-pantalla de la entidad humana; la realidad de un abismo de fuego devorador de piedras y de hombres; y la realidad de un luminoso y esplendente cielo, inmaculado y radiante, benigno y benevolente, repleto de Huríes de ojos como perlas ocultas y de pabellones elevados en donde poder encamarlas. Allí los hombres de Dios se solazarán eternamente.

Tiempo al tiempo, ¿no se lo creen? El ateo es un contumaz ignorante y un pésimo compañero de viaje. ¿Dónde estabas antes de nacer? ¿Cómo no siendo una entidad apreciable pasaste a ser? ¿Cómo se armonizaron los elementos para configurar un cuerpo humano maravilloso que siente, que padece, que ama y que trasciende? ¿Qué es la consciencia que se pregunta qué es la consciencia, y cómo se equilibró el mundo para que alguien pudiera estar de pie para sentirlo, paladearlo y verlo? ¿El hombre crea algo sin que medie su intelecto? ¿Cómo pues dice el patético hombre moderno que el mundo no fue creado, sino surgido por azar? ¿Algo existe sin una preexistente causa?

Preguntas cruciales que ya solo se hace el último remanente humano, a saber, algunos hombres ocultos en alguna cueva de Afganistán o en alguna mezquita derruida de Siria. Preguntas que dentro de poco ya nadie se hará, pues la IA (Inteligencia Artificial) habrá inhibido la innata querencia del ser humano por la búsqueda de la plenitud en el indeclinable absoluto, más allá del velo de la contingencia.

honor1

Somos los despojos de occidente, el remanente humano final, y hemos jurado no capitular ante el gobierno terrorista. Nos movemos, subrepticiamente ocultos, entre Sevilla, Damasco, Teherán y Pionyang. No lograrán aplastarnos.
12 de junio de 2020.

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