Un poema de muerte como colofón de una vida y para celebrar la inminencia de lo que está por suceder.

Un hombre vive unos cincuenta años.

Un fugaz destello desvanecido en la luz;

Un efímero eco lejano que reverbera y se pierde;

Una sutil insinuación apenas desvelada

En el abismo de la mirada de aquella

A la que, en el fondo de tu corazón, amas.

Al arrullo de los benevolentes vientos de Su recuerdo,

Muero…

Y entrego mi aliento último.

-despojosdeoccidente

COMENTARIO:

Para celebrar que estamos rotos, deshechos y acabados; para festejar que estamos en estado de total decrepitud, espiritual, moral y físicamente hablando; para celebrar que estamos desquiciados y que no encontramos ningún quicio en torno al que girar  y erigir la vida; para festejar que estamos arruinados y en estado de permanente hundimiento y zozobra; para celebrar que pronto estaremos muertos; para festejar que las cosas nos van muy mal, y que nos van a ir peor todavía; para celebrar que cuanto peor sea nuestra situación más felices estamos; para festejar que se ha hecho de noche y que, aún así, vemos como nos alumbran un millón de soles; para celebrar que estamos en guerra, y que la guerra será atroz y a muerte; para festejar que la guerra la vamos a perder nosotros; para celebrar que cuando los perros del gobierno terrorista español vengan a por nosotros no podrán encontrarnos… para celebrar todo eso hemos escrito esto:

La guerra será atroz y será a muerte. Los imperativos del Creador dirigidos al sello de los profetas, Muhammad, son imperativos dirigidos a toda la humanidad, pero sólo los musulmanes –los pacificados en la calma serena de la consciencia liberada de las ataduras de los apegos mundanos-, sólo ellos podrán acometer las órdenes del Uno-Único como es debido. Y lo que es debido es no tener miedo de nada ni de nadie, excepto de Él, es decir, excepto de los estragos de no conducirse sabiamente y caer en todo tipo de anomalías traumatizantes y enfermizantes, como es el vivir por el mero hecho de vivir, sin visión trascendente y enfocado en torno a los placeres efímeros –siendo el follar, el comer y el viajar los más destacables.

Estamos en guerra, somos musulmanes y, siguiendo el mandato coránico, seremos implacables con el enemigo, esto es, con la casta parasitaria –deep state-, sus gobiernos terroristas leguleyos y sus tontos útiles (o simplemente indignos) de la indecente comunidad médica, de la policía y de los jueces.

Somos el último remanente humano. Un remanente humano que permanecerá en pie y fiel hasta el final, hasta la consumación del tiempo. Es un remanente protegido por fuerzas espirituales al que nadie puede tocar ni dañar, si no es con el permiso de Allah. Un remanente que se quedará aquí, mientras todo se derrumba y se implementa la gran purga de la trama vírica, y que seguirá clamando y proclamando la verdad, la belleza, el amor y la justicia.

Sevilla, Al Ándalus – 6 de Julio de 2020, el año de la bestia.

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