La insatisfacción insidiosa y perpetua.

Al degenerado hombre moderno no le basta nada. Siempre aspira a algo más para tratar de disimular una insatisfacción subyacente que a cada instante le picotea, impeliéndole a acaparar más y a abandonar su mediocre e insatisfactoria vida. ¿Más qué? Más velos, más distracciones obnubilantes, cada vez más refinadas. Si va a la playa más cercana, atestada de gente con bozal y rezumante de mierda, intentará avanzar en la vida para poder ir a playas Vip’s, repletas de calas desérticas de cristalinas aguas y sumamente placenteras, donde la congestión humana no ha hecho acto de presencia, y donde los vigilantes son condescendientes en lo que respecta al uso obligatorio de las insalubres mascarillas. La purga comenzará por la plebe, por la gran masa de ignorantes “600-euristas”, a los que se les obliga a llevar el bozal para que enfermen y mueran, tratando de no morir, pues lo hacen por su propio bien y la seguridad de todos.

Si el patético hombre moderno se alimenta de comida basura barata de subsistencia, aspirará a comer comida sana procedente de cultivos y manufacturas ecológicas, de precios desorbitados para los plebeyos, de modo que seguirán comiendo basura y se hincharán de chatarra tóxica, sus cuerpos no podrán manejar tamaña toxicidad y entonces enfermarán de cáncer. El caso es morir, y que el sobrante humano, unos 7 mil millones de criaturas, vaya cayendo.

Si el ateo y hedonista hombre moderno vive en barrios obreros semi-marginales, pues la economía no da para más, aspirará a seguir progresando en la vida para poder residir en arcas de Noé residenciales, donde la seguridad, la limpieza y la ausencia de aglomeraciones humanas están a la orden del día. De esta forma se previene el hacinamiento y los contagios.

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En occidente el tedio de vivir alcanza cotas alarmantes, según expertos.

El caso es nunca estar satisfecho con lo que se tiene, ya que la satisfacción implica introspección, y la introspección implica interiorización, y la interiorización implica escuchar el elocuente silencio de la inmensidad del eterno instante presente emergente. Y la escucha del silencio atronador del aquí y ahora nos vuelve sordos, mudos y ciegos al mundo perecedero de las causas intermedias, y si las causas intermedias dejan paso a la causa última, entonces tomamos consciencia de que vivir por vivir, para el mero disfrute, no tiene sentido alguno. Llegado a este punto podemos optar por el dulzor del olvido y sumirnos de nuevo en la mediocridad y el tedio de vivir por vivir, o podemos arrojarlo todo por la borda, quedando vacíos de todo, de modo que el Todo tome posesión de nosotros.

La mayoría optará por seguir como está, llevando una vida perruna de zombis-esclavos mientras se empeñan en enmascarar con disfrutes mundanos el sinsentido de vivir para nada, o sea, para pasárselo bien.

No obstante, el padecimiento terminara pronto, pues los bozales y el segundo confinamiento harán su mortal efecto, los suicidios se dispararán a unas cotas apeteciblemente aceptables para el deep state y las vacunas asesinas –que serán obligatorias- harán el resto.

Sevilla, 14 Julio – 2020 – el año de la bestia

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