Ella lo es todo para mí.

Cien mil velos de luz desprendidos,
Cien mil alcancías abiertas,
Cien mil puertas cerradas
Que quedaron rotas y deshechas.
Cien mil luceros que despuntaron
Al arrullo de los cien mil cantos
Del gran yogui Milarepa.
Cien mil bandadas de gorriones que vinieron,
Picotearon y se fueron,
Plenas de éxtasis en su jolgorio.
Cien mil preguntas realizadas
Y cien mil respuestas satisfechas.
Cien mil corazones rotos y sanados.
Cien mil amores perdidos y encontrados.
Cien mil padecimientos y cien mil dulzores paladeados.
Cien mil muertes y cien mil veces encumbrado.
¡Oh! ¿Quién como yo?
En la cima de todos los mundos
Mi ojo elevado anclado está,
Fijo en la Gran Luz,
Impertérrito, impávido, inamovible,
Absorto, deslumbrado, extático, extasiado.
Yo soy el eje del mundo, y toda Ella…
Son mis luces.

-despojosdeoccidente

COMENTARIO:

Se trata de un canto a la Verdad primera y última que en los corazones mora, y que es la realidad de lo que es, tras los aparatosos velos impostados de las impostadas y aparatosas apariencias, en las cuales el ganado humano, ingenuamente, se perpetúa.

Nosotros, empero, hemos sido liberados, de modo que podemos ir a la guerra contra la bestia de los siglos sumamente felices, razón por la que no usamos el bozal, no guardamos la sana distancia social, no nos vacunamos de nada, besamos a las mujeres en la boca (si nos dejan) y no respetamos ni respetaremos los confinamientos decretados por el gobierno terrorista de España. ¿Está claro?

¿Acaso piensa el degenerado hombre moderno que no habrá de probar la muerte y que está exonerado de la rendición de cuentas? Esta vida es un velo tendido a modo de prueba, donde la humanidad es pesada con vista a su asentamiento definitivo en las imperecederas luminarias, indeclinables, magníficas y plenas de fulgor. La consciencia es el espejo de las luces, si se empaña con la herrumbre de todo aquello que la constriñe, entonces queda constreñida; empero, si se expande con todo aquello que la expande, entonces queda expandida. Por eso los hombres de Dios, el último remanente humano, no lleva el bozal de los perros, pues no tienen miedo y están esclarecidos en la verdad de la impostura pandémica, de modo que prefieren morir como hombres antes que como cerdos que son llevados al matadero.

El miedo es un elemento constreñidor de primer orden, así que nosotros, fieles a nuestras sagrada humanidad incontaminada, no tenemos miedo, razón por la cual desobedecemos al gobierno terrorista de España. ¿Está claro? Por el contrario, el amor, la generosidad, la bondad, el desapego, la frugalidad, el no desear lo superfluo, etc, son elementos distendidores de la consciencia, de modo que actúan como catalizadores de su desbloqueo y de su desaprensión, por lo que deja de estar prendida de la fijación egocéntrica y pasa a hollar los desconfinados confines de la Verdad primera y última, que majestuosamente se alza.

Sevilla, 27 Julio – 2020

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