En un futuro no muy lejano.

Han pasado cuatro largos años desde la declaración formal de la alarma global sanitaria. A principios de 2020 la OMS oficializó una declaración de pandemia por coronavirus, una modalidad nueva de virus nunca antes vista, cuyos síntomas, los mismos que los de la gripe, fueron catalogados con el nombre de Covid19. El confinamiento casero inicial de tres meses (marzo-abril-mayo 2020) para prevenir la propagación de la enfermedad resultó ineficiente, ya que en la fase de desescalada desconfinatoria la gente no actuó con responsabilidad y se empeñó en ir a las playas, a las fiestas, a los puticlubs, etc, para reanudar la normalidad –ya de por sí anormal- de la vida precoronavírica. Para paliar los desmanes de los ciudadanos sin conciencia del riesgo se impuso la obligatoriedad del uso del bozal, en toda circunstancia, incluso para pasear solos en medio de las calles desérticas y asoladas por lo más tórrido del verano.

La policía hizo bien su trabajo y las amenazas y las multas acabaron por atemorizar a la disidencia negacionista del virus, de modo que pronto dejaron de verse seres humanos por las calles, las cuales parecían, más que calles, cañadas por las que pasa el ganado.

Estamos en agosto de 2024 y, en Madrid, en Barcelona, en Sevilla, en Valencia, etc, los muertos se acumulan aleatoriamente en las calles formando grotescas pilas de carnes desmembradas y putrefactas. Nadie se molesta ya en recoger y enterrar los despojos humanos. La primera fase de vacunación de la población fue un total fracaso, como las autoridades sanitarias reconocieron ante la constatación de una nueva mutación del bicho, aún más mortal que la mutación previa. La gente se desplomaba en mitad de la calle, mientras aguardaba las largas colas para la distribución de las cartillas de racionamiento, mientras conducían sus vehículos, mientras follaban, mientras veían las últimas noticias acerca de la amenaza fantasma y perpetua. Cada año el gobierno anuncia la vacuna definitiva, pero hasta la fecha siempre resultan inefectivas.

Empieza a haber sospechas de que esta mortandad desoladora no es obra del virus, sino de las propias vacunas. Empero, las voces disidentes son silenciadas y sus voceros capitales son suicidados. Tan solo un pequeño remanente humano resiste en la clandestinidad, intentando despertar a aquellos que están aptos para abandonar el letargo inducido por la TV, de modo que comprendan cómo ha sido la humanidad engañada para ser llevada al matadero, inadvertidamente. La asociación “médicos por la verdad” que tan prometedoramente nació en 2020, pronto se torció, por infiltración o porque ya nació como disidencia controlada desde el principio. “Médicos por la verdad” animó a la gente a no oponerse a las vacunas salvíficas, las cuales habían sido analizadas por el comité extraparlamentario de Alemania, llegando al corolario de que eran inofensivas y que constituían la única esperanza para poder volver a la normalidad de vivir para disfrutar de la vida, como antes de la pandemia.

med v1

Conferencia de “médicos por la verdad”, la disidencia controlada creada por el sistema para encauzar la disidencia real y que todos acaben aceptando el nuevo orden mundial. En este video vemos a Natalia Prego Cancelo, la cabecilla en España de dicho movimiento, oficiando un ritual satánico para hechizar al rebaño increyente en la farsa pandémica. Vemos, en el centro de la mesa, una campanilla ritual tibetana, ampliamente utilizada en los rituales chamánicos de Tibet para convocar a las fuerzas demoniacas del inframundo, por más que se disfracen estas prácticas rituales propiciatorias de magia “blanca”. El lema del cartel reza: “NOSOTROS TENEMOS LA FUERZA”, esto es: nosotros, los sumos sacerdotes y sacerdotisas, tenemos la fuerza para engañaros a todos, incluso a los anti-vacunas que van por la calle sin bozal. A la derecha de la imagen vemos a una oveja pastando, y es que estos satánicos cada vez disimulan menos y no les importa ya ser tan explícitos. Dicha oveja representa al ganado humano que está siendo conducido al matadero, inadvertidamente. En su alocución, la sacerdotisa Natalia Prego clama por la unidad en la verdad: un mundo, una humanidad, una nueva realidad sostenible, hermandad, fraternidad, etc, pura masonería. Toda la tierra por la verdad. Pero, ¿qué verdad? Hasta la fecha no se sabe nada del bicho. ¿Ha sido creado artificialmente en laboratorio?, ¿es natural?, ¿cómo se propaga?, ¿cómo se cura?, ¿existe?, ¿no existe?. Todo es confusión para inducir a la confusión y que todos obedezcan. Los borregos obedecerán al sistema, y los “despiertos” obedecerán a la disidencia controlada. Al final, todos vacunados y chipeados. Tiempo al tiempo.

Se prevé que, de seguir así las cosas, para el año 2030 hayan muerto 7 mil millones de criaturas humanas. De esta forma, el milenariamente anhelado mundo feliz, incontaminado y sostenible de la casta parasitaria –deep state– podría ver la luz muy pronto, para regocijo de los supervivientes, unos 500 millones de ciborgs-esclavos transhumanizados que ni padecerán ni sentirán, pues sus impulsos vitales les serán transferidos directamente desde la “nube” –un IA cuántica y centralizada.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s