Lo que de verdad importa.

El artículo de hoy es proveído por nuestro sponsor SEXOROBOTICS, SL. No olviden visitar su amplio catálogo de robots sexuales, en concreto echen un vistazo a la sección “especial segundo confinamiento” donde se plasman las ofertas del momento para poder sobrellevar el segundo encierro antivírico mediante los últimos robots de oferta.

Y luego, esto decimos:

Hemos detectado en la webnode, la red de las redes, un perturbador artículo altamente perturbador acerca de lo que hay que hacer en la vida para ser felices, lo cual, traducido al idioma de la veracidad a la luz del sentido común, quiere decir que si hacemos caso a dicho escrito seremos unos completos desgraciados. El artículo aludido está escrito por una psicopedagoga y experta en bienestar, con varios másteres en coach emocional expedidos por varias prestigiosas universidades estadounidenses y europeas. Ella se llama María P.L. y es, además de una experta en vivir bien, una loca del coño.

Pasamos, Dios mediante, a comentar algunas de las severas aseveraciones de María P.L., con el fin de advertir y amonestar a los incautos creyentes en la superstición del ateísmo.

Lo importante de la vida es que la felicidad sea la protagonista.

Cuando la felicidad es la protagonista de la vida pasa que la molicie de vivir meramente para el placer enturbia la consciencia, de modo que no refleja las imperecederas luces, sino las ganas de pasárselo bien, principalmente a través del sexo, de los viajes y de la vida desahogada. Como consecuencia los seres humanos se malogran y mueren como perros, con el bozal puesto y con mucho miedo a morir, tras toda una vida desperdiciada tratando de ser feliz, o sea, tratando de experimentar emociones obnubilantes que a nada llevan más que a la enajenación de perder de vista el sentido real de la vida. Y el sentido de la vida no es otro que saber por qué no éramos nada y pasamos a ser, es decir, por qué fuimos sacados del vacío, creados y depositados en la Torta Terráquea. Si no dilucidamos por qué estamos aquí, entonces viviremos solo para ser felices y retrasar los estragos de la enfermedad, de la vejez y de la muerte. Si dilucidamos por qué estamos aquí, entonces nos abandonaremos a la realidad de lo que somos, eternidad no nacida y no muerta, luz omniabarcadora y omnipenetrante, que más allá del placer y del dolor reside.

La felicidad es la senda que recorremos cada día, es el proceso de conseguir las cosas, es el hecho de poder saborear cada minuto, de disfrutar lo que estamos haciendo, de saber que llegaremos a nuestra meta pero sin importar el camino porque nos gusta recorrerlo.

La felicidad según esta experta es regodearse en lo que nos guste, independientemente de que lo que nos guste sea una anomalía. Por ejemplo, si a alguien le gustan los tatuajes, entonces la felicidad reside en tatuarse, por más que los tatuajes sean pinturas tóxicas que denigran nuestra dignidad como seres humanos. Si a alguien le gusta la coca-cola, entonces la felicidad reside en beber coca-cola, por más que dicho brebaje sea un veneno catalizador del cáncer. Si a alguien le gusta que le azoten mientras folla, entonces la felicidad reside en recibir azotes mientras se ejecuta el acto sexual, por más que el sadomaso sea una aberrante transgresión. Y así con todo. Una vez que elevamos a la categoría de Dios a la subjetividad humana, entonces por esa puerta entra todo, y todo es catalogado de normal y moralmente bueno, sin que nadie tenga el derecho de poder cuestionarlo. Gracias a esta cosmovisión ahora ya apenas hay seres humanos, y la homosexualidad, la ambigüedad sexual, la frustración existencial de medrar en todo lo que humilla y degrada, las drogas, el odio a la maternidad, el transgenerismo, el feminismo, el odio al macho, el hedonismo, los deportes de riesgo, los distractores viajes, etc… es lo que predomina.

La felicidad es saber que de los errores se aprende, que la frustración es un maestro y que las personas que están a nuestro alrededor son las que realmente merecen estarlo. La fórmula mágica para encontrar este maravilloso camino no es más que disfrutar de la sencillez de las pequeñas cosas, los pequeños momentos se convertirán en grandes recuerdos en nuestro corazón.

El problema es que si desdeñamos la Objetividad Divina acerca de lo que es o no es bueno, entonces la subjetividad humana se convierte en un tirano que nos desgracia y humilla. ¿Qué son las pequeñas cosas? ¿Qué es la sencillez que cuaja en el corazón? Según el patético hombre moderno, sencillez es aquello que cada cual considere sencillo, por  ejemplo: una sencilla comida venenosa en el Macdonal, o en el bar de la esquina. O bien una buena enculada o degustación del clítoris de una fulana bajo la luz de la luna. De nuevo remarcamos que la subjetividad es la puerta del total extravío, pues una vez abierta esa puerta, por ahí entra de todo. Lo que hay que hacer es ajustarse a la Objetividad Divina codificada en la Vía Revelada (el Islam), de modo que estemos a salvo de las malsanas desviaciones y procederes aberrantes, que solo conducen al trauma, a la infelicidad y a la psicopatía.

Aunque la felicidad a veces parece que se aleja de nosotros, está más cerca de lo que te puedas imaginar ahora mismo, es por eso que necesitas mirar la vida con perspectiva y darte cuenta, que ahora mismo tienes un motivo para sonreír, ¡seguro!

Según esta imbécil, esta experta en vivir bien, la felicidad está a la vuelta de la esquina, aunque no lo parezca; tan solo debemos tener perspectiva y darnos cuenta que los motivos para sonreír siempre están presentes. Y lo dice alguien que lleva un bozal por las calles como medida de protección para protegerse de un virus que no existe, y para proteger a los ancianos en las residencias de escombreras humanas, donde sus hijos y nietos los abandonan para que se pudran de tristeza y que no supongan un estorbo frente al disfrute de la vida. La felicidad no está a la vuelta de la esquina, y las personas conscientes no tienen ni un solo motivo para sonreír ante el presente panorama inhumano, culminado ahora con esta falsa pandemia, gracias a la cual todos llevan una vida perruna y, lo más triste de todo, todos están contentos de que así sean las cosas, pues la seguridad de todos así lo requiere.

La felicidad solo reside en una cosa: saber quiénes somos y actuar en consecuencia, de modo que  quede desanclada la impostura egocéntrica mediante el cultivo de las nobles virtudes trascendentes, como el amor desinteresado, la generosidad, la paciencia, la resistencia frente al mal, el desprendimiento absoluto, etc.

Si quieres que la felicidad te acompañe, respeta a los demás del mismo modo que quieres que te respeten a ti. Nadie está por encima de ti y tú no estás por encima de nadie, por eso nadie debe pensar ni está autorizado en decir u opinar sobre qué deben de hacer o dejar de hacer los demás.

 La igualdad es uno de los factores primordiales que han acelerado la destrucción de la humanidad en occidente. Las personas no deben ser respetadas por lo que son, sino que deben ser respetadas si son personas respetables. En la incivilización occidental han matado a Dios y en su lugar han erigido el ídolo-tótem de la subjetividad humana, a la cual adoran y rinden pleitesía. Se trata de un mal que ha calado profundamente en occidente y que ya es irreversible, gracias a lo cual los hombres piadosos, los hombres de Dios, los hombres de sabiduría, los hombres que han recorrido los paisajes existenciales hasta su destramado y revelado final, los hombres asentados en la verdad y en las luces, pesan lo mismo que los niñatos influences y que los expertos en felicidad mundana. Por eso, lo que sigue ahora es el total exterminio, a saber, la inoculación de las salvíficas vacunas asesinas, con vistas a morir tratando de no morir, pues al deep state le sobran 7 mil millones de personas, más o menos.

Teherán, 15 agosto 2020.

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