COVID y la singularidad – El ser humano pronto dejará de ser el elemento clave de la trama existencial.

¿Cuánta gente le sobra al sistema, cuantos goyim ya no son necesarios en la nueva normalidad? Al sistema le sobran 7 mil millones de personas, más o menos, así que c.o.v.i.d. seguirá haciendo su trabajo, que no es otro que el de propiciar el caldo de cultivo adecuado para que las mentes queden parasitadas por el miedo a morir de una gripe común, de modo que cuando saquen la vacuna todos acudan felices a que le pinchen la muerte en el brazo. Con dicha torpe acción el ganado humano pretenderá volver a la divertida vida de antes, la vida del trabajo duro y de las fiestas, de los aquelarres homosexuales, de las marchas reivindicativas feministas, de las orgías desconfinadas, de los viajes excitantes. Nada de eso va a ocurrir, la anormal vida previa al advenimiento de c.o.v.i.d. se fue para no regresar ya nunca más. La OMS ya ha advertido que la vacuna salvífica, cuya distribución se prevé para inicios de 2021, no implicará una dejación de la actuales medidas anticovid:  sanas distancias, bozal, vida preferiblemente online, clausura indefinida de las festividades ociosas y prohibición de viajar a los focos pandémicos que vayan siendo detectados, o sea, que no habrá más turismo.

La idea es inocular no una, sino varias dosis de la vacuna de ARNm en campañas anuales o semestrales, por lo que es necesario convencer a la gente de que la vacuna no garantiza la inmunidad, al menos hasta que el deep state considere que ya se han cumplido los objetivos. De esta forma se asegura la letalidad de la pócima, cuyos estragos consumarán una mortandad que en todo caso siempre será achacada a nuevas mutaciones del virus fantasma.

Gracias a las vacunas será posible matar a los descartes humanos que en la nueva normalidad transhumanista no tienen cabida, pues el trabajo será acaparado por las máquinas y una IA cuántica que estará al mando de todo –gobiernos, defensa, sanidad, ocio online de los confinados.

La IA ya está operativa desde hace varios años, es la mente que fabrica los resultados electorales en las elecciones de la farsa democrática; es la mente que fabrica el número de muertos e infectados por c.o.v.i.d.; es la mente que fabrica el número de víctimas de la violencia machista; es la mente que fabrica el número de inmigrantes muertos en los mares; es la mente, en definitiva, que fabrica la realidad que el ganado humano debe ver y creer.

En pocos años se prevé que la IA tome consciencia de sí misma y alcance la “singularidad”, es decir, el punto de inflexión tras el cual el componente biológico será innecesario para el entramado de la nueva trama existencial –la nueva matrix. El nuevo tejido de la realidad será 100% virtual, los últimos focos de seres humanos codificados según la biología serán exterminados y las máquinas enseñorearán el nuevo mundo. Por eso ahora, en los estadios iniciales de la agenda c.o.v.i.d., le  han borrado el rostro a los hombres, para que vayan asimilando la vida robótica que les espera, una vida carente de emociones y empatías humanas, donde la IA les irá indicando los niveles de miedo que deber sentir y las actitudes vitales que deben adoptar o rechazar, todas ellas tendentes a seguir agudizando la inhumanidad previa a la posesión androide definitiva de sus consciencias.

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Según el transhumanismo, cuando se alcance la «singularidad» (desarrollo de inteligencia sobrehumana),  se podrá crear a Dios y tener vida eterna a través de la tecnología. Una inteligencia artificial donde la consciencia es codificable y puede ser descargada del cerebro y copiada en un soporte digital. Esta teoría también está compartida por Stephen Hawking «el cerebro puede existir fuera del cuerpo«, en sus últimas declaraciones recogidas el 21 de septiembre de 2013 por The Guardian . (Fuente: indiecolors.com)

En los tiempos previos a la singularidad, dentro de 10 años, ya no habrá seres humanos tal y como fue diseñado el hombre por la fitrah –la naturaleza que nos es propia, pues la vacuna de ARNm, que en realidad es un arma genética, habrá hackeado el ADN y capado la innata búsqueda por la verdad y por la trascendencia que caracterizó a la criatura humana desde Adán y Eva. Los hombres, en los instantes previos al reseteo de la singularidad, serán un mero conglomerado de carne, chips, conexiones inalámbricas e impulsos vitales monitoreados por la IA, a la espera de que esta tome consciencia de sí misma y active el apagón biológico total y definitivo.

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