Los afirmacionistas ganan por goleada a los negacionistas

Es perfectamente normal que los afirmacionistas de la farsa pandémica estén ganando por 300 a cero a los negacionistas, pues se trata de un juego democráticamente desigual, donde los terroristas controlan los mass media, los ejércitos, la policía, los colegios de médicos y los centros de impartición de la malsana educación ateísta, es decir, las universidades, los colegios y las guarderías. Los negadores del virus fantasma, empero, no controlan nada más de sus consciencias y algunos canales de youTube, los cuales cuando van alcanzando la cifra de 30.000 seguidores son democráticamente censurados y borrados de la faz de la red de redes –internet.

Los negacionistas pueden patalear y organizar aglomeraciones humanas sin bozales y sin sanas distancias, que serán debidamente aplastadas por la policía, por el ejército, a placer. De momento los perros se dedican a multar por respirar, a amedrentar al personal y a hacer algunas brutales detenciones aleatorias para que sirva de ejemplo ejemplarizante a los que osen salir a la calle a respirar y a tratarse humanamente, esto es, a convivir como seres humanos. Con el correr de los años los fusilarán a todos para evitar los contagios.

El inconveniente fundamental del movimiento negacionista del inexistente virus es su total falta de un enfoque existencial para poder contemplar la trama existencial desde la butaca de la Objetividad Divina, es decir, desde el foco alumbrador, y no desde la poltrona del ídolo de la subjetividad humana, siempre parcial e incompleta; un error garrafal que los llevará a la total aniquilación mientras encaminan la misma fosa común hacia donde los afirmacionistas se encaminan –ambos bloques, o partidos, compartirán el mismo truculento destino: su total exterminio.

Los anti – farsa pandémica piden poder respirar libremente y vivir como seres humanos, no como perros. Piden cosas lógicas y acordes a la naturaleza humana.

¿Dónde estaban los negacionistas cuando se legalizó el aborto –el asesinato de los nonatos en el vientre de sus madres? ¿Dónde estaban esos idignados, que ahora se indignan porque no les dejan respirar, cuando se asesinó a Dios? Cuando nos dijeron que a la vida se viene a tratar de disfrutar lo que se pueda, sin dejarse coartar por cuartanes miramientos morales, todos lo aceptaron. Cuando sacaron a las mujeres de la seguridad y la paz del hogar para ponerlas a trabajar, todo el mundo lo vio bien. Cuando nos dijeron que la identidad sexual es una cuestión cultural, y por tanto independiente de la configuración biológica de los cuerpos biológicos, nadie se echó a la calle a protestar. Cuando el arte degenerado, la basura del entretenimiento ocioso y la mentira acaparó la TV, de modo que hoy en día no hay ni un solo canal dedicado a la música clásica o a cualquier cosa que eleve el espíritu, todos lo asumieron sin rechistar.

Con esto lo que queremos decir es que ya se cruzó el punto de inflexión de no-retorno hacia la sima de la autodestrucción, y nadie podrá evitarlo, ni siquiera los negacionistas, por muchas quedadas chamánicas que hagan en los parques para convocar  de vuelta a la tierra al espíritu de la cordura. La cordura ya se perdió hace décadas, si no siglos, mediante el medrar desconscienciado en todo aquello que obnubila la consciencia del hombre y la hace opaca a las luces imperecederas, que son no nacidas y no muertas y más allá de esto o de aquello residen.

Ya es demasiado tarde para armar una revolución para que los terroristas nos dejen respirar e ir por la calle luciendo humanamente, pues incluso si dicha revolución llegara a triunfar, ¿cuántos años, meses, semanas, días,  pasarían antes de volver a lo mismo, al vicio, a la enajenación, al edulcorado olvido de nuestra innata realidad –luminosa y eterna?

Es el fin de los tiempos para la entidad humana, y será una muerte por autodestrucción debido al alejamiento de las vivificantes luces que nos hacen medrar en paz y armonía. Los negacionistas se pueden poner a berrear, pueden ejercer su derecho al pataleo, pero van a ir todos al mismo matadero al que van a ir los afirmacionistas.

Las pestes previas a la Hora (el Día del Juicio) no han hecho más que empezar. Vendrán otros virus, también del laboratorio de ideas del deep state -como el covid de los cojones, vendrán hambrunas, vendrán guerras, vendrán llamaradas solares extremas que achicharrarán el internet y dejarán a oscuras a toda la planicie terráquea… vendrán abominaciones desoladoras, muerte y desesperación, pues es necesario que todo eso ocurra para tumbar este insostenible mundo basado en la deuda infinita y en las burbujas –cada vez más exiguas- del bienestar desconscienciado, y dar nacimiento a la nueva era transhumanista de 500 millones de ciborgs-esclavos; un nuevo mundo perfectamente sostenible tras haber liquidado a 7 mil millones de seres humanos, más o menos.

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