El observador y lo observado no están separados.

Adaptado al español por despojosdeoccidente

Confundidos por el caprichoso ir y venir

De pensamientos y emociones,

Experimentamos la realidad

Como si de ella estuviéramos separados;

Libre de las ataduras

Del caprichoso tomar y dejar

El ojo de la visión se ilumina

Y uno contempla la realidad –Una y Única.

-Hui Neng

COMENTARIO:

Solo hay una verdad, siendo el resto de realidades meras imputaciones de realidad que el ojo no acostumbrado a la perennidad de las luces les imputa. Esto quiere decir que la fractura entre el observador y lo observado, entre el sufridor y lo sufrido, entre el veedor y lo veido, etc, no es más que una ilusión de fractura que actúa a modo de espejismo.

Cuando miramos una montaña, la montaña no está allí, sino que reside en mí, en el espejo de la consciencia que la refleja. Si hoy en día no se entienden estas cosas es porque estamos viviendo el fin de los tiempos, y ya apenas hay seres humanos, sino ganado sin más aspiración que la de echar unos ratos divertidos antes de contraer un cáncer y morir como no muere ni un perro. En Al-Andalus hasta los niños eran capaces de entender la no-dualidad de la existencia, pues no se les proporcionaba una educación ateísta, sino una educación basada en una única realidad trascendente como foco alumbrador/creador de toda la existencia, siendo la finalidad de la creación precisamente remontar el vuelo desde lo creado (lo efímero) hasta el Creador (lo eterno); ese es el sentido de la vida, y no follar mucho, viajar, divertirse lo que se pueda, etc, al estilo del patético hombre occidental moderno, y no digamos ya de las mujeres, a las cuales hay que echarles de comer aparte por haber asesinado su feminidad matricial y haberse dado muerte a sí mismas. Pobrecillas.

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¿Dónde está la línea que separa al observador de la montaña?

La fractura aparente entre “yo” y “lo otro” es un velo erigido sobre una falsa identificación egocéntrica, tan falsa como la falsa panderisa (o pandemia), pues por más que se indague acerca de la ubicación del “yo soy” nunca se encuentra nada –solo espacio abierto, vacío e infinito. Un espacio que ante el ojo esclarecido brilla preñado de luces alumbradoras, en un inexpresable espectáculo como expresión del dinamismo de la consciencia que ha despertado del letargo del “tú” y del “yo”, de lo tuyo y de lo mío, como siendo entidades autónomas, separadas.

El maestro Hui Neng, y los que son como él, no están en las cosas, sino en la luz que las alumbra, razón por la cual viven siempre felizmente desconfinados en un amanecer perpetuo de claridad auto-irradiada que jamás declina, pues más allá de lo que creen ser o no ser, los Hombres de Dios habitan.

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Aquí vemos a una mujer desconfinada luciendo en todo el esplendente esplendor de su feminidad sagrada con una carcasa facial de corte tradicional, en contraposición a las mujeres de la podrida España, a las cuales ahora les ha dado por lucir enbozaladas, ya que creen que respirar su propio aliento viciado ayuda a evitar los contagios. Acabarán muriendo tratando de no morir. ¿Cuántas lo hacen por miedo al bicho fantasma? ¿Cuántas lo hacen para evitar discutir con los zombis? Dejen abajo su opinión. Nosotros creemos que vestir el bozal para evitar las multas por respirar y para evitar la inquina de los zombis no es mala idea. Son malos tiempos para la gente de bien, y conviene pasar desapercibidos simulando ser un necio entre los necios, los cuales son una abrumadora mayoría.

Pero volvamos al tema que nos incumbe, pues su trascendencia es máxima; volvamos al tema del observador de la montaña.

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Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña.

¿Qué significa este adagio? Este adagio, o refrán, o frase corta condensadora de la sabiduría infenecible, quiere decir que si la montaña, esto es, lo observado, no va al observador hasta hacerse uno con él, entonces el observador, mediante su adhesión a la sharía islámica (la virtud desenraizadora de la impostura egótica), hace que la montaña brille indiferenciada de él por lo que la montaña es –claridad autoirradiada de la fuente de las primigenias luces, de la cual no estamos separados y es lo que íntimamente somos. Y lo demás no es más que soñar que estamos despiertos e ir por ahí haciendo el tonto.

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Esto sí es una mujer.

Dedicado a Ella.

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