A las feministas les han borrado el rostro

A las feministas les han borrado el rostro por decreto ley, pero no parece importarles; no se ha movilizado la manada reivindicativa de podemitos y de podemitas para denunciar la humillación de tener que ir a todas partes con un bozal encubridor de la boca y de la nariz, de toda la cara, que además es inhabilitante en lo que respecta al adecuado suministro de oxígeno a la sangre, por lo que acabarán enfermando de lo que sea, seguramente de cáncer. Esa es la idea del deep state, que la gente muera tratando de no morir por su propio bien y seguridad, pues es necesario despoblar el planeta para hacerlo un lugar sosteniblemente habitable para las cucarachas.

La horda feminista de España calla, como sumisas putas, ante la humillación a la que las mujeres españolas están siendo sometidas al ser obligadas a portar el bozal, el cual además de ser sumamente nocivo para la salud, como todos los médicos honrados declaran, les tapa sus hermosas caras y bellas facciones faciales, su jugosidad labial, sus apetitosas carrilladas, sus narices de ensueño, quedando así deshumanizadas y provocando que los hombres estén tristes, pues ya no tienen acceso a la hermosura de sus bellos rostros desconfinados. Aunque bien es cierto que los machos se ahorran el tener que ver ciertos rostros realmente horrendos.

A las feministas les perturba, indigna y resulta intolerable el uso por parte de las mujeres pudorosas del hiyab, es decir, les perturba el vestir acordemente a la tradición primigenia –siendo el Islam su Update final-, pues consideran el vestir pudorosamente como un símbolo de sumisión al hetero-patriarcado opresor. Pero a esas degeneradas no les perturba y les parece totalmente tolerable vestir el denigrante e insalubre bozal, que en España es obligatorio en toda circunstancia, excepto para comer, para follar y para poco más, de momento.

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El hiyab es, ante todo, recogimiento, interiorización, introspección, indagación de las sempiternas luces que moran en el corazón, contemplación del vasto dominio interior y desapego a la carcasa externa del mundo, por ser efímero e intrascendente. Significados que escapan al alcance de comprensión de las feministas y de sus secuaces feministos.

Estas mismas feministas que callan ahora por tamaña afrenta a la mujer española, cada vez que tienen ocasión en los contubernios mediáticos claman en contra del velo islámico, el cual esas necias consideran un símbolo de sumisión de la mujer musulmana al hombre, y no como un símbolo de  sumisión de la mujer musulmana a Allah, que es lo que el hiyab simboliza, más allá de servir para que las mujeres luzcan hermosa y soberanamente dignas en su feminidad sagrada. ¿A qué se debe esta incongruencia?

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Esta incongruencia se debe a que las feministas son, como la generalidad de los españoles, unas imbéciles que se han creído la propaganda terrorista mediática de que hay suelto un bicho muy malo que mata, de modo que hay que taparse el hocico con un pañal para refrenar los contagios. Empero, las cifras son las que son, y la pandemia no existe, tal y como apuntan los cientos  de eminentes y reputadísimos médicos, biólogos, físicos, químicos y científicos en general de todo el mundo que no dependen del sistema para comer, esto es, independientes. Ahí está el internet para quien quiera investigar la realidad de la farsa pandémica y la agenda eugenésica de reducción poblacional (vía vacunas de ARNm) que oculta, aparte de pretender otros objetivos, como el control ciudadano, la reclusión confinatoria indefinida, la vida online y la extirpación de la empatía natural entre seres humanos.

A las feministas, al parecer, les suda el coño todo eso, pues su indiferencia ante la humillación de la mujer española es total y absoluta. No les importa, a estas lideresas de la libertad y del inclusivismo igualitario, que el estado trate a las mujeres como si fueran basura y les hayan borrado el rostro con un bozal perruno en aras de su total sometimiento a la nueva normalidad –el nuevo orden mundial, llegándose incluso al extremo de aplicarse la violencia bruta policial para a domeñar a las mujeres que se saltan la prohibición de respirar y tienen la hombría (o mujería) de salir a la calle a cara descubierta. Los casos de abuso policial en contra de las mujeres libres son silenciados por las feministas, pues todos deben obedecer las normas, aún a costa de dejar de ser un ser humano. Se trata, ante todo, de ir con la cara tapada, con las facciones humanas tapadas -da igual el tipo de mascarilla- como símbolo de esclavitud y total sometimiento a la agenda transhumanista por un mundo felizmente sostenible, para unos pocos. Ver agenda 2030 de la ONU para más información.

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