Estamos viviendo unos tiempos depravados.

Os diré algo: estamos viviendo una época muy rara, por muchas razones.  Vivimos en la era del escepticismo –de la incredulidad-, una era en la que la religión –la experiencia religiosa- es vista como un vestigio muerto del pasado, como un fósil de la edad pre-moderna. Lo habitual hoy en día es estudiar el fenómeno religioso como si fuera un cadáver, la huella dejada por unos tiempos ya caducos y no como una realidad viva que responde a la fe, a la creencia íntima en una realidad trascendente, eterna. La aproximación académica que el mundo moderno hace al estudio de las religiones tiene más que ver con hacer una autopsia que con el análisis en sí del fenómeno religioso como siendo la vehiculación de un anhelo cierto y vivo de trascendencia.

En el malsano ambiente cultural y académico del mundo moderno, la religión ha quedado relegada al cajón folclórico de una época supersticiosa felizmente superada por el progreso constante hacia la cima de ninguna parte que la tecnología y el supremacismo ateísta nos brinda.

Vamos a resumir los problemas del pensamiento moderno en relación a tres enfoques distintos. Es importante hacerlo porque de ello depende que nuestra fe y la de nuestros hijos no se tambalee por el tsunami del pensamiento materialista que está destruyendo el mundo, especialmente a occidente.

1-DIOS

En el mundo pre-moderno, da igual si estamos hablando de Islam o no, Dios era el centro de todo. La idea de un poder superior, trascendente y eterno subyacía a la cotidianidad de la vida en las sociedades, ya sean islámicas, budistas, cristianas, etc. Y la gente que estudiaba dicha realidad, la gente que consagraba sus vidas a ella eran las élites de cada comunidad; eran los sabios, las gentes que habían obtenido el galardón de ser depositarios del conocimiento sagrado acerca de la realidad trascendente, una y única que subyace a lo creado, y que es lo que somos en la sacralidad íntima del corazón. En las sociedades pre-modernas estas élites velaban por la salud emocional y espiritual de la gente corriente. En el mundo islámico, por ejemplo, los ulamas eran los expertos a los que se acudía en busca de consejo o de conocimiento. Los ulamas eran los estudiosos de las distintas ciencias del islam, como el fiqh (jurisprudencia), el tafsir (la interpretación/comentario del Corán), la ciencia del hadiz (dichos proféticos), la ciencia del corazón (sufismo), el kalam  (filosofía), etc. Estas élites eran amadas y respetadas por todo el mundo.

Así pues, en el mundo pre-moderno el estudio de la realidad de Dios era muy importante, en contraposición al mundo moderno, donde se asesinó a Dios para poner en su lugar al dios de la subjetividad humana, razón por la cual ahora todo el mundo, especialmente occidente, es un estercolero que supura la pestilente forma de vida de vivir enfocado en torno a los disfrutes mundanos desprejuiciados como manifestación de una salvaje individualidad  y un egoísmo extremo, y no en torno a tratar de ser una buena persona.

Los jóvenes se consideran a sí mismos la generación mejor preparada de la historia de la humanidad. ¿Preparada para qué? Para ir al matadero sin darse cuenta. Que les den por el culo a todos.

2-VIDA DESPUES DE LA VIDA

Otro aspecto importante de la vida pre-moderna era el estudio de la Otra Vida –la vida tras la caída del velo de la muerte. No solo en el Islam, sino en todas las religiones, incluso en el no-teísta budismo, donde se habla de karma y perpetuación del ciclo de la existencia tras la muerte. Lo importante de la noción de “Otra Vida” es que todo lo que se hace en la actual vida repercute en la otra, ya sea para bien o para mal, o sea, para experimentar el gozo del cielo o los trastornos del infierno. Esto no existe en el mundo moderno, donde el único cielo o infierno posible es el que cada cual se labra aquí con su propio esfuerzo o suerte, en el plano existencial de esta Tortilla Terráquea. Como consecuencia a la gente solo le interesa divertirse, follar mucho, viajar, ganar dinerito, etc, antes de que la muerte dé al traste con todo.

El patético hombre moderno vive para exacerbar los disfrutes mundanos.

3-LA VÍA MORAL

Otro aspecto determinante de la vida pre-moderna era el cultivo de la moralidad, es decir, el cultivo de las nobles virtudes desenraizadoras de egos, llamadas virtudes “trascendentes” porque catalizan la trascendencia de lo efímero y el asentamiento en las imperecederas luces, de las cuales lo único que nos separa es la errónea identificación con el “yo soy” o ego. Las nobles virtudes trascendentes son todas aquellas que debilitan la idea de “yo”,  y que por consiguiente refuerzan la consciencia de las luces eternas, como el amor incondicionado, la generosidad, la sinceridad, el pudor, la modestia, la humildad, la frugalidad, el no darse importancia, hablar poco, respetar a los ancianos, etc.  En el mundo moderno, por contraste, no hay más moral que la de aquella que posibilita los logros y los placeres personales, razón por la cual ya apenas se ven seres humanos en el mundo, muy especialmente en España, donde todos van hechos unos mamarrachos por la calle con el bozal puesto por miedo a contraer un resfriado. Morirán todos, tratando de no morir.

En Tailandia el lujo y las buenas putas son bastante asequibles.

En torno a estas tres ideas motrices –DIOS, OTRA VIDA, MORAL– pivotaba la vida de los seres humanos hasta hace poco más de medio siglo, hasta el advenimiento del buen vivir inducido tecnológicamente y sus bienestares obnubilantes y desquiciantes de la consciencia, cuando el hombre decidió matar a Dios  y ponerse a él mismo en su lugar, de modo que ya no es necesario el cultivo de la sana moral con vistas a establecerse en el paraíso post-mortem. Para el patético hombre moderno no hay más paraíso que el de llevar una fascinante vida online y viajar, de cuando en cuando, a “sites” paradisíacos naturales, como Tailandia, donde el lujo es económicamente más accesible, así como sus putas.

Como corolario, ya no hay sabios, sino niñatos influencers expertos en coach emocional y en neo-psicología conductivista, gracias a los cuales se sobrepasó el punto de retorno hacia la sima de la autodestrucción final de este plano terráqueo, pues los sabios de la modernidad –los infuencers– no hacen más que clamar por el “crecimiento personal”, cuando lo que hay que hacer realmente es justo lo contrario, esto es, asesinar a la persona, el “personaje” que creemos ser, para que lo que realmente somos –luz divina- se manifieste.

Estamos viviendo el fin de los tiempos, pues este mundo, el mundo de las causas intermedias, no fue desplegado para los osos polares ni para los ballenatos del ártico, sino para el ser humano, el cual, al quedar huérfano de sabios  quedó parasitado por fuerzas oscuras que ahora le obligan a vestir el bozal y a vacunarse, estando abocado a su extinción como fruto maduro de la dejación de su responsabilidad con respecto a la toma de consciencia de la realidad iláhica –la realidad eterna, omniabarcadora y omnipenetrante- que es lo que somos en nuestra sacralidad íntima.

El espejo de la consciencia del hombre ya no refleja a Dios, por lo que la Luz vendrá ahora en tropel a reclamar todos sus dominios y reabsorberlo todo en Sí Misma. La Tierra será allanada y todo lo que hay sobre ella perecerá, en breve.

Nota: Para la elaboración de este artículo hemos consultado la conferencia de NOUMAN ALI KHAN, “WE ARE LIVING IN INTERESTING TIMES” (youTube – Digital Ummah)

GAME OVER

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