Razones por las que las mujeres no quieren tener sexo.

En el día de hoy vamos a analizar un perturbador artículo acerca de las razones por las que las mujeres niegan el fornicio a sus parejas. Está escrito por un maricón experto en felicidad mundana con un doctorado en sexología y diversidad de género, y otro doctorado en violencias machistas.

Antes de empezar haremos una mención a nuestro patrocinador, SEXOROBOTICS, SL. Cada vez más personas se decantan por el sexo robótico, pues los inconvenientes de follar con seres humanos resultan ya abrumadores por presentar cada vez mayores contraindicaciones, según un reciente estudio de la Universidad de Oxford. A nosotros nos viene bien que así sean las cosas, pues cuantos más robots sexuales venda nuestro patrocinador, más dinero ingresamos nosotros.

Y ahora, que empiece el show.

¿Cuál es la clásica respuesta femenina a la hora de no querer tener sexo? El “me duele la cabeza” parece estar más que patentado, e incluso aceptado, como razón para no querer tener relaciones con la pareja. Sin embargo, existen muchas más razones que justifican que las mujeres no quieran tener sexo, que van desde las más sencillas a otras más preocupantes. (latercera.com).

La mujer está obligada a satisfacer sexualmente a su hombre, y el hombre está obligado a satisfacer sexualmente a su mujer, lo cual es acorde a la tradición de los verdaderos seres humanos –los hombres y mujeres de Dios. Negarse a la coyunda por un pretendido dolor de cabeza no es aceptable bajo ninguna circunstancia. En el caso del hombre existe un impedimento fundamental, y es que el pene no se le ponga duro; sin embargo tampoco es una excusa válida, ni mucho menos aceptable, pues el placer sexual es un derecho inalienable de la mujer, así como una obligación del hombre para con su esposa. El hombre puede y debe, pues, usar las manos, los dedos, la lengua y hortalizas varias a su disposición para el menester de saciar hasta las palpitaciones del orgasmo la apetencia sexual de la mujer de uno. La mujer, empero, como es ella la que tiene la oquedad de la vagina, no tiene excusa que valga para abrirse de piernas  ante su marido para que este disfrute alegremente, aunque ella no tenga ganas. E igualmente a la inversa, si el hombre no tiene ganas pero la mujer tiene ganas, entonces el hombre tiene la obligación, aunque tenga desgana, de hacer convulsionar a su mujer de puro placer, de modo que el éxtasis le haga perder la noción del tiempo y del espacio, y quede plenamente saciada.

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1. Insomnio

Que te cueste dormir es una de las causas que pueden hacer que no tengas deseo sexual, pues al saber que tenemos insomnio estamos concentradas en otras cosas además de cansadas. A pesar de esto sería bueno hacer un esfuerzo, ya que los expertos explican que el sexo puede ayudar a aliviar el insomnio y entregarte un sueño más reparador. (latercera.com).

No solo los expertos, sino que también el pueblo llano sabe que follar es bueno para conciliar el sueño.

2. Problemas de infertilidad

La infertilidad puede ser una experiencia dolorosa tanto para hombres como para mujeres, esto incluso puede influir en el deseo sexual por períodos largos de tiempo. Esto sucede porque al estar las parejas luchando por lograr un embarazo programan la actividad sexual y esto se ve como medio para un objetivo concreto y de esta forma tiende a ser menos placentero. Uno de los expertos consultados por el Huffington Post, explicó que la sensación de “yo quiero algo realmente y mi cuerpo me está fallando” hace que muchas mujeres asocien el sexo con la tristeza, la vergüenza y la decepción que a menudo acompañan a la infertilidad. (latercera.com).

Las mujeres no deben entregarse al fornicio con la idea preconcebida de concebir un hijo, sino para disfrutar del sexo de su marido adentrándose en sus jugosidades vaginales. El resto, los hijos incluidos, llega luego. Si Dios quiere.

3. Infidelidad

Hacer algo que sabes que tu pareja hizo con otra persona no es grato para las mujeres, por lo que es común que presenten falta de deseo sexual después de haber sido engañadas. Lo mismo pasa cuando la infidelidad es cometida por la mujer porque puede haber culpa y estrés por ser descubierta. También hay personas que logran tener relaciones sexuales buenas después de ser infieles, pero generalmente sienten culpa, vergüenza, ansiedad y enojo, lo que puede reducir la energía sexual. (latercera.com).

La infidelidad es una terrible transgresión, y como tal no debe quedar impune nunca. Tanto el hombre cornudo como la mujer cornuda deben divorciarse y rehacer sus vidas con hombres o mujeres decentes. La coyunda debe quedar interrumpida indefinidamente con la contraparte infiel.

4. Ser mamá hace poco tiempo

Cuando la mujer recién fue madre es muy probable que no sienta nada de deseo sexual y esto se debe a varios motivos, el primero de ellos es el cansancio, pero también hay cambios hormonales que vienen con el embarazo y el parto, y luego está la misión de acostumbrarse al cuerpo con su nueva forma. Además, algunas mujeres pueden experimentar sequedad vaginal durante la lactancia. (latercera.com).

Si la mujer experimenta sequedad vaginal, para eso está la saliva, un lubrificador natural de primer orden. El resto de cosas que se mencionan son excusas inaceptables.

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5. Aburrimiento

Además de mantenerse activo físicamente una buena idea es innovar en las posiciones sexuales y que de esta forma los encuentros amorosos no se transformen en algo rutinario, para las mujeres esto parece ser un factor clave que cambiará de todas formas sus experiencias íntimas. (latercera.com).

¿Desde cuándo el placer sexual es algo aburrido? Desde hace aproximadamente cincuenta años  a esta parte, cuando el aburrimiento se convirtió en algo indeseable, siendo en realidad el aburrimiento una puerta abierta al abismo de la realidad –no nacida y no muerta- de lo que somos en nuestra sacralidad más íntima. El aburrimiento, bien encauzado por la sabiduría que comprende la ilusoriedad de todas las cosas, es una llave maestra que nos catapulta más allá de la querencia por la auto complacencia del “yo”, hasta quedar asentados en las luces imperecederas que preñan el espacio, abierto e infinito, libre del caprichoso proceder de los enajenados egos, que lo único que hacen es buscar emociones nuevas y cambiantes para afianzarse en ellas, quedando así velados con respecto a la irrealidad de su propia inexistencia.

El aburrimiento en el sexo es algo muy bueno, y mucho más bueno todavía es la repetitividad rutinaria, pues de eso se trata ante todo la coyunda, de ciclos repetitivos en los que la verga percute la interioridad de la vagina, entre otras oquedades. Más allá de las posturas tradicionales no hay necesidad de extravagancias con la consorte, que solo pueden conducirnos a alguna que otra indeseable luxación del miembro viril, o de otros miembros, como brazos, piernas, tobillos, etc. Básicamente, follar sabe todo el mundo, sin mayores complicaciones. El aburrimiento, pues, no es excusa para evitar la coyunda, sino un síntoma de que los amantes no tienen nada claro cuál es la realidad del placer sexual ni a qué vacíos abismales nos encumbra –los vacíos abismales de la ausencia de “yo”, que en el clímax del orgasmo alcanzan su expresión más sublime.

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