Despedidas brillantes.

-1-

Katsumo Dairo anunció a sus discípulos que al día siguiente, al rayar el alba, su espíritu abandonaría la carcasa del cuerpo para unirse a la realidad de la luz no nacida y no muerta, omniabarcadora y omnipenetrante. Los discípulos presentes le solicitaron un poema de despedida a modo de inspiración para sus propias muertes y vidas. El maestro dijo:

Todo se resume en esto:

Nacemos y no nacemos,

Morimos y no morimos.

A la mañana siguiente Katsumo Dairo no murió, sino que reasumió su innata realidad en la luz del foco alumbrador que todo lo ilumina, tras haber creído nacer y vivir una vida.

-2-

Un buen día Omar Ibn Al Kashis decidió que ya había vivido suficiente, 63 años y medio. Se despidió de su familia y amigos, y se adentro en el desierto sirio. Hizo la ablución ritual con arena, a falta de agua,  y rezó su último salah. Después aguardó paciente a que su Amada lo convocara a la noche de bodas con el Principio Eterno e Inmanifiesto. En su pueblo natal no se creen que esté muerto y aún lo buscan, pues le echan mucho de menos, siendo como era, como es, un hombre piadoso, amoroso y justo.

-3-

Maryam dio a luz a una bella niña, a la que le puso el nombre de Nuria, que significa “luz”. Maryam murió por las complicaciones del parto unos días después. Antes de morir dijo: “ahora que he visto la luz, puedo morir en paz y tranquila de que en la Otra Vida no estaré ciega. Insha-Allah, si Dios quiere”.

Amín. Que así sea.

-4-

El maestro Ryokan estaba muy enfermo y doliente. Postrado en su lecho desde hace tres semanas, no hablaba nada, más allá de pronunciar las palabras “es eso”, de cuando en cuando. Al cumplirse cien días de la enfermedad que le postró a los padecimientos del lecho de muerte pidió ser llevado a la sala principal de zazen del templo, donde se sentó en la postura del loto frente a sus discípulos. Entonces dijo:

Es eso.

En el dolor y en el gozo,

Transitando los caminos de la vida y de la muerte,

No hay más que eso:

La claridad resplandeciente

De una luminosa luna llena

Reflejada en las serenas y cristalinas aguas

De la nada.

Y murió.

-5-

Yogananda Shivantraya tenía un cáncer de piel en el brazo derecho, y los médicos le dijeron que la única solución era amputarlo hasta la altura del codo, para sí poder salvar su vida. Yogananda les dijo que no hacía falta hacer tal cosa, pues su vida ya hace tiempo que fue salvada por el Señor Brahma. Dijo, “no hay necesidad de añadir ni suprimir nada a este receptáculo de la verdad que es mi cuerpo. La verdad de la enfermedad proseguirá su curso natural, hasta que la verdad de la vida que encierra la verdad de la muerte, se manifieste, y yo siga morando en la verdad de Brahma, sin necesidad de este soporte corporal que ahora expira”.

Yogananda murió tal y como había vivido, con una actitud de total desprendimiento.

-6-

Osman Laikhari era profesor de tafsir (interpretación del Corán) en una madrasa del Cairo. Era severo con sus alumnos, pues la transmisión del conocimiento sagrado no debía ser tomado frívolamente, lo cual, unido a sus cualidades humanas, hacía que fuera un maestro querido y respetado por toda la comunidad. Su generosidad en lo que respecta a los dones del conocimiento era equiparable a su generosidad mundana, relativa a la atención de las carencias y penurias de sus vecinos, pues como dijo el sello de los profetas –Muhammad-: No se puede ser musulmán si sabes que tu vecino pasa penalidades y no haces nada para paliarlas. Todos los días Osman daba un largo paseo después del rezo de la tarde, hasta que una vez no regresó y todos le dieron por perdido o muerto. Hay quien dice que Osman era, en realidad, uno de los amigos íntimos de Allah, y que no transitó la muerte de los mortales, sino que fue arrebatado por la Presencia Divina y asentado directamente en la perennidad del frescor de las cristalinas aguas que de las fuentes de al-Firdaus manan.

-7-

Fátima era una niña de 12 años a la que le gustaba colarse en las sesiones de una táriqa sufí, donde el nombre de Allah es mencionado con profusión. Cuando quedó huérfana fue adoptada por los fuqara de la táriqa –los pobres que nada tienen pues renunciaron a todo a cambio de las luces de la Presencia del Océano sin Orillas de la Realidad Primera y Última. Con el correr de los años, Fátima aprendió la ciencia del corazón y pudo degustar el mismo vino del amor que sus protectores degustaban, hasta convertirse en uno de ellos. Desde entonces Fátima se dedicó al recuerdo de Allah y a la asistencia de los necesitados. Murió a los 18 años de edad de unas extrañas fiebres, sin haber conocido varón, pero habiendo conocido a Allah, el Uno-Único, el Hacedor Eterno.

despojosdeoccidente

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