La ola de gozo de los espíritus libres (3).

Cuando se aloja en un templo, otro día en un palacio suntuoso, a veces en una roca, a veces a la orilla de un río, o cuando comparte la cabaña de algún eminente y pacífico ermitaño, el sabio, cuya ignorancia ha sido abolida por la iniciación de su gurú, está libre de la ilusión de las apariencias. –Adi Shankara

COMENTARIO

Cuando se aloja en el desierto, al abrigo caluroso de las infinitas arenas y con la única compañía de escorpiones y serpientes, o cuando decide residir en una gran ciudad, repleta de enormes edificios de cristal y hormigón, y atiborrada de gentes que más que seres humanos se asemejan a espíritus famélicos endemoniados, siempre enfermizamente anhelantes y carentes de algo, el sabio –el hombre de Dios-, gracias a la bendición del linaje, comprende que el mundo es una proyección ilusoria volcada sobre el espejo de la consciencia a modo de prueba de fe, y de este modo es capaz morar en perfecta paz y calma en todo lugar, en todo tiempo y en toda circunstancia.

El sabio, ya sea que trate con dioses o con demonios, jamás pierde su ecuanimidad serena, en la incomparable visión de la resplandeciente luz.

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