Yo soy tu hombre, cariño, tu hombre medicina.

Si el amor que tú necesitas es esa clase de amor
Que no te puede dar tu novio,
La próxima vez que él salga por ahí con los amigos,
Llámame a mí;
Yo soy tu hombre, tu hombre medicina.
¡Yeeeaaahhh!

Caliente, frío o lo que hay en medio,
Yo te daré justo lo que necesitas;
¿Tengo que hacerte un diagrama para que lo entiendas?
Yo soy tu hombre, tu hombre medicina.
¡Yeeeaaahhh!

Algunos hombres tienen esa magia,
Otros hombres no la tienen;
Esos es todo.
¡Oh mamita!
¿A qué esperas? Llámame.
Yo soy tu antídoto, yo soy tu curandero.
No sufras más en soledad.

Ninguna receta médica te podrá aclarar las neuronas
Y darte lo que necesitas.
Ninguna pastilla aliviará tus desvelos y desasosiegos.
Simplemente llámame, yo soy tu curandero.

Ese novio tuyo es demasiado mayor.
Es verdad que tiene dinero,
Pero es viejo y tiene las manos frías.
Llámame a mí, yo soy tu curandero.
¡Yeeeaaahhh!

Ninguna receta médica te podrá aclarar las neuronas
Y darte lo que necesitas.
Ninguna pastilla aliviará tus desvelos y desasosiegos.
Simplemente llámame, y llámame rápido;
Yo soy tu curandero,
Yo soy tu hombre medicina.
¡Yeeeaaahhh!

-Un blues de Johnny Winter (Adaptado al español por despojosdeoccidente)

COMENTARIO:
No sabemos qué pasó al final, si ella llamó a su amigo curandero o no, tan solo podemos especular. Si llamó a su hombre medicina, lo más probable es que follaran desconfinadamente toda la noche de forma salvaje, alocada; o puede que no, puede que simplemente ella hablara y él escuchara, lo cual es otra forma de sexo ciertamente placentero. Las dos cosas no la hicieron porque es imposible, porque después de una coyunda descomunal no se habla, solo se duerme. O se habla o se folla. Parece ser, según se desprende esta coplilla del gran Johnny Winter, que ella está con un hombre al que no ama, pero que tiene dinero, lo cual es algo perfectamente razonable, es decir entendible y hasta deseable. Desde aquí defendemos, como representantes del remanente humano final, que la prioridad número uno de la mujer es la seguridad que pueda garantizar el desarrollo y pleno desenvolvimiento de su sagrada maternidad, lo cual implica tener al lado a un buen hombre que al mismo tiempo sea un buen proveedor de recursos, de modo que ella pueda centrarse en lo que realmente importa: llevar una buena, apacible y sosegada vida en la seguridad y la paz del hogar, para que de esa forma pueda florecer el amor y una bonita familia.

mujer sola

¡Vamos cariño, llámame, llama a tu hombre medicina!

Las feministas se equivocan pensando que el trabajo y la independencia económica les reportarán felicidad, pues la felicidad genuina de la mujer descansa en aquello que está codificado en su fitrah –la naturaleza que nos es propia-, y lo propio de la mujer es priorizar su maternidad sagrada por encima de todas las cosas. Es decir, que si fue programada con útero y matriz no fue por un azar caprichoso. Lo contrario a dirigirse en la vida según la fitrah necesariamente supura en trastornos, traumas, psicopatías y no saber lo que se quiere en la vida, justo lo que caracteriza a la desquiciada mujer moderna en la incivilización occidental.

Empero, o pero, el corazón no atiende a consideraciones racionales, por lo que ellas siempre se acuerdan de su curandero, de su hombre medicina, cuando su otro hombre, su hombre formal y estable, no tiene ganas de follar porque es viejo y tonto, es decir, un gilipollas que solo tiene dinero. Así, o de esta forma, lo normal es que las mujeres insatisfechas con los hombres adinerados con los que están, pero a los que no aman, les pongan los cuernos y se harten de follar, o de hablar, con un amigo especial que siempre tienen en mente para apagar su fuego interno y su desasosiego existencial.

hombre1

Esto sí es un hombre.

Los hombres que no tienen dinero, pero que son hombres de verdad, es decir, que son los hombres que realmente vuelven locas de amor a las mujeres, suelen ser los lobos solitarios; hombres indómitos e insumisos por naturaleza que siempre están solos porque son unos inadaptados. Esta clase de hombres son espíritus libres, y de ahí la fuerza de atracción que ejercen sobre el sexo femenino, de forma que son utilizados por ellas a discreción para darle al fornicio, o simplemente para hablar y hablar de tonterías. Está bien, pues el lobo solitario, en el fondo y ante todo, es un ser entrañable que tanto le da a la coyunda como a hablar por hablar, de tonterías, si con eso le ayuda a ella a restañar sus heridas. Lo ideal es hablar y follar en días alternos, ante la imposibilidad de hacer las dos cosas simultáneamente, mientras que al hombre de ella, formal, estable, viejo y con dinero, le van creciendo los cuernos de manera inadvertida.

No obstante, lo mejor de todo es huir de occidente y establecerse en un país civilizado, es decir, musulmán, donde los estragos de no regirse en la vida conforme al islam no están presentes.

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