Los ateos están de capa caída, o sea, deprimidos.

Los ateos adventistas del advenimiento de la esperanza de que venga pronto la anormal anormalidad de la vida de antes del bicho fantasma, consistente básicamente en disfrutar de la vida lo que se pueda a través de los desconfinados disfrutes descorsetados de las fiestas, de los viajes y del sexo, están inquietos, pues les inquieta lo que barruntan, y lo que barruntan es que algo no marcha bien en este raro mundo fruto del azar evolutivo. Recordemos que los ateos creen en la superstición de la no existencia de la Inteligencia Creadora, esto es, Allah, el cual desplegó la Torta Terráquea y depositó en ella al ser humano con un claro propósito. Leer el Corán para descubrir esta gran verdad y otras muchas cosas vitales para poder llevar una vida armoniosa, hermosa y saludable que nos proteja de las acometidas finales de la bestia de las eras.

Los ateos adventistas pensaban que tras la primera ola no habría segunda ola, pues el calor del verano terminaría de matar al inexistente Covid19, empero, o pero, lo que ha pasado es que hay segunda ola, que se prevé que será más terrorífica que la primera oleada, y que además nada hace indicar que no habrá una tercera, cuarta, quinta ola… y las olas que hagan falta hasta el maremoto final de la consecución última de los objetivos postreros del deep state: reducción poblacional, reseteo económico (fin del dinero cash e imposición del dinero digital), vida 100% online y control total de los sobrevivientes.

Los ateos adventistas se las prometían muy felices a la llegada del verano y la consiguiente desescalada confinatoria, y se les hacía la boca agua, tras el duro arresto domiciliario, ante la perspectiva de volver ya a lo de antes del bicho, esto es, al trabajo duro para poder costearse los vicios; pero, o empero,  ahora el ganado humano se ha topado con la cruda realidad de la segunda ola, por lo que la quiebra económica del estado español está cada vez más cerca, así como el impago de los sueldos de los funcionarios y de las prestaciones sociales (pensiones y desempleo). Esto se traducirá en un descontrolado aumento de las colas del hambre en España, es decir, las colas donde la gente va para que le den un lote de comida chatarra para no morir de hambre.

Todo ello, unido al hecho descorazonador de que los ateos no creen en nada más allá de los placeres inmediatos, hace que esos desnortados, creyentes en que después de la muerte no hay nada, se estén comiendo, ahora mismo y en adelante, una mierda como el sombrero de un picaór.

Castoreño

“Comerse una mierda como el sombrero de un picaór” es una expresión tradicional andaluza que hace referencia a pasarlo muy malamente en la vida, que es lo que está pasando y va a pasar, de aquí al año 2030, con todos aquellos cuya única expectativa existencial es mantenerse vivo para disfrutar de los disfrutes mundanales, o mundanos, a toda costa, aunque esa costa implique morir tratando de no morir, esto es, obedeciendo al gobierno terrorista.

El genocidio del sobrante humano (7 mil millones de personas) se va a producir, pues la humanidad, al estar en estado de total decrepitud moral y espiritual, está incapacitada para hacerle frente a la implementación de los planes de la bestia para este mundo. Una sociedad derruida, sin valores trascendentes, es una sociedad ignorante que no tiene nada noble por lo que luchar, y que por lo tanto sus miembros no luchan más que para el interés individual, de modo que una sociedad tal se deja hacer al antojo de los intereses de la casta parasitaria (deep state). Mientras que por el contrario, o por contra, una sociedad luminosa, o sea, islámica, donde los sagrados valores de la tradición (DIOS-FAMILIA-PATRIA) están presentes, es una sociedad que se moviliza y no se deja manejar como perros obedientes. Esta es la razón por la que en España el bozal es obligatorio hasta para ir a mear, mientas que en Siria o Irán, por ejemplo, el bozal es de uso voluntario. Las sociedades tienen lo que se merecen, tienen los gobernantes que se merecen; al igual que a nivel personal cada cual tiene en la vida lo que se merece, en función de aquello en lo que cada cual medra.

familia1

En la vida, y en la vida post-mortem, cada cual tiene lo que se merece.

Resumiendo, la agenda Covid19 va de esto:

Estamos ante la transmutación del sistema viejo de las burbujas del bienestar, basado en imprimir dinero y prestárselo a los países para endeudarlos/esclavizarlos, hacia un sistema transhumanista de 500 millones de ciborgs-zombis, teledirigidos por una IA; el resto va al matadero, inadvertidamente, mientras van muriendo tratando de no morir -vacunas asesinas, bozales, depresión, suicidios, algaradas en busca de comida, ataques de locura colectiva, deterioro del sistema inmune debido al estrés del miedo permanente, mala praxis médica, confinamientos, etc.

Cuando no hay “Ájirah”, cuando no hay trascendencia, cuando no hay visión luminosa en la perennidad de las sempiternas luces, cuando no hay ajuste de cuentas post-mortem (karma le llaman los búdicos), cuando no hay moral desenraizadora de egos con vista a que los egos no nublen el regalo divino de la consciencia eterna… cuando no hay nada de eso, entonces hay lo contrario: ansias de vivir por vivir, desesperación cuando no podemos acceder a los disfrutes que vemos en la TV, comida chatarra, no saber lo que se quiere en la vida, no saber si se es hombre o mujer o “bi-fluido”, Netflix, porno, futbol, bozales para morir creyendo que así ayudamos a volver a lo de antes, etc.

La muerte del ser humano, la muerte de este mundo, es por autodestrucción, nosotros somos los responsables de tener los degenerados líderes políticos que tenemos (Pablos, Pedros, Simones, Irenes), pues al haber hecho el hombre dejación de su responsabilidad (como ser humano) en lo que respecta a la salvaguarda de la luz de la Verdad, lo que ocurre es que en vez de medrar la luz, medra lo contrario -la oscuridad.

Esto se acaba, este mundo se marchita entre las llamas de las cada vez más insofocadas esperanzas de los ateos adventistas por volver a lo de antes. Las mierdas como el sombrero de un picaór están ya bien dispuestas y servidas, listas para su degustación e ingesta final, hasta la indigestión de la muerte terrena y, lo que es peor, de la muerte en el “Ájirah”, la Otra Vida.

Nosotros –hombres de Dios, empero (o pero), permanecemos serenos, felices, satisfechos, tranquilos.

(135) Todos esperan ansiosamente. Esperad, pues ya sabréis quienes son los que andan por el camino de rectitud y están guiados.

Corán – Sura Ta Ha

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