¿El Covid-19 está volviendo loca a la gente?

Ha llegado hasta nosotros, por medio de una inaudita vía, una poco edificante conversación acaecida en una calle de la infectada ciudad de Sevilla entre dos ciudadanos. Al parecer, según una confirmación extraoficiosa de nuestras fuentes oficiales, dicho encontronazo dialectico es muy común, es decir, que es muy frecuente, entre el ganado humano en estos tiempos de pandemia. Pasamos ahora a explicitar, casi literalmente, dicha conversación, al final de la cual añadiremos un corolario con vistas a que no sirva para nada, pues la hecatombe es inminente y el que no ha despertado ya, ya no lo hará.

Sevilla, 5 de enero de 2027. Año 7 de la VI era pandémica.

PERSONAJES:

Ciudadano 1: una niñata típica de los barrios innobles de Sevilla, esto es, una choni sin educación y cuya preocupación existencial es follar lo que pueda, las redes sociales y acaparar la comida suministrada por el banco de alimentos y por Cáritas.

Ciudadano 2: un viejo, el típico rancio viejo español con más miedo que vergüenza a morir del inexistente Covid-19, pues como es un viejo apestado sabe que sus días sobre la Torta Terrestre están contados, y dicha cuenta no va mucho más allá de uno o dos años.

CONTEXTO:

La niñata va sin mascarilla por la calle dando, al parecer, un paseo hacia ninguna parte, con la finalidad única de airear su espantoso chumino mientras bichea por las redes sociales con el teléfono móvil. (El gobierno permite a la ciudadanía una hora al día de recreo confinatorio para estirar las piernas).

El viejo va con mascarilla por la calle dando, al parecer, un paseo hacia ninguna parte, con la finalidad de aprovechar la hora de asueto desconfinado y hacerle caso a su matasanos, el cual le advierte que pasear es bueno. Eso sí, el facultativo le dice que lleve la mascarilla (no la más baratilla) para prevenir el contagio.

El viejo se cruza con la choni de barrio (la niñata), que va sin bozal en la cara y sin bragas en el coño (chocho, chumino o alpargate).

CONVERSACIÓN:

Viejo: niña, ponte la mascarilla. Nos estás poniendo en peligro a todos.

Niñata: ¡a ti qué te importa! Ahhhhhhhhhhhh (grito despectivo)

Viejo:  te voy a pegar una patada en el coño que te lo voy a subir a la garganta.

Niñata: hijo puta, viejo cabrón. ¡Muérete! Mirad lo que dice el viejo. Ahhhhhhhhhhh (grito despectivo).

El viejo y la niñata siguen sus respectivos caminos, como si nada. Después del recreo desconfinado (una hora) vuelven a confinarse en sus casas.

locas

COROLARIO:

Estamos viviendo el fin de los tiempos sobre esta Torta Terráquea, razón por la cual ya apenas hay seres humanos, sino maricones, demócratas, creyentes en la superstición de la evolución desde el mono, y este desde una ameba, todo por azar (ateísmo), y feministas; ello como resultado de una malsana educación en los antivalores democráticos del relativismo moral y del igualitarismo, es decir, la errónea creencia  en que todos somos iguales, cuando no hay nada más desigual que tratar de igualar lo que de por sí no es igual, sino desigual, pues no es igual ni pesa lo mismo la opinión de un sabio que la de un gilipollas. Empero, o pero, como estamos en democracia la opinión de los imbéciles debe ser respetada y elevada a la misma catalogación correctivista política que la opinión de los hombres de Dios, los cuales, dicho sea de paso, ya no opinan nada, pues mudos se han quedado ante la desolación desoladora que ha asolado al mundo incivilizado: occidente.

Tanto la niñata como el viejo, los personajes intervinientes de este coloquio callejero, son excrecencias humanas, los detritus de años de adoctrinamiento ateo, democrático y pandémico.

Por un lado tenemos a la choni que va sin mascarilla, no porque sea negacionista vírica, sino porque le dá igual todo debido a que su vida es ruín y miserable, y no tiene expectativa alguna más allá de seguir viviendo en tal estado de decrepitud moral  y espiritual.

Y por otro lado tenemos al viejo que va con la máscara puesta, debido a que está cagado de miedo a causa del inexistente virus corona. Como está viejo y cercano a la muerte su única meta existencial es alargar la agonía de la vida a toda costa, aunque sea a expensas de zombificarse y de morir en el intento.

Ambos, viejo y niñata, son objeto de reprobación por parte de los verdaderos hombres, los hombres de Dios, y ambos morirán como cerdos, gimientes y dolientes. Pero lo peor les sobrevendrá luego, cuando mueran y despierten del letargo de sus cochambrosas vidas.

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