Un puñado de hierba seca es todo cuanto nos ha quedado.

La hierba seca del verano,

Eso es todo cuanto ha quedado

De los sueños de los soldados imperiales.

-Basho

(Adaptado al español por despojosdeoccidente)

COMENTARIO:
Humo, eso es todo lo que ha quedado de los sueños mundanos, que tan felices se prometían, del ganado humano; unos sueños de libertad, de libertinaje, de viajes a conocer fascinantes culturas todavía no pervertidas por el satánico influjo de la desquiciante modernidad, de divertidas experiencias desconfinadas, de excitantes experimentaciones sexuales sin miramientos o cortapisas morales, de prominentes negocios  que tan rentables se prometían… humo, humo, humo es todo cuanto le ha quedado al ganado humano… el humo del deseo convertido en cenizas, el humo de las pasiones fatuas y vanas diluidas, evaporadas, el humo de los empeños mundanales  por pretender ganarse un pedacito de paraíso aquí en la tierra que les permitiera solazarse en una feliz e indolente vejez despendolada. Humo, solo humo, humo es cuanto les ha quedado.

Ahora todos enfilan las colas del hambre, con la mascarilla puesta. Ahora todos enfilan el matadero. Ahora, ahora todos destilan muerte por sus cuatro costados mientras se exhortan unos a otros a la responsabilidad responsable para volver a lo de antes.

Lo de antes no va a volver, no debe volver, pues aquella era una vida sumamente anormal, insana y desconectada de la Órbita Divina, de la trascendencia, de la felicidad verdadera.

Lo que hay y lo que va a haber a partir de ahora es humo, polvo, cenizas, desasosiego y muerte. Pero lo peor vendrá luego, cuando el velo de este mundo se desprenda y sea acercado a cada cual el fruto de sus obras, ya sea un fruto refrescante o amargo.

Humo, solo humo y polvo le ha quedado al ganado humano, el polvoriento humo de la desatención a las cosas realmente importantes; un humo en el que se van desdibujando las caprichosas formas de las expectativas vitales no orientadas en torno las imperecederas luces refulgentes de la Verdad Eterna, sino en torno a este mundo inconsistente y efímero. Por no quedarles, no les ha quedado ni rostro. Los hombres ya no tienen  cara, rostro, expresiones faciales; ya no tienen los surcos que van entretejiendo los años en los riachuelos de las arrugas como expresiones vivientes de las penalidades, de las alegrías, de las experiencias, de las decepciones, de las realizaciones y de los fracasos espirituales. Ya no tienen más que una careta inerme, inexpresiva, muerta, como corolario lapidario de una vida arrojada al basurero de la ausencia de luz, de la ausencia de verdadera vida. La uniformidad de los clones robotizados en el amanecer de una nueva era transhumanista, la más bestial y despiadada de cuantas edades alumbró el hombre.

El cielo y el infierno existen, y no son de esta Tierra, sino de las sutiles tierras que orbitan en torno al Gran Espíritu. Aquí no somos papistas franciscanos, pues no creemos en el ateo Papa Francisco, el cual dice que el infierno no existe, sino como una entelequia.

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