Si nuestro destino es caer…

Si mi destino es caer, caeré,

Y floreceré como florece la flor del durazno

En primavera.

*

Si mi destino es caer, caeré,

Y despertaré del sueño

Que es la vida.

*

Si mi destino es caer, caeré,

Alumbrado por esos benévolos ojos

Que me miran.

(Uzman García)

COMENTARIO:

Se trata de tres sencillos poemas de muerte cuya finalidad es vehicular el final inevitable de todas las cosas sujetas al orden de lo creado, es decir, a todo lo depositado sobre la pantalla/plano existencial reflejado sobre el espejo de la consciencia eterna, cuya manifestación aparente aparece en la forma de la Tortilla Terrestre y todo cuanto contiene, ya sea en expresiones sutiles (emociones-sensaciones-percepciones-deducciones) o en las expresiones burdas de la materia (cuerpos, ríos, montañas, plantas, vientos, nevadas, flores, florecillas, etc.). Dichas cosas no proceden de una evolución azarosa como sostienen los adeptos a la religión ateísta, sino que son emanaciones directas de la luz infinita que todo lo sostiene.

El destino de todo, excepto del Creador Increado, es caer y volver al origen sin fin ni principio -el foco alumbrador que todo lo ilumina-, tras el efímero paso de las vidas duales que separan al observador de lo observado; unas vidas cuya finalidad no es disfrutar lo que se pueda, sino la realización, esto es, la constatación a nivel del corazón de que el observador y lo observado no están separados, sino que todos somos UNO.

Entender esto requiere de una profunda y fanática determinación, alejarse del influjo de la modernidad desquiciante, ser un intolerante en lo que respecta a los vicios propios y ajenos, desatender a los niñatos influencers, no escuchar a los psicólogos, estudiar a los sabios del mundo antiguo y entregarse enteramente, o sea, por entero, a la gracia, a la benevolencia, al amor y a la bendición divina.

Actuar contrariamente a esto es una indignidad no digna, o indigna, de los verdaderos hombres; y viceversa, es digno y propio de los hombres indignos, de los zombis y de los vivos murientes que van por ahí con el bozal puesto tratando de no morir a toda costa, aunque esa costa lleve asociado morir obedeciendo al gobierno terrorista. Conviene tener estas cosas muy en cuenta y meditar sobre ellas profusamente, es decir, con gran profusión y profundidad de miras.

EL FIN DE TODO, Y EL INICIO DE TODO, ES ELLA.

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