Se acabó la fiesta.

Una entrada a la esclavitud digital: debemos resistirnos a presentar un pase de no estar infectados de covid19 para tener acceso a los eventos musicales y deportivos.

Neil Clark para RT

Después de una protesta pública, Ticketmaster ha negado que esté planeando pedirle a la gente que demuestre que están “libres de Covid” para asistir a conciertos. Pero los pasaportes sanitarios digitalizados se están promoviendo en otros lugares, y eso nos pone en una pendiente muy resbaladiza.

Imagínese solo poder ir a un concierto de música pop si tiene una aplicación en su teléfono inteligente que demuestre que recibió la vacuna Covid o que dio negativo en un período de 24 a 72 horas.

Bueno, según la revista Billboard, eso es en lo que Ticketmaster, la agencia de entradas más grande del Reino Unido, planeaba implementar en 2021. Es comprensible que el informe provocase una fuerte reacción en las redes sociales, y muchos pidieron el boicot a Ticketmaster. Tanto es así que la empresa emitió un comunicado en el que decía que “no se exigiría” estar vacunado.

Pero ha admitido que estaba explorando el posible uso de la tecnología. Y eso, y otros acontecimientos, deberían preocuparnos a todos.

Negar a las personas el acceso a los eventos porque no tienen un “pase Covid” es erróneo a diferentes niveles. Hemos tenido casos graves de gripe antes, más recientemente en 2017-18, pero nunca se sugirió que las personas debían demostrar que habían sido vacunadas contra la gripe o que no tenían un resfriado antes de entrar a un estadio.

Entonces, ¿qué le da a Covid-19 un estatus tan especial? ¿Por qué este virus necesita cambiar radicalmente nuestra forma de vida? La respuesta es, por supuesto, el gran reinicio. Los pases de “acceso” digital son un componente clave del programa del Foro Económico Mundial para transformar radicalmente todos los aspectos de nuestra vida, pero, ciertamente, no de una manera positiva.

El nuevo Health Pass y otras innovaciones de alta tecnología de Covid son una advertencia clara de cómo funcionará la Nueva Normalidad globalista que se está trazando. El acceso a viajes, deportes y restaurantes puede estar prohibido para todos los que se nieguen a cumplirla.

En julio, el WEF promocionaba con entusiasmo en las redes sociales una Aplicación Covid-Pass que podría permitir que se reiniciaran los viajes internacionales y los grandes eventos durante la pandemia.

El nuevo programa de pasaporte sanitario digital Common Pass, respaldado por el WEF y que recibió financiación inicial de la Fundación Rockefeller, se puso a prueba por primera vez en octubre para pasajeros que volaban desde el Reino Unido a los EE. UU.

Solo un mes después, escuchamos que la liga inglesa está cerca de acordar un “plan” con el gobierno del Reino Unido “para agregar registros de vacuna Covid-19 a un pasaporte de salud digital” lo que permitiría el regreso de multitudes a los estadios de fútbol el próximo año.

¿Ves hacia dónde nos dirigimos? Las ‘teorías de conspiración’ de abril de 2020, las ‘teorías de conspiración’, el ‘sombrero de papel de aluminio’, parecen estar volviéndose realidad. En septiembre, el primer ministro Boris Johnson dijo que tenía la esperanza de que un “pase de la libertad”, basado en pruebas masivas, “permitiría a las personas volver a una vida normal y mantenerla”. Pero eso es simplemente orwelliano; la verdad es que estos ‘pases de la libertad’ solo nos alejarán aún más de la normalidad y de las vidas que teníamos antes de marzo de 2020.

Una vez que se acepte la idea de los pases de acceso digitalizados, estaremos en una pendiente muy resbaladiza hacia una sociedad totalmente controlada.

Al principio serán “datos” vinculados a Covid que se encuentran en su aplicación, pero podrían expandirse fácilmente con la nueva tecnología. Tendríamos la base de un sistema de “crédito social”, como fue pionero en China.

Imagínese esto: el ciudadano recibe puntos en su “pasaporte” digital por un comportamiento considerado “bueno” por el estado, pero pierde puntos – y acceso – por un comportamiento considerado “malo”. Obtener una vacuna contra el coronavirus, además de los refuerzos de “actualización” regulares, la asistencia a un curso de concienciación sobre la diversidad, el uso de un automóvil eléctrico y la reducción de la “huella de carbono” de uno podrían hacer que se ganaran puntos.

Negarse a recibir una vacuna contra el coronavirus, difundir “desinformación” sobre la política de salud del gobierno en línea, expresar las opiniones “erróneas” en las redes sociales y persistir en conducir un automóvil de gasolina podría hacer que se perdieran puntos.

Los “buenos” tendrían acceso a viajes, conciertos de música pop, eventos deportivos y todo lo demás. Los “malos” estarían prácticamente bajo arresto domiciliario. Cuando tenemos en cuenta el despliegue de la renta básica universal, con millones de personas que dependen del estado para sus ingresos, las perspectivas de libertad se vuelven aún más aterradoras.

“Locura” es la mejor manera de describir lo que ha estado sucediendo en 2020. El problema es que también hay un método en ello.

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SONDAS.BLOG: Ya deberíamos haber abandonado el término “normalidad”, haberlo sacado de nuestros discursos y escritos, pues hace referencia a un estilo de vida basada en la juerga y en las modas culturales –algo en lo que nunca debimos haber caído. La pandemia se lo ha llevado y nosotros, en vez de reflexionar y tratar de diseñar nuestro futuro, nos hemos quedado anclados en un nefasto pasado que solo nos ha traído ignorancia y superficialidad, y al que llamamos, eufemísticamente, normalidad.

¿Acaso hemos olvidado la naturaleza camaleónica de la normalidad? O por decirlo de otra forma, ¿de qué normalidad estamos hablando? ¿Era acaso normal la homosexualidad hace 50 años, el lesbianismo? ¿Desde cuándo un niño se cambiaba de género o de sexo? ¿Yacían las parejas en el mismo lecho sin casarse hace 60 años? ¿En qué pasaba la gente el tiempo antes de que existiera Hollywood, cafeterías, turismo, televisión… hace tan solo 100 años? ¿Qué hacían los católicos en Semana Santa hace unas pocas décadas?

Y cada nueva normalidad nos traía más libertad en forma de vicio, de materialismo, de intranscendencia… y más control de masas, más incomunicación. ¿Cómo cruzábamos las fronteras antes de los ordenadores, antes de los escáneres? ¿Dónde realizábamos nuestras compras diarias? Las sucesivas normalidades han acabado con la vecindad, con la familia, con la amistad, con la fidelidad, con el compromiso.

No importa, es agua pasada. Nuestra obligación hoy es dejar de manosear la palabra “normalidad” y entender lo que está pasando, cómo se están atando cabos para dejarnos inmovilizados, confinados, aislados. En Estados Unidos hay una campaña feroz y exagerada contra Trump, pues es tiempo de implementar la agenda del deep state, y esta agenda se implementará, en un principio, con el partido demócrata. Por eso debe ganar, a toda costa, incluido el fraude. Y todos los países cerrarán los ojos y aceptarán a Biden como presidente, pues no se trata, esta vez, de una reconstrucción, de un simple cambio de valores, sino de una destrucción total que permita construir su nuevo orden desde cero, sin viejos edificios, sin ruinas, sin pasado, sin historia, sin memoria.

Esto es lo que está pasando, lo que ya está en marcha, y va rápido –en tan solo 10 meses se ha parado el mundo. Pero Neil Clark no ve la hora de volver a la normalidad. Así está sucediendo con los analistas, los filósofos, los jefes de estado… Todos ellos hablan de “normalidad” como la referencia universal, sin entender que el pasado estará cada vez más lejos y no habrá un futuro que lo reemplace.

Mientras esperamos la vuelta a la normalidad, se irán cerrando más puertas. No nos daremos cuenta, como no nos hemos dado cuenta de las mascarillas, del distanciamiento, de la prueba PCR, de los pases digitales, de los pasaportes con chip… Ocurre por el bien público, por nuestro bien… es necesario, la única forma de volver a la normalidad… Y todos aceptamos, como el ganado que espera a ser degollado.

Los puntos, como señala Clark, podrían ser, en un principio, lo que nos permitiera asistir a eventos culturales, pero ese no es el objetivo. Los puntos irán sustituyendo al dinero –no tener puntos no sólo significará no poder asistir a un partido de fútbol, sino, peor todavía, no poder comer durante varios días o recibir agua potable. Y estaremos solos, sin vecinos, sin familia, sin amigos… Todo eso nos molestaba durante la normalidad, y entonces ya no sabremos cómo relacionarnos con los demás.

Cerveza, vino, tablao… esa era nuestra normalidad. Nadie recoge, sino lo que ha sembrado.

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