UN OLVIDO IMPERDONABLE.

El ladrón se olvidó

La luna

En la ventana.

(Ryokan)

COMENTARIO:

Un ladrón entró a robar en la cabaña del maestro Ryokan. El ladrón contempló la pobre choza del ermitaño y vio que no había nada de valor, por lo que decidió no llevarse nada, pues nada había, excepto una esterilla de paja, un cuenco limosnero, un plato de hojalata, una cuchara sopera de madera, un cuchillo oxidado y un extraño tenedor al que le faltaba el diente de en medio. Ryokan era un hombres rico, pues no necesitaba nada más que eso para transitar el efímero tránsito de esta efímera existencia, cuya finalidad no es tratar de pasárselo bien con los amigos, viajar, follar, ir de fiesta, wasapear, etc, sino que la finalidad de la vida es finalizar en el mismo sitio de donde procedemos: de Allah –el Hacedor Eterno, el Uno Sin Segundo, mientras se disfruta del excitante viaje existencial de saber que no somos ni este cuerpo ni esta mente confundida, que sobre el fantasma “yo soy” se erige.

Un cuenco para las limosnas de la gente a cambio de recitarles los sutras, una esterilla para dormir y unos aperos para degustar la deliciosa sopa de miso y ortigas que una vecina le preparaba a cambio de nada; de vez en cuando, más de cuando que de vez,  también comía otras cosas. Eso es todo cuanto el sabio requiere de esta vida.

El ladrón no se llevó nada debido a que no vio la luna en la ventana, que de haberla visto se la hubiera llevado a cuestas; la luna esclarecida de la verdad desnuda tras quedar descerrajado y desenquistado el tumoroso quiste de las identificaciones egocéntricas.

Donde quiera que Ryokan, y los que son como Ryokan, va, siempre luce en el cielo, imponente, una resplandeciente luna llena.

Es muy conveniente reflexionar acerca de estas cosas para no desperdiciar la vida y no morir idiota, pues se trata de un error imperdonable, es decir, un error que no tiene perdón de Dios, olvidarse la luna en la ventana gracias al obnubilamiento que produce, en las mentes no adiestradas en la verdad, los espejismos de los disfrutes mundanos, sea cuales sean dichos disfrutes, lo cual no quiere decir que no se disfrute de las cosas, sino que dichos disfrutes no nos deben velar con respecto a lo que realmente importa, quedando la luna llena de la verdad de nuestra verdadera naturaleza, que es no nacida y no muerta, ofuscada. Los que caen en tal ruindad no merecen vivir, no merecen el don de la vida.

Esperamos que la vacuna asesina que el deep state anunciará en breve haga bien su trabajo y que no deje títere con cabeza de entre todos esos gilipollas que todavía aspiran a volver a lo de antes -a las fiestas y a los desconfinados vicios.

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