Relaciones familiares en tiempos de pandemia. Un caso real.

Mi hermana ha venido hoy a casa. No se ha quitado la máscara-bozal. Le he dicho: ¿eres creyente vírica? A partir de ahí ha surgido una discusión bestial a gritos. Mi hermana se quita el bozal para gritar mejor. Ha echado espumarajos por la boca. Yo le he dicho que se vacune. Me dice, gritando, que se vacunará si le sale del coño. Yo le digo que le van a obligar a vacunarse, y que la gente va a morir como moscas por la vacuna, pues el virus no existe. Dice que se vacunará si quiere y que a mí también me van a obligar. Yo le digo que me tienen que fusilar para vacunarme. Ella sigue chillando, diciendo que estoy loco. Yo le grito que es una gilipollas. Se enrabieta y dice que ella no se mete con la mierda de mi religión y con mi barba, y que si quiere se pone una escafandra para estar en la casa. ¡Vacúnate y muere!, digo yo.

Estás loco, hemos terminado tú y yo… bla bla bla… continúa ella.

¡La gente está muriendo de coronavirus!, dice la imbécil de mi hermana. ¿Dónde están los muertos? No han hecho autopsias, digo yo.

AAAAHHHH… gritos.

¡Vacunarse todos y morid! Digo yo.

Haré lo que me dé la gana, dice ella.

No. Os van a obligar a vacunarse para todo, para viajar, para trabajar, para comprar, etc.

AAAAHHHH… gritos.

¡Loco, imbécil!, grita ella. Hemos terminado, dice ella.

Adiós, grito yo.

Nota: Se trata de un mini-relato que realmente ha acontecido. No es una ficción.

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