Sé que soy culpable – Blues.

Soy culpable de todo lo que me acusas,
Soy culpable de todas estas desdichas.
No necesito ningún juez o jurado
Para saber que he hecho daño a mi amor.

Él solo era un extraño, uno más que pasaba,
No significaba nada.
¿No lo ves? Oh, él era…
Él era solo un extraño que pasaba.
No me dijo nada, pero lo leí en sus ojos.
Sé que mentí y que engañé,
Y sé que te lastimé mucho.
Oh cariño, hice algunas cosas malas
Y tienes todo el derecho a estar desquiciado.
Oh, soy culpable, culpable en primer grado.
Sé que soy culpable, oh, oh, oh,
Tírame algo a la cabeza.

Me han estado diciendo que no soy buena
Desde que era… era solo una niña.
Dicen que era una mala semilla cuando nací.
Ah, cuando yo muera
Nadie dirá de mí bonitas palabras.
Sé que mentí y engañé.
Y sé que te dolió mucho.
Oh, Señor, hice algunas cosas malas.
Y tienes todo… todo el derecho a estar desquiciado.

Oh, soy culpable. Soy culpable en primer grado.
No merezco… no merezco tu simpatía, tu bondad.
Oh no, no, no. Sé que soy culpable.
Soy culpable, oh sí.
Oh cariño, lo arruiné.
Arruiné todo este dulce amor, tu buen amor,
Tu buen amor que me diste.
Sé que soy culpable, oh sí.
Así que adelante, adelante,
Tírame algo a la cabeza.

-Deb Callahan

Adaptado al español por despojosdeoccidente

COMENTARIO:

Está bien, querida amiga, sabemos que te sientes, con razón, culpable. Sabemos que has arruinado el amor, tu amor, ese buen amor de ese buen hombre. Pero, o empero, tú no tienes, en verdad, la culpa. Seguiste las estelas de tus brumas mentales, ofuscadoras de la claridad mental, y desechaste lo que te beneficia en favor de lo que te perjudica y te hace mucho mal. Tu mente confundida anhelaba no aburrirse y experimentar excitantes cosas nuevas, movida por un nefando y malsano ambiente cultural materialista, deviniendo tus brumas mentales en tormentosas y tempestuosas tormentas tumultuosas que te atormentan, ahora, sin parar. Las desatadas emociones conflictivas, ahora, te desasosiegan, y por la brecha del dolor por el amor perdido vislumbras unas lucecitas de cordura. Es la cordura que te hace recordar que la quibla de la mujer, de cualquier mujer, tu quibla, oh mujer, no es pasártelo bien, a toda costa, de modo que el aburrimiento nunca medre, sino que la quibla de las féminas es su sagrada maternidad en la compañía de un hombre bueno al que poder amar, como ese al que desechaste, quizás por ser un aburrido de solemnidad que prefería la tranquilidad del hogar antes que las vanas distracciones callejeras.

Bien, no pasa nada, aún estás a tiempo, querida amiga, cariño mío, lucerillo de mi vida. Abre el Corán, reflexiona, estudia cual es el propósito de la vida y de la muerte, pon en práctica lo aprendido, sé desprendida y amorosamente desapegada, ama, sé compasiva, entrégate al amor filial y marital, quítate la mascarilla, ama al sol, ama a la luna, ama a las florecillas, ama a tu madre, que no es tu madre biológica, sino la Tierra, y seguro que cuando te mueras serán muchas las personas que dirán, acerca de ti, palabras bonitas, o bonitas palabras.

Después, en el silencio fecundo de la muerte, una vez que las silentes palabras del viento, de los pajarillos y de los insectos que deambulan sean las que hablen, todos anhelarán emularte a modo de inspiración auspiciosa para sus propias vidas, y puede que hasta alguno que otro derrame alguna que otra lagrimilla, aunque no de cocodrilo.

Recuerda y no olvides, cariño, es por tu propio bien y por la salvación de tu alma. Sé libre, libérate de ti misma, ahora.

Sé que soy culpable – Blues.

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