¿Por qué enfermamos?

“La enfermedad viene de ti y no la ves, la cura viene de ti y no la ves”

-Hazrat Ali.

La enfermedad es una manifestación aparente proyectada sobre el velo de las aparatosas apariencias que aparecen sobre el espacio-espejo-pantalla de la consciencia. Su expresión es una vehiculación de un desequilibrio interno, que se desequilibra para volver a equilibrarse y recobrar la salud. Esto quiere decir que la enfermedad va de dentro hacia fuera, y no de fuera hacia dentro. De “dentro hacia fuera” no significa de los órganos internos, sino de la interioridad de los órganos, una interioridad en la que no hay nada más que espacio, luz y energía. Cuando esos tres elementos, cuando esta tríade queda perturbada por la mente pensante confundida por las desquiciantes identificaciones del “yo-soy”, entonces deviene la enfermedad como la expresión del desequilibrio que implica no reconocer quiénes somos, es decir, no reconocer que somos luz eterna, no nacida y no muerta, en la perennidad de un espacio preñado de amor, paz y beatitud. Eso es lo que somos, pero lo hemos olvidado y por eso fuimos depositados en esta Torta Terrestre, para enfermar, envejecer y morir, de modo que en dicho tránsito por las causas segundas, recordemos la causa primera, que es increada y eterna.

De esta forma, o manera, es como los sabios ancestrales se aproximan al asunto de la falta de salud y la sanación, por medio del conocimiento de quiénes somos, y no por medio de las vacunas y de las venenosas medicinas de la medicina moderna.

Para lograr saber quiénes somos y sanar todas las enfermedades, las del corazón y las del cuerpo, es necesario saber que el saber relativo es un velo ofuscador de la verdadera naturaleza sobre la cual el ser humano, y toda la creación, está asentado. Una vez sabido esto, a nivel del corazón, deviene la salud y todas las enfermedades desaparecen esfumadas en la irrealidad de su propia nada, aunque estemos enfermos de una enfermedad incurable, pues a la luz del conocimiento de quiénes somos, la enfermedad brilla siempre por lo que es, claridad que aparece en la consciencia, y no por lo que aparenta: dolor, fiebre, tós, fobias, etc. Síntomas de que no estamos transitando por el camino de las luces, sino por el camino de las sombras.

Como la degenerada comunidad médica oficialista, esa recua de hijos de puta matasanos, no saben esto de lo que hablamos, se limitan a tratar los síntomas superponiendo una cortina química sobre ellos para que el paciente no sea consciente de ellos y se crea que ya se ha curado. Pero dicha actitud criminal de los médicos de la medicina no tradicional no ataca a la raíz del problema, la falta de luz en la consciencia del sujeto, de modo que la enfermedad, cualquier enfermedad, vuelve a manifestarse como fruto de un desequilibrio entre la realidad de lo que somos –luz- y la realidad impostada –el mundo del ego-.

El desequilibrio de la enfermedad es para que volvamos a equilibrarnos, para que volvamos a la luz después del extravío del desequilibrio, por lo que enfermar es siempre una muy buena noticia que debería ser recibida con jolgorio por los enfermos, aunque sea una enfermedad mortal, pues a fin de cuentas la muerte es la cura definitiva y la puerta de acceso a otros planos de consciencia de la trama existencial.

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Morir tratando de morir es una muy mala idea.

Mientras tanto, o mientras, a secas, mientras la hecatombe del virus fantasma covid sigue exhaustivamente la agenta criminal del deep state, los médicos, esos sinvergüenzas, seguirán diciéndole a la gente que usar la mascarilla es algo imprescindible para protegernos y proteger a los demás, y que la vacuna, cuando toque vacunarnos, será la solución definitiva para poder volver a lo de antes, a la vida despendolada de los vanos disfrutes desconfinados. Los médicos alópatas son unos hijos de la gran puta.

Por eso, como a los médicos de verdad (los homeópatas) sí que les importa la salud de la gente, se dedican a dar buenos consejos a sus pacientes, entre los que destacan los siguientes:

  1. No usar la mascarilla nunca, pues no sirven para protegerse de los virus ni de nada, y además respirar aire viciado es una actividad enfermizante y estresante.
  2. No respetar las sanas distancias de la nueva normalidad, sino que hay que socializar para tener sanas relaciones humanas. Hay que tocarse, besarse y abrazarse. Hay que empatizar y amar. Lo contrario implica desorden, desequilibrio y enfermedad.
  3. No hay que tener miedo a nada, ni a las enfermedades, ni a los enfermos, ni a la muerte. La vida no es más un velo que ofusca la verdad de la perennidad de las luces sempiternas que en el corazón moran, o habitan.
  4. Usar remedios naturales y tradicionales frente a cualquier enfermedad: infusiones de hierbas, quemar incienso, pasear por el bosque, ir al desierto para meditar, etc.

Sigan estos consejos si quieren vivir y morir sanamente, y desoigan al gobierno terrorista de España y a la indecente comunidad médica oficialista.

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