Un canto al Destructor de la duda.

SHANKARA KARUNAKARA

JAGADEESHWARA

PARAMESHWARA

SIGNIFICADO:

Shankara es el destructor de la duda, aquel por cuya invocación sincera a nivel del corazón, el corazón se apacigua y se disipa la espesura de la bruma de no saber quiénes somos, de no saber el sentido de la vida, de no saber nada de nada, más allá de cómo gratificar, mediante la explayación en los placeres efímeros, a este cuerpo-mente ilusorio que creo que es mío, cuando en realidad no es mío, sino que es un depósito depositado por Shankara sobre el espejo de la consciencia para que a través de su forma desentrañemos (o desentramemos) la realidad de su no-forma, que es sin-forma y más allá de esto o de aquello reside.

Shankara es el destructor de la duda, aquel por cuya invocación sincera a nivel del corazón hace que nos elevemos por encima de las causas intermedias, hacia la causa primera y última, a bordo de la nave del amor más puro y guiados por la firme resolución de la fe en lo que somos -luz-, tras el impostado, sombrío y ofuscador velo de las apariencias.

Shankara es el destructor de la duda, el amoroso, el misericordioso, el compasivo que con infinito amor despliega y sostiene este dominio, este plano existencial (aquí somos terra-planistas) para que lo echáramos de menos y anheláramos el feliz re-encuentro con Él, la Única Realidad, tras el abandono de lo que no es Él, el mundo del ego, es decir, el mundo de las realidades impostadas.

Shankara es el destructor de la duda, el Uno-Único, el Hacedor Eterno sin necesidad de manos, el Originador no originado, el Creador increado, el perfilador sin forma de las formas que perfilan este efímero mundo de formas efímeras e inconsistentes, esto es, que no tienen consistencia real; un mundo que Él emanó de Sí mismo para verse a Sí mismo, para amarse a Sí mismo, para gozarse a Sí mismo, lo cual implica no amar ni gratificar a lo que creo ser (el ego), en detrimento de lo que soy de verdad: uno con el Uno.

El sentido de la vida es saber quiénes somos, no tratar de disfrutar lo que se pueda, como piensan los patéticos occidentales, especialmente las mujeres occidentales, aunque los hombres occidentales les siguen muy de cerca. De todas formas, o maneras, ya da todo igual, pues el genocidio de la vacuna anticovid es inminente. De aquí al 2030, ya no tendrán preocupaciones, pues los sobrevivientes habrán sido conectados a la “nube” –la IA que les dictará lo que deben hacer, sentir y pensar.

Pongan la imagen que pongan en el centro, se trata solo de eso, de una imagen, de una irrealidad; la única realidad es la del marco-soporte, o sea, el espacio que soporta la impostura, la cual no es más que la energía que preña el espacio, solidificada por una querencia egocentrista. Saber esto, saber que el centro está vacío, es de vital importancia para no morir de manera indigna, como no muere ni un perro, con el bozal puesto, con miedo, sedado, entubado, tras haber desperdiciado la vida en vanos placeres, entre los que destacan viajar y follar.

Se fragmentó el espejo de su unicidad pura en las miríadas de espejos de las consciencias de los hombres. Ella quiso verse desde fuera de Sí misma, y por eso creó la creación, el mundo y al ser humano, a su imagen y semejanza. Por eso el que ve el mundo con SU ojo solo ve pureza y belleza, y el que ve el mundo con su ojo mundano solo ve dificultad, precariedad, muerte, obnubilantes disfrutes pasajeros, máscaras, mascarillas.

Shankara es el destructor de la duda, y nosotros somos su siervos, sometidos a Él y temerosos solo de Él, temerosos de medrar en lo que no lleva a Él y produce el enquistamiento de las imperecederas luces que se asoman a la consciencia, quedando así veladas tras las capas y capas de las sombras de los miedos, de las emociones conflictivas, de los apegos, de las dudas.

¿Acaso no ha llegado ya la hora de recobrar la cordura? ¿Acaso no ha llegado ya la hora de desobedecer al gobierno terrorista de España? El extravío ha ido ya demasiado lejos, y ya es hora de volver al origen, si no voluntariamente, por la fuerza impetuosa de las impetuosas, fulgurantes y fulminantes luces de Layla, que pronto vendrá a reclamar lo que es suyo, quedando el mundo aplanado y todo lo que no es Ella, extinto.

Y por supuesto, que nadie se vacune. Que se vacunen los políticos y las putas de sus madres, así como la policía nacional perruna.

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