¡Que nadie se vacune!

Correcto, que nadie se vacune. Toda la gente de bien, los negacionistas víricos, es decir, los únicos dignos de recibir el apelativo de seres humanos, debido a que han sido capaces de utilizar el don de la inteligencia y la libre indagación para llegar a la sabia conclusión de que no hay tal pandemia, sino una PLAN-DEMIA catalizadora de un cambio de modelo-paradigma a nivel social, individual y global de la planicie de la Torta Terráquea… todos los negacionistas, decimos tras esta larga frase a modo de interludio, estamos de acuerdo en no vacunarse, y problema resuelto.

Empero, o pero, el problema gordo es que, nos tememos, 35 millones de españoles se van a vacunar encantados, pues en España hay, como poco, 35 millones de zombis que harían cualquier cosa por poder recobrar la nada normal anormalidad de la normalidad previa a la nueva normalidad del virus fantasma, lo cual incluye vacunarse y morir para poder disfrutar de la vida desconfinadamente –menuda incongruencia. Unas muertes que el sistema achacará a nuevas variantes mutadas, a cada cual más rara e insospechada, del covid19.

El resto de malos e irresponsables ciudadanos, los negacionistas, en fases graduales serán aislados y exterminados, a su debido momento, cuando toque; pero ese toque será sin duda antes del año 2030. No serán tolerados, bajo ningún concepto, focos incontrolados de infección, aunque dichos vectores de transmisión vírica sean pocos vectores y aislados.

“La ciudadanía de bien -los vacunados- no puede tolerar a los intolerantes irresponsables negacionistas de la religión covid, que entre todos nos hemos dado para poder vivir y convivir como es debido, pues lo contrario, o sea, tolerarlos, supondría un enorme riesgo inasumible para la salud pública y los disfrutes despendolados. De forma, o manera, que es mejor aplicarles un tercer grado a esos inadaptados a la nueva normalidad beatífica y saludable del dios corona. No podemos transigir ante los intransigentes negadores de la verdad vírica revelada”. Eso dirá la TV, dirá que hay que exterminarlos por el bien común, y todo el mundo lo verá correcto.

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Los robots recepcionistas llegan a los hospitales europeos (consalud.es).

Y seguirán llegando los robots hasta acaparar todas las órbitas, o facetas, de la vida del paradigma post-industrial que el agente covid está demoliendo para dar nacimiento al nuevo paradigma transhumanista, en el cual el ser humano es un incordio.

En total le sobran al deep state 7 mil millones de personas, más o menos. En el nuevo modelo-paradigma transhumanista regido por una IA y los robots, los seres humanos son un estorbo. Es indeseable tener que mantener vivos y comiendo, al menos dos veces por día, a las muchedumbres de ociosos desocupados, cuyas ocupaciones previas a la era transhumana pasarán a ser ocupadas por robots en la nueva era, regida esta por una IA cuántica e interconexiones de nanotecnología injertada en los sobrevivientes a la vacuna y a la guerra nuclear, que será breve pero devastadora.

Se trata, en definitiva, de que estamos ante el agotamiento del modelo-paradigma de imprimir-falsificar dinero y prestárselo a todo el mundo, lo cual provoca unos burbujones de bienestar cada vez más exiguos que, inevitablemente, siempre explotan, pues casi todo lo que genera un país va al pago de la deuda infinita y a costear los servicios públicos, cada vez más necesarios para que la masa de gente no viva indignamente y cada vez, a la misma vez, más precarios. Así pues, o pues, a secas, como la tecnología ya está muy desarrollada y el deep estate se lo puede permitir sin que nadie se lo impida, van a matar a las 7 mil millones de personas que en el paradigma futuro no tienen cabida, pues si tuvieran cabida habría que alimentarlos y darles un hogar por no hacer nada, tan solo vegetar en casa, jugar a la play, ver Netflix e ir a votar cada cuatro años.

Esta es la razón de ser del covid y de la vacuna: matar a la gente, a mucha gente. En cuanto a los sobrevivientes, unos 500 millones de personas, una parte será destinada a los empleos manuales que los robots no harán: trabajos sexuales y trabajos orientados al sector servicio para servir a la élite, los cuales prefieren ser servidos por humanos antes que por máquinas. El resto de supervivientes vivirán una vida online en los cubículos de sus casas-colmena, sin hacer nada, a la espera de ser recolectados para experimentaciones científicas de manipulación genética, para preñar a las mujeres en los laboratorios o, simplemente, para exterminarlos cuando hayan vivido su cupo de vida asignado por la IA.

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Hollywood maneja información precisa. La distopía hacia la que nos dirigimos hará palidecer la distopía de la película MATRIX.

Se  trata, sin duda, de un mundo feliz, al cual está siendo conducido el ganado humano, inadvertidamente; un mundo de 500 millones de ciborgs, mitad tecnológicos y mitad biológicos, que recibirán puntos de buena ciudadanía en función de su obediencia y eficiencia según los parámetros de la nueva normalidad transhumanista. En dicho mundo feliz las emociones humanas habrán sido reducidas a nivel ZERO, el sexo no existirá, pues los bebés serán fabricados en laboratorios haciendo uso del esperma y de los óvulos de los confinados, no existirá tampoco el lenguaje verbal hablado “face to face”, sino una comunicación meramente virtual a través de los preceptivos interfaces protocolarios 9G. Un mundo en el que nadie sabrá que alguna vez existió otro mundo de luz y de relaciones humanas sanas y amorosas, un mundo de beatitud en perfecta armonía con la naturaleza, un mundo humano… todo eso será borrado de los registros de memoria de los confinados, de los ciborgs, y en su lugar será proyectada una realidad virtual en función de los requerimientos del sistema: una realidad ora divertida y fascinante, para entretener al personal; ora tenebrosa y atemorizante, para tenerlos siempre sumisamente asustados y obedientes; ora, simplemente, neutra, plana, aséptica –Netfix, comida basura, masturbación, dormir, votar.

Ese es el mundo que le espera al ser humano, excepto a aquellos que sepan morir dignamente como hombres completos, no vacunados y libres.

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