Tal y como es adentro, es afuera.

Si el mundo está adentro de uno,

Afuera

¿Pa qué mirá?

-Anónimo

Se trata, en esta ocasión auspiciosa, de la letrilla de una coplilla flamenca, cuyo autor es anónimo, al menos para nosotros. El flamenco es la mezcla, o fusión, o fundición, de la música andalusí, o sea, de los moros de al-andalus, con la música de los gitanos, que añadieron de su propia cosecha, como pueblo errante, lo necesario para el devenir de lo que luego, o aluego, se vino a conocer como flamenco.

De ahí el abusivo, pero no por ello desagradable, empleo del vocablo “olé”, esto es, “Allah” –Dios, entre los intérpretes de dicho noble arte. Todo el mundo que ha viajado, no por placer como hacen los degenerados occidentales, sino por la búsqueda del saber, sabe que los musulmanes tienen todo el rato la palabra “Allah” en la boca, la cual repiten a cada instante: cuando se golpean un dedo con un martillo, cuando estornudan, cuando reciben una buena noticia, cuando reciben una mala noticia, cuando se reúnen para hacer Dzirk y cantar poesía alusiva a Dios, cuando, en definitiva, acometen o les acontece cualquier cosa, buena o mala, pues todo viene de Allah y en todo, el creyente, obtiene un beneficio espiritual; no así los ateos, que ante el bien solo experimentan una vana excitación, y ante el mal, solo se deprimen.

Nosotros, como no somos ateos, es decir, que no creemos en la superstición de la evolución por azar desde el mono, y este desde una ameba, por azar también, entonces de todo, bueno o malo, sacamos un provechoso provecho espiritual que nos hace solazarnos a nivel del corazón; algo que escapa al alcance de comprensión de los que solo viven por vivir, o sea, para no morir, es decir, los creyentes en la religión Corona –el 99.9% de los españoles.

Dicho esto, decimos ahora esto respecto a la coplilla de hoy:

El mundo es una emanación amorosa, amorosamente sostenida por el Creador increado, proyectada a modo de film sobre el espejo de la consciencia para que juguemos a desenredar la trama de las causas intermedias y que sea la Causa Primera –la luz-, la que en todo momento brille, y no las sombras de lo que creemos ser –la película del “yo soy”.

El mundo está dentro de uno, por la sencilla razón de que ese “uno-yo” no existe, sino que es solo una impostura, una creencia de realidad, cuando en verdad la única realidad es la de la luz que todo lo alumbra, que todo lo sostiene y que todo lo penetra. La prueba de esto es que si indagamos dónde reside la identificación del “yo”, vemos que no se ve nada, pues el “yo” es solo un espejismo de realidad, es decir, una irrealidad a la que le atribuimos la condición de real. Yo no soy el cuerpo, pues este ya existía antes que yo; todas sus partes son una creación previa. Yo no soy lo que pienso, porque cuando no pienso sigo siendo, aparentemente, “yo”. Yo no soy lo que tengo, porque lo que tengo no viene de mí, sino que ya existía antes de ser este “yo”. De esta forma vemos claramente que el ser humano no es, ni posee, nada, sino que cree ser y cree poseer, o sea, que vive en la ilusión de un sueño toda su vida, hasta que muere y despierta a la realidad de lo que realmente es, tras el velo de la impostura; una realidad donde la inercia de la consciencia sigue sumando fases existenciales nuevas en función de las fases existenciales previas.

De esta forma, si en vida la consciencia anduvo nublada por las peregrinas nubes de los pensamientos-emociones erráticos y caprichosos, como por ejemplo no saber si somos hombres con vagina o mujeres con pene, entonces lo que pasa es que pasa que la consciencia sigue encapotada tras la muerte, y no ve la luz; mientras que si en vida la consciencia se habituó a la luz, entonces la luz se reconoce a sí misma, tras la muerte, y las luces de la consciencia hija (o mundana) y de la consciencia madre (o universal) se funden en una sola luz, y el sufrimiento de vivir en la irrealidad proyectada del “yo” se apaga definitivamente.

Y como mensaje final para los creyentes en el virus Cobi: ¡suerte con la vacuna! Cuando mueran… disfruten del viaje.

Y una pregunta corolárica para los niñatos influencers expertos en vivir bien y en triunfar en la vida: si el mundo está dentro de uno, entonces, ¿qué es ese mundo de ahí afuera?.

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