Un poema de no muerte.

Los poemas de muerte

Son una mera ilusión –

Muerte es muerte.

-Toko (Nacido a la verdadera vida en 1795)

COMENTARIO:

No hay necesidad alguna de escribir un poema de muerte a modo de despedida de la vida, pues la vida y la muerte son meros espejismos, siendo la máxima aspiración y la más noble meta de aquellos que lo saben, cultivar el amor y la compasión hacia aquellos que no lo saben.

De esta forma, sabiendo que el que se despide no se despide, pues nunca llegó, es como los verdaderos hombres, los hombres de Dios, afrontan la muerte y afrontan la vida.

Como los destellos reflejados de una esplendorosa luna llena reflejada sobre unas refrescantes, cristalinas y mansas aguas; como el repiqueteo caprichoso y luminoso del rocío mañanero cuando, fugaz y casi inadvertidamente, amanece; como el frágil vuelo de las delicadas mariposas, tan tiernas y amorosas; como los copos de nieve que amorosamente se recuestan sobre el amoroso regazo del señor de los montes –el Monte Meru; así es la vida de los que aprovecharon sus vidas, de modo que cuando mueren no tienen necesidad de despedirse, ni mucho menos de ir al médico para retrasar lo inevitable. La muerte es solo muerte, al igual que la vida es solo vida. En ambos estados uno ha de permanecer imperturbable, sereno, con una ecuanimidad que sea asombrosamente deslumbrante. Una vez alcanzada tal meta, rajarse el vientre es cosa fácil.

Un cuadro de Isabel Guerra, la monja pintora.

Somos siervos devotos y fieles amantes de Layla –la mujer primigenia.

DEDICADO A ELLA

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