El ritual de asfixia va a continuar, con o sin vacuna.

Estamos muy contentos hoy, no sabemos si más contentos que ayer, pues nuestra mente es cortoplacista, es decir, que se mueve en el ámbito del cortoplazo de la eternidad del presente instante, por lo que lo olvidamos todo justo en el mismo momento en que las cosas acaecen, o acontecen; en cuanto a los recuerdos de los acontecimientos, o a los pensamientos del futuro, para nosotros no son más que luz, ya que el ojo no está en las sombras que proyecta, sino en el foco alumbrador que las hace ser, esto es, que las alumbra, esto es, que las imposta en la trama existencial de las causas intermedias. Pero como nosotros estamos asentados, establecidos, en la Causa Última, o Primera, o Causa incausada, nada nos preocupa, por lo que nos dedicamos a gozar de la desnudez de Layla -la mujer primigenia, una vez liberados de los artificiosos artificios del artificioso “yo” personal.

Estas cosas no se entienden hoy en día porque estamos viviendo el fin de los tiempos, razón por la cual ya casi no hay seres humanos, sino covidiotas, maricones y demócratas.

La razón de ser de nuestra felicidad de hoy, como decíamos al inicio de la presente misiva dirigida a la humanidad remanente superviviente de la agenda covid19, es que hemos perfeccionado nuestro arsenal con un arma letal antizombi, la cual nos servirá para salvaguardar nuestra sagrada humanidad incontaminada y repeler a las hordas de desesperados cuando nos encuentren, si es que nos encuentran, que lo dudo. Se trata del AK-74M, una maravilla de fusil de asalto. Fabricación rusa.

Sabemos que le van a seguir apretando las tuercas al ganado humano; sabemos que el ritual de asfixia va a continuar, con o sin vacuna, o sea, que ya no se van a quitar más el bozal; sabemos que la deshumanización rampante va a seguir su incontrolado desparrame hasta sus finales consecuencias –vida 100% online; sabemos que la agenda covid19 va a proseguir hasta la consecución final de sus finales objetivos. Una agenda covidiana que irá paulatinamente adaptándose a las nuevas cepas víricas, a las nuevas enfermedades X planificadas y a las nuevas amenazas espaciales, con vistas a que la gente se mantenga en un estado de terror obnubilante e inconsciente que le permita al deep state vacunar a todo el mundo, es decir, matar al sobrante humano que en la nueva era transhumanista, de robots teledirigidos por IA, no tienen cabida.

En el proceso hasta despoblar el planeta para hacer de él un mundo sostenible acorde al nuevo paradigma transhumanista, la gente va a ir siendo gradualmente acorralada por las medidas absurdas antivíricas, tendentes a traumatizar al ganado humano para que acepte lo que sea con tal de volver a lo de antes del bicho, aunque ese “sea” sea morir, quedar esterilizado, quedar con el sistema nervioso tocado, quedar paralítico, etc.

A los que no mueran no les espera nada halagüeño, y menos aún a los que queden mermados físicamente o mentalmente. A los sanos los van a convertir en ciborgs enchufados a la “nube” tras desgajarles los restos de consciencia humana que pudieran conservar, y a los mermados los van a exterminar, directamente.

En el proceso de transmigración de la vieja normalidad hacia la nueva normalidad transhumana van a ocurrir cosas horrendas. La desesperación por no poder volver a lo de antes –a trabajar para costearse los vicios- se va a transmutar en desesperación por echarse algo a la boca para comer. El dinero cash va a desaparecer (se viene la moneda única digital), el trabajo no-robótico va a desaparecer, y las hordas de zombis famélicos lo arrasarán todo, empezando por los supermercados y luego continuando casa por casa, en busca de algo que comer y que beber. Se llegará al canibalismo. Es necesario que estas cosas ocurran para reiniciar el sistema. Destruir para construir. De eso va la película covid19.

Hemos llegado a tal punto en el deterioro de la condición humana que los padres están encantados con que torturen a sus hijos con el bozal y pasando frío en los colegios (ventanas abiertas por real decreto para ventilar los virus), de modo que el escarmiento que va a sufrir esta generación va a estar a la justa medida de lo que se merece, por infames.

Nosotros, empero, estamos perfectamente preparados para los demoledores estragos del fin de las eras, tanto a un nivel espiritual como a un nivel material. Ya hemos dicho que nuestro arsenal ha sido actualizado con un arma letal, el AK-74M, con el cual esperamos, y lo vamos a hacer, liquidar a cualquier zombi que se nos ponga por delante, así como a cualquier perro que venga a nuestro zulo a vacunarnos.

FIN

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