A las puertas del abismo.

Estamos a las puertas de algo inaudito, insospechado por los ateos, incomprensible, desconcertante para los hedonistas y para la gente de mal vivir en general, la mala gente, aquellos que viven por vivir, meramente para los vanos disfrutes, razón por la cual ahora van gustosos al matadero, por su propio bien y seguridad -así piensan que pronto se podrá volver a lo de antes.

2020 marcó el inicio de la cuenta final hacia la final abominación desoladora, pues es necesario que la debacle ocurra para hacer de este mundo -que no se sostiene- un mundo que se sostenga, o sea, sostenible, o sea, despoblado e incontaminado, una vez eliminado de la ecuación existencial el agente contaminante y propiciador de la insostenibilidad planetaria del plano terráqueo –el ser humano.

¿Qué es la gran tribulación?

La gran tribulación es el éxtasis, el clímax,  de la culminación del proceso deshumanizador del ser humano, iniciado con la caída de Adán y Eva del paraíso de la presencia única –el ámbito puro de la luz infinita. Ahora la bestia tiene la tecnología para hacer lo que pretende hacer, y lo va a hacer sin que nadie pueda impedírselo.

Para llegar a la puerta del abismo, para llegar a los bozales, a las sanas distancias, al alejamiento de los semejantes, a la vida online, al control, a las vacunas asesinas… previamente hubo que preparar el terreno para moldear al ser humano en la indolencia, la decadencia y el pasotismo espiritual –relativismo moral, apología LGTB, materialismo, ateísmo, vivir para no morir (y no para saber quiénes somos y por qué fuimos depositados en la Torta Terrestre).

La bestia antigua, Iblis, no aceptó postrarse ante la imagen y semejanza de la creación magna de Allah –el ser humano, de modo que no reconoció la emanación lumínica de la luz de Dios como siendo luz, sino como tinieblas –las propias tinieblas de su cerrazón y enquistamiento en su sí mismo, su “yo” separado de la fuente. Luego llegó la caída, la toma de consciencia de la dualidad separada del origen, junto con la guía para activar el recuerdo de la luz y el plazo dado a la bestia hasta el día de la distinción, el día en el que cada alma depositada en la Tierra se unirá a su igual, en las luces o en las sombras.

Pero antes de eso, antes del alarido de la Trompeta convocadora convocante que nos convocará a la planicie de la Verdad Una y Única, la bestia tratará de ennegrecer el espejo-consciencia del hombre, para que nadie refleje la luz del Creador, sino las tinieblas del maligno, nuestro enemigo jurado y perpetuo. De ahí la deshumanización, el borrado de la faz humana de esta trama existencial, cuyo simbolismo es la mascarilla-bozal; de ahí las sanas distancias, el miedo al prójimo, los confinamientos perimetrales o no perimetrales, la vida online, las vacunas asesinas y el control de los sobrevivientes, que solo pensarán, harán y sentirán lo que la bestia les descargue desde la “nube” –una Inteligencia Artificial cuántica y centralizada.

Ustedes han de esperar, de aquí al año 2030:

Campañas anuales de vacunaciones  anti-covid para ir diezmando al ganado humano, inadvertidamente. La inmunización nunca se va a alcanzar, pues todos los años hay gripe, y la gripe de toda la vida es lo que ahora llaman “covid”.

Persecución del remanente fiel a la verdad, al amor, a la vida sana y a Dios (los negacionistas víricos). Es decir, aquellos que pretendan seguir viviendo como seres humanos, y no como zombis, no serán tolerados, y por el bien común serán recluidos en campos residenciales seguros –eufemismo de campos de concentración, donde serán exterminados.

Los 500 millones de supervivientes a las vacunas asesinas, y otras pestes que están por venir -mini guerra nuclear, hambruna, algaradas zombi de los desesperados, canibalismo, suicidios-, serán transhumanizados, o sea, despojados de sus últimos restos de consciencia humana, convertidos en ciborgs y conectados a la “nube”, la cual les dictará sus impulsos vitales. Estos ciborgs serán empleados en trabajos sexuales para la gratificación sexual de la casta parasitaria, además de servir para experimentaciones científicas de todo tipo –clonación, adulteración de la secuencia genómica para ver que sale, fusión de lo biológico con lo tecnológico mediante nano-tecnología… en definitiva: jugar a ser inmortales –posthumanismo y asignación de un avatar digital y eterno a cada individuo, que se perpetuará ad infinitum sin necesidad de un soporte biológico.

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Las puertas del abismo han sido abiertas.

Al no haber ya seres humanos sobre la faz de la Torta Terrestre, es decir, al no haber nadie sintonizado-conectado a la luz del Creador, la bestia espera que el grito sintonizador de la llamada-trompeta convocadora del Día del Juicio no sea oído, pues todos estarán enfocados-sintonizados en torno a las tinieblas de la rampante deshumanización generalizada propiciada por el maligno. De esta forma, o manera, pretende la serpiente antigua vivir para siempre en una nueva tierra-matrix existencial construida a su medida, y eludir así el Juicio Divino.

De esto va la película “covid: una odisea hacia el exterminio”.

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