Aprender a morir para aprender a vivir.

Por nada del mundo muráis sin estar sometidos –muslimun.

Corán –Sura Ali Imran.

REFLEXIÓN:

No estamos capacitados para comentar el Noble Corán, de modo que la siguiente reseña no es un comentario de la Palabra Sagrada del Hacedor Eterno Que No Deja de Actuar, sin necesidad de pies ni de manos, sino una reflexión personal.

Morir en estado de negligencia espiritual es una falta, una imperdonable trasgresión, un pecado mortal, esto es, que es faltar a la responsabilidad propia e inexcusable como depositarios de un poso de luz procedente del tabernáculo de todas las luces, es decir, del foco alumbrador que todo lo alumbra, o ilumina.

Hacer dejación de dicha responsabilidad durante toda una vida vivida tras vanos afanes, conlleva, es decir, implica, es decir, induce, es decir, cataliza, morir velado, lo cual conlleva renacer velado, pues la consciencia es un espejo que solo refleja aquello que al espejo asomamos. Coroláricamente hablando esto indica que lo contrario a morir lucida y preclaramente, es morir enajenados y en estado de profundo olvido acerca del porqué se vive y del porqué se muere.

La buena noticia, empero, o pero, es que basta un solo instante de lucidez y claridad de corazón y de espíritu para despejar los eones de tinieblas que arrastramos por imputación de la impostura egocéntrica, esto es, del personaje que creemos ser en detrimento de lo que realmente somos -luz infinita, pues de la fuente de luz infinita no estamos separados, de modo que basta con encender una chispa, o chispero, de dicho conocimiento liberador, o sea, trascendente, para que los densos nubarrones del olvido se disipen y claree la luz de la Verdad Eterna –esa Verdad que los ateos y las gentes de mal vivir niegan, pues piensan que venimos del mono por azar y que la finalidad de la vida es disfrutar lo que se pueda antes de la siguiente pandemia, que será la definitiva.

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ACLARACIÓN IMPORTANTE: la siguiente pandemia será la manifestación de los demoledores estragos para la salud, mental y corporal, de la presente campaña de vacunación masiva universal. A todos esos efectos perturbadores para la salud le llamarán “pandemia 2.0”, la cual exigirá nuevos encierros y nuevas vacunas para seguir matando a la gente. No olviden que el “goal prime” de la agenda covid es la reducción poblacional para hacer de este mundo, que ya no se sostiene, un mundo que se sostenga. Con 500 millones de hombres-simios, debidamente sodomizados y transhumanizados, es suficiente para erigir el paraíso en la Tierra, milenariamente anhelado por el pueblo elegido.

Y luego de este lapsus, esto seguimos diciendo acerca del vivir y del morir:

Morir lucidamente, tras toda una vida errada y plagada de errores, o sea, de pecados, es una bendición. No pierdan esa maravillosa oportunidad, cuando encimen la muerte, de morir como Dios manda, sometidos solo a Él, insometidos a todo lo demás y en perfecta paz de espíritu; como verdaderos musulmanes.

Huelga decir, pero lo decimos porque la cosa está muy mala, que el insometimiento de los que se han sometido solo a  Allah implica no someterse a nada que contravenga los valores trascendentes que catalizan la trascendencia, o sea, la no fijación a las fijaciones que afianzan, refuerzan y fijan la falsa idea de un “yo” separado que se perpetúa impostadamente en el ámbito puro de la perfecta pureza de la manifestación iláhica. Por manifestación iláhica entendemos lo que todos los hombres de sanas entendederas entienden -la luz que todo lo alumbra. Sobre ese alumbramiento de la luz infinita los hombres deambulan sus personajes proyectados, esto es, alumbrados, hasta que recuerdan, limpian el espejo de sus consciencias y vuelven a la luz, tras quedar el herrumbre de lo que “no es Ella disuelto en la irrealidad de su propia nada.

Estas cosas conviene tenerlas muy en cuenta y no desatenderlas, con vistas a no desperdiciar la vida, con vistas a morir lucidamente y con vistas a vivir gozosamente la verdadera vida que tras el umbral de la muerte comienza.

No cabe duda, o sea, sin duda, que las vistas de los sometidos a Allah (los musulmanes) y las vistas de los sometidos al mundo (los kuffar) serán vistas muy diferentes, muy disonantes, contrapuestas; y ello se debe a que las vistas post-mortem dependen de las vistas pre-mortem, de modo, o manera, que el que medró en la luz, vera a las luces alumbrando los luminosos paisajes paradisiacos, repletos de pabellones rebosantes de bellas Huríes, puestas y dispuestas para el gozo, el sexual incluido, aunque el placer sexual no será nada en comparación con otros placeres que aguardan a los rectamente guiados. Sin embargo, o no obstante, el que medró en las sombras, no verá sino las sombras de las simas abisales, no repletas de amorosas vírgenes dispuestas al placer, sino de demonios, los mismos demonios que ya en vida los atemorizaron, los aterraron.

Sin duda que todo lo bueno de esta vida, es un reflejo de la Otra Vida. Y todo lo malo de esta vida, es un reflejo de la Otra Vida.

Ello se debe a la fractalidad existencial -cuya comprensión escapa al alcance de comprensión de los ateos-, que hace que tal y como es abajo, sea arriba; que hace que tal y como es adentro, sea afuera. Y viceversa.

Así concluye esta reflexión personal acerca del signo coránico:

“Por nada del mundo muráis sin estar sometidos –muslimun.

¡Que redunde un beneficio para todos los seres sintientes, o que no redunde!

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