Otro poema de muerte, puede que el último.

En primavera, los cerezos en flor;

En verano, el canto de la chicharra;

En otoño, los tonos ocres;

En invierno, la pureza de la nieve.

-despojosdeoccidente.

COMENTARIO:

Ayer sufrimos una desilusión, ya que no morimos, sino que vivimos para contarlo un día más y ver el deleznable espectáculo en que se ha convertido España, y el mundo en general. Para amenizar la espera mientras esperamos que la muerte venga a terminar de desprender los últimos velos que nos separan de nuestra Amada Eterna, hemos escrito este sencillo canto a la muerte al estilo tradicional japonés, cuyo significado profundo es que la vida y la muerte están entrelazadas y no son entidades separadas, de modo que nada se extingue ni perdura ni renace, sino Ella, la mujer primigenia engalanada con las luminarias imperecederas, omnialumbradoras, omniabarcadoras, omnipenetrantes y siempre bellas.

Ni en primavera ni en verano ni en otoño ni en invierno, hay otra cosa que no sea la belleza desbordada, reflejada del espejo de la Belleza Eterna de Layla, lo cual quiere decir que el resto de realidades son impostadas, ilusorias, irreales… meros espejismos de realidad que el espectral “yo” enquista, solidificando así el ámbito de la manifestación e  imposibilitando la vuelta al origen de la eternidad del eterno instante presente; pues, como todos los verdaderos hombres saben, cuando estoy “yo”, no está Ella, y cuando está Ella, Ella soy “yo”.

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La belleza no es un valor relativo, como piensan los degenerados occidentales, es decir, que no es bello aquello que a cada cual le resulte bonito, sino que la belleza es un valor absoluto que, a modo de reflejo, se refleja en los reflejos reflejados de este mundo perecedero, y que tiene su forma de expresión en la miríada de expresiones en las que la belleza se expresa. Por eso, las formas tradicionales (o sea, humanas) son siempre bellas, y las formas degradadas de la modernidad son siempre feas. Es propio del fin de los tiempos la proliferación de enfermos mentales que no ven así las cosas y llaman a lo feo -bonito.

Entender esto es muy importante para no sucumbir a los designios de la bestia de las eras, vehiculada a través del gobierno terrorista de España, y de casi todos los países, todos ellos al servicio del deep state. En definitiva, comprender quiénes somos y por qué fuimos depositados en la Planicie de la Tierra es la llave del éxito post-mortem y la clave para morir y renacer lúcidamente, completamente ajenos a los bozales, a las sanas distancias, a los confinamientos, a las drogas-medicinas ofuscadoras de la claridad mental, a las vacunas asesinas, a los hospitales (centros de exterminio) y, en general, a todos los actos de terrorismo que los terroristas del gobierno de España, y del resto de países, están acometiendo con vistas al advenimiento de la nueva era transhumanista de I.A. (Inteligencia Artificial) y robots inteligentes, lo cual pasa por matar al sobrante humano –unos 7 mil millones de personas, más o menos, que no tendrán cabida en el mundo feliz, globalizado, tecnocrático, sin libertades individuales, descontaminado y despoblado que se avecina.

Cuando se sabe esto, el miedo a vivir y a morir desaparece, y ni la vida ni la muerte hacen declinar la incomparable visión de Sus indeclinables esplendores.

No saber esto implica vivir en una desilusión perpetua que se perpetúa a lomos de la errónea creencia en que venimos del mono y en que a la vida se viene a disfrutar lo que se pueda, razón por la cual ahora todos están ilusionados en que gracias a los bozales, a las sanas distancias y a las vacunas asesinas, podremos volver a lo de antes del virus fantasma. Empero, toda forma de ilusión es un velo obturador de la claridad de consciencia, por lo que desilusionarse es una bendición, en aras de nuestro asentamiento definitivo en los luceros subyacentes a la opacidad mental del “yo soy”; unos luceros que cuando lucen, lo hacen en detrimento de los quistes de las tendencias egocentrísticas que ilusamente proyectan las sombras de la ilusoria creencia en este falso “yo”, el cual no es más que una máscara de la realidad, cuya función es similar a la función del bozal-mascarilla, esto es, taponar las vías respiratorias de la Verdad para que la mentira sea la que medre.

En el fractal de la Totalidad, el uso de máscara implica que la Verdad brilla por lo que no es: la impostura del “yo” y lo “otro” (la dualidad); y en el fractal del ámbito de la criatura humana, el uso de máscara facial (el bozal) implica que el ser humano ha dejado de ser “humano”, y no es más que ganado siendo conducido al matadero, por su propio bien y seguridad.

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DEDICADO A ELLA, CON AMOR.

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