La única forma de derrotar al COVID es sustuir el mundo real humano por mundos virtuales, según expertos.

Metaverse, la odisea de la pandemia 2020

Por sondas.blog

Siguiendo la máxima popular de “hombre precavido vale por dos”, los cineastas de Hollywood dados a la ciencia ficción siempre han puesto un precavido lapsus de tiempo entre sus fantasías “científicas” y la fecha en la que, supuestamente, deberían tener lugar. Así, la Odisea del espacio de Kubrick se llevaría a cabo en el 2001, 33 años después del estreno de la película –una generación. Muchos habrán muerto y de entre los supervivientes, ¿quién iba a recordar que había llegado el año de la Odisea? También en Virtual Revolution se traslada la acción a un París de 2047 –otros 30 años de por medio.

Sin embargo, en el caso de la pandemia la fantasía se ha establecido el mismo año de su fabricación. ¡No hay tiempo que perder! Ya no se trata de creaciones hollywoodenses –ahora tenemos los medios para transformar al hombre y a su mundo. Bien, y ¿de qué se trata? Podéis llamarlo “Metaverse”. “No es mío el término en cuestión”, confiesa Zuckerberg. Lo tomó de la novela de ciencia ficción Snow Crash, de Neal Stephenson, publicada en 1992. La historia no es nueva –si el universo, el mundo, la existencia, no es un juego de ordenador, entonces creemos uno en el que nos podamos meter y navegar a nuestras anchas. ¡Buena suerte! “Un momento, tan solo he tomado el nombre. La historia es más simple, pero no menos sugestiva y excitante”, continúa Zuckerberg. “Se trata de ESTAR en vez de VER. Tú no estás, pero experimentas la misma sensación que si estuvieras. Caminas por Nueva Deli, te compras una bandeja de cobre, alguien te roba la cartera, le persigues, llega la policía… tú creas los escenarios, los desenlaces… Tú eres tu propio dios.”

Veamos los significados detrás de estas expresiones. Metaverse es ya un híbrido tipo coche tesla de Elon Musk. Por una parte, tenemos “meta” traído del griego –más allá de algo; y por otra, tenemos “verse”, una derivación regresiva de la palabra latina, universus –universo. Literalmente, lo podríamos traducir por “más allá del universo”. Mas ¿qué puede haber más allá del universo? La idea que transporta este término no es la de montar bases en los planetas, sino la de ir más allá de ellos, más allá de todo, salirse del universo, llegar al Centro de Control (Arsh) y dirigir el juego de la existencia. ¡Imposible! “Digamos que se trata de lanzar una meta hacia la que dirigirse, y en esa carrera podremos desarrollar una ficción cada vez más real”, se excusa Zuckerberg. Ya hablaremos de eso luego.

Veamos la otra expresión, el título, Snow Crash.

Snow –cualquier cosa similar a la nieve; puntos blancos que aparecen en la pantalla del televisor como resultado de una recepción débil de la señal. Algo que se acaba; una tecnología obsoleta que tiene que ser sustituida por otra más avanzada, más influyente.

Crash –fallar de forma repentina, como un negocio o la economía. El mundo se derrumba. Sus fuerza productivas, sus maquinarias, su lógica… Todo sucumbe una y otra vez. Se han probado todos los sistemas y ninguno funciona. Habrá que ir “Más Allá”, habrá que crear un metauniverso.

Mas la expresión Snow Crash es el nombre de un virus en la novela de Neal Stephenson.

Virus como líquido fangoso, veneno, olor o sabor desagradable. Veneno, como el que segregan algunos animales ponzoñosos. Principio mórbido o substancia tóxica producidos en el cuerpo como consecuencia de una enfermedad, especialmente aquellos susceptibles de ser traspasados a otras personas o animales mediante inoculación u otros medios y de desarrollar en ellos la misma enfermedad. Veneno moral o intelectual, influencia perniciosa.

Así pues, en la novela de Neal Stephenson tenemos todos los elementos de la agenda del deep state para generar un nuevo orden mundial.

Un supuesto virus, del que no sabemos nada, ha originado una pandemia que rápidamente se ha extendido por todo el mundo infectando a millones de personas. Ello ha obligado a los gobiernos a decretar normas aberrantes para combatirlo y eliminarlo –mascarillas faciales, distanciamiento social, confinamiento, inmovilidad… Sin lograr resultados verdaderamente satisfactorios. La economía se hunde y ello provoca grandes trastornos sociales. Se empieza a hablar de las vacunas como único medio de acabar con el virus, que bien podía haberse llamado Snow Crash, aunque tanto cinismo quizás no habría sido tolerado por la gente. La economía colapsa como medio de pasar a otra cosa, a otra realidad –todo tiene que adaptarse al Metaverse. Mas el dispositivo que nos permita ESTAR en los escenarios virtuales que nosotros mismos creemos deberá estar dentro de nuestro cerebro y no en un casco o en unas gafas especiales.

Es cierto que las mascarillas han acostumbrado al hombre a no ver rostros humanos completos en sus semejantes, sino manchones, puntos blancos, nieve…  Mas los dispositivos que hoy se prevén resultarían demasiado aparatosos.

La solución está en las vacunas, en estas y en las siguientes, en medicinas inyectables, en alimentos sintéticos… Sustancias que irán transformando nuestra estructura cerebral. Tienen prisa. Zuckerberg habla de cinco años.

El juego tiene, pues, numerosos antecedentes. No obstante, nos sigue pareciendo la película Virtual Revolution la mejor representación de Metaverse. Para conseguir que la gente se quede en casa de motu proprio hay primero que transformar las ciudades, las zonas urbanas, en lugares indeseables. En Virtual Revolution vemos un París devastado con calles vacías y encharcadas, edificios desvencijados, desprotegidos… ¿Quién desearía pasear por esos parajes apocalípticos? Una vez que la gente, en su gran mayoría, deteste la idea de “estar fuera”, habrá que proveerles con algo que les mantenga entretenidos con el más alto grado de interés –Metaverse. Millones de posibles escenarios en los que ESTAR, millones de personajes con los que interactuar, millones de lugares en los que vivir las más alucinantes aventuras.

Este es el verdadero efecto del virus Snow Crash, Covid19 –alejarnos de la realidad para entrar en la ficción hasta no saber ya diferenciarlas. “¡Quién eres tú para decirme que esto no es real!” Con estas inquietantes palabras acaba Virtual Revolution.

¿Por qué no? ¿Para qué seguir viviendo en una realidad sin atractivos, sin esperanzas? Sin embargo, la realidad no siempre ha sido así. Ha habido momentos en la historia en los que el hombre ha recuperado el recuerdo de por qué existe y de para qué existe. Ha habido momentos en los que el hombre ha sido consciente del sentido de la vida y de su transcendencia. Después mataron a Dios en su corazón y tuvieron que echar mano de los opioides y de otras drogas.

Metaverse puede ser una solución para pasar el tiempo en esta vida, pero llegará la muerte y después el levantamiento y después el juicio. Se nos preguntará: “¿En que habéis pasado el tiempo que se os concedió en la Tierra?” Y ¿qué podremos contestar? “En juegos de ordenador, en metaversos.”

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