¿Cómo hemos llegado a esta atrocidad?

“Si los despiertos no hacen nada, la agenda globalista seguirá avanzando.”

Los foros negacionistas de la pandemia están rezumantes de mensajes perturbadores como el que hemos copipasteado aquí, y que ahora pasamos a comentar, Dios mediante, a la luz del conocimiento ancestral de los sabios ancestrales, cuya sabiduría le resulta apestosa al hombre moderno, razón por la cual ya apenas hay seres humanos, sino ganado humano –sordo, mudo y ciego-, que se ha creído la doctrina evolucionista por azar desde el mono, y este a su vez desde una ameba, y esta a su vez desde un reventón remoto de unas partículas energéticas que los cientontíficos no saben, no se explican, de donde han salido; pero dicen que lo sabrán en un futuro, pues el destino del hombre es ser dioses en la tierra, apabullantemente avanzados, deslumbrantemente tecnológicos y soberanamente sabios.

Esta errónea creencia en la no trascendencia del ser humano hace que el ganado humano viva sinsentidamente, meramente para no morir y para exacerbar los placeres en detrimento de los padeceres, los cuales les resultan asombrosamente indeseables, siendo en verdad el dolor, según los verdaderos hombres –los hombres de Dios– la brecha por donde se asoman las luces del abandono de lo contingente en la Gran Luz que alumbra la trama existencial que los hombres viven –o creen vivir.

Dicha degradación en la humanidad del hombre moderno, devenido en ganado, hace que todos obedezcan y se esfuercen no por su trascendencia y asentamiento en las luces post-mortem,  sino por no morir a toda costa, aunque esa costa sea a costa de morir como ni un perro muere –bozales, vacunas asesinas, distancias sociales de seguridad, inmovilidad, confinamiento, miedo al prójimo, miedo a respirar por si el bicho se cuela en los pulmones, etc.

Cuando no hay una ‘aqida sana, –esto es, un corpus de creencias vertebradoras de nuestra vida en este efímero tránsito sobre la Torta Terráquea–, sanamente enraizada en la Vía Revelada, siendo el Islam su update final, el ser humano queda despojado de sus defensas frente a las acometidas de la bestia antigua, de modo que nada le puede impedir ya, a estas alturas del deterioro intelectual, moral y espiritual de la humanidad, consumar su plan de destrucción de todo aquello que es bueno, bello, justo, sano y santo, o sagrado.

La ruina absoluta de la deshumanización rampante que se cierne sobre la planicie terrestre y sobre sus moradores solo es posible ante la dejación de la responsabilidad que adquirió el ser humano antes de ser depositado en este plano existencial de las causas intermedias, cuando la Causa Primera y Última preguntó: “¿Acaso no soy yo vuestro Creador, Dueño y Señor?”. Todos respondieron: “Sí. Damos fe de ello”. Y los coros angelicales vociferaron: “Adoradle pues, y someterse solo a Él”.

Tras la caída del ámbito de la unión con el Amado por el influjo de aquel que no se postró ante Adán y se ensoberbeció por creerse mejor que él, se inició la dualidad del mundo de nacimiento, sufrimiento y muerte, con vistas a servir de prueba de fidelidad y que la descendencia fiel al Eterno –Sin Principio ni Fin– pueda asentarse de nuevo en los jardines de las delicias, una vez desenredada la consciencia en la luz y desanidada para siempre de la carne.

Tras el periplo existencial de la proyección terrenal, las luces reclamarán a las luces, y rechazarán a todos aquellos que queden desfigurados e irreconocibles por la degradación del pecado y por haber recibido el sello final, o marca postrera, de la bestia de los siglos, siendo la inyección covid un elemento constituyente fundamental de dicho sello, pues es gracias a la adulteración del genoma humano (ADN) catalizado por la sustancia que llaman “vacuna” como la bestia pretende desconectar definitivamente de Dios al ser humano, quedando así, según su creencia, el Juicio  Post-mortem inhibido. Esta estratagema satánica abrirá la puerta al infierno en la tierra, disfrazado de paraíso transhumanista para los 500 millones que sobrevivan a las inyecciones (y otras calamidades que están en la agenda); un paraíso terrenal donde nadie tendrá nada y todos serán inmortales y felices viviendo una vida 100% virtual sin necesidad del soporte físico del cuerpo biológico.

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Los sobrevivientes serán inmovilizados y virtualizados en etapas sucesivas hasta la desconexión total de sus cuerpos biológicos (transhumanismo).

Los que cedan a la agenda transhumanista y se dejen inocular las vacunas e injertar lo que viene luego –nanotecnología para fusionar al hombre con la IA (Inteligencia Artificial) de la nueva matrix–, experimentarán la supuración de la podredumbre interior, que se irá abriendo paso desde los constituyentes nucleares del código ADN, allí donde la bestia no llega por ser un ámbito vetado al mundo de las causas intermedias y protegido por el Creador desde el ámbito de la perfección de la pureza absoluta de su Ser.

Los que se resistan a morir transhumanizados, o sea, los que mueran sin vacunarse con las vacunas asesinas de ARNm, morirán con la sagrada humanidad de su cuerpo incontaminado, y si además fueron hombres justos y temerosos de su Señor, las luces los acogerán y le darán la bienvenida los coros de ángeles a grito de trompeta y de saludos clamorosos de paz.

Los otros, los que mueran tratando de no morir, por el bien común y la seguridad de todos, en la esperanza de volver cuanto antes a la vieja normalidad, o sea, al vicio desconfinado, les espera una muerte horrenda en esta vida, y en la otra vida les espera la segunda muerte, o muerte del espíritu, en las simas abisales de los fuegos de la condenación eterna.

Si no hay trascendencia eregidora de una vida trascendente giradora, o girante, en torno a los valores trascendentes del Sagrado Corán, cualquier viento caprichoso de la subjetividad humana hace tambalear al hombre y le vuelve inútil e incapaz de resistirse a los susurros de la bestia, que le susurra en el pecho lo que debe hacer para ser feliz y vivir mucho tiempo aquí en la Plataforma de la Tierra. Y esta es la razón por la que los negacionistas, por mucho que se quejen ahora, serán aplastados por la policía y el ejército. Ya es tarde para hacer examen de conciencia, un examen de conciencia, o reflexión, que nos debería haber conducido, hace mucho tiempo antes del inexistente covid-19, al corolario de que la vida no es un fin en sí mismo, sino un leve tránsito hacia las luminarias imperecederas, en función de las luces que cada cual supo cultivar en su efímera existencia.

Una sociedad firmemente afirmada en la cosmovisión trascendente que acabamos de exponer aquí, es una sociedad incompatible con el vicio, la corrupción, la maledicencia, la injusticia, los bozales, los confinamientos, las vacunas asesinas, los toques de queda, la sana distancia social, los pasaportes sanitarios, los campos de concentración para no vacunados, las residencias de ancianos para que se pudran solos de pena, el turismo, las fiestas, la homosexualidad, el feminismo, el sexo fuera del matrimonio, la ideología de género… y otras muchas anomalías y atrocidades, convertidas en la nueva normalidad del satánico mundo moderno.

La salvación ya solo es posible a un nivel individual.

FIN.

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