EL EVENTO.

Cuando ocurra el evento los supermercados serán vaciados e incendiados en 24 horas, y luego se desatará una rabiosa y rugiente furiosa furia apocalíptica y caníbal, conducente a tratar de prolongar la agonía existencial unos días más, unas horas más, a costa de comerse los cadáveres de los infectados por las vacunas, cuyas víctimas hacía mucho tiempo que nadie se preocupaba por retirar de las infectadas calles, atestadas de las putrefacciones humanas otrora pertenecientes al inadvertido ganado creyente en que a la vida se viene a disfrutar lo que se pueda, creyente en el covid19 y creyente en los protocolos sanitarios del gobierno terrorista para no morir y poder seguir viviendo, en las condiciones que sean, aunque sean condiciones tendentes a abolir la condición humana.

De ahí el uso de la denigrante máscara facial desde el inicio de la estafa pandémica, como símbolo de la abolición del humano para dar nacimiento al transhumano: un ente sin alma, sin espíritu, sin libre albedrío, sin emociones, sin consciencia y sexualmente ambiguo –un robot teledirigido desde la ciudadela de las máquinas por la I.A. cuántica de la bestia de los siglos.

Cuando ocurra el evento el ganado humano se preguntará qué es lo que pasa, ¿por qué no hay internet?, ¿por qué no hay luz? Las vías de suministros quedarán paralizadas y pronto el runrrún de la horda de desesperados se irá elevando hasta impregnar con su espeluznante eco todos los recovecos de las urbes, grandes o pequeñas.

Mientras la gente se despedaza por un pedazo de pan y algunas latas de coca-cola, nosotros, los hombres de Dios, los verdaderos hombres, estaremos mirando al cielo y bebiendo de los efluvios de amor del corazón desbordado de Layla –la mujer primigenia. Y ese será todo nuestro alimento. No solo de pan vive el hombre, pero hace tiempo que la espiritualidad genuina dejó de tener adeptos, excepto entre el último remanente fiel.

Tras el reseteo de la matrix, o sea, tras el apagón y el encendido del agonizante actual sistema infectado de virus, llegará el gobierno terrorista con la ayuda humanitaria para todos y más inyecciones, también para todos, con vistas a ir consumando la purga de los traumatizados hombres-simios que desconocían que vivir como animales desalmados, esto es, sin alma, sin espíritu trascendente, acarrea consecuencias fatales.

Las palabras del Libro son eternas e inalterables. Tal y como fue, será, o sea, que tras la purga de la bestia, catalizada por el olvido de Dios,  llegará la verdadera purga y purificación de Dios, para regocijo de los justos; una purificación en la luz auto-manifestada y sempiterna del amor, de la justicia, de la belleza, del gozo radiante y de la santidad. Los cristianos, si lo desean, le pueden llamar a esto: la parusía.

(48) Y dicen: “¿Cuándo llegará eso con lo que nos amenazáis si es verdad lo que decís?” (49) No esperan, sino un solo grito que se apodere de ellos mientras están entretenidos en sus vanas discusiones.

CORÁN, SURA 36.

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