Nada hay más vergonzoso en esta vida que el orgullo.

Cantos de Milarepa (n.42) – Adaptado al español por despojosdeoccidente

Rechungpa acababa de regresar de la India con nuevos conocimientos, instrucciones acerca de varios tipos de meditaciones, habilidad en lógica y la cabeza henchida de orgullo. Para aclarar la vanagloria y la arrogancia que habían hecho presa de Rechungpa, Milarepa cantó esto:

… Oh, hijo mío, tu orgullo por lo que aprendiste

¡Te conducirá ciertamente por mal camino!

Si predicas mucho, con palabras vacías,

Arruinas tu saboreo de la experiencia

Y de la verdadera meditación.

Estar henchido de orgullo y arrogancia

Prueba que has traicionado los preceptos

Del Maestro.

Nada es motivo de mayor arrepentimiento

Que la desobediencia al Maestro.

Nadie está más distraído y confundido

Que el que deja de meditar

En páramos desolados.

Nada es más infructuoso

Que un buscador de la verdad

Que no renuncia a sus parientes.

Nada es más vergonzoso

Que un erudito buscador de la verdad

Que descuida su meditación.

Nada es más vergonzoso

Que un buscador de la verdad

Violando los sagrados preceptos.

COMENTARIO:

Nada hay más vergonzoso, en esta vida, que el orgullo. La actitud justa de los verdaderos hombres, los hombres de Dios, consiste en tener el corazón siempre contrito, apesadumbrado, dolorido y temeroso por las acechanzas del pecado.

Solo es lícito regocijarse, gozar y enorgullecerse de los frutos del conocimiento sagrado cuando estemos muertos, ya sea que muramos antes de morir en esta vida o bien que muramos sin haber muerto para nacer en la vida postrera.

Entender esto requiera abandonar las pajas mentales y dedicarse 40 años, como poco, a la práctica de la introspección meditativa en páramos desolados, o bien en el perturbador bullicio de las bulliciosas mega-ciudades, siempre y cuando sepamos que todo aquello que no es Allah ya está muerto en la luz que alumbra la aparatosa aparatosidad de la apariencia, o aparición, de su ser aparente, o relativo.

orgullo4

El orgullo es siempre motivo de vergüenza para todo el mundo, excepto para los hombres de Dios, a los cuales les es lícito enorgullecerse de su rectitud, amor, fidelidad y desprendimiento, ya que en ellos no hay ni rastro del mundo y todas sus acciones y todos sus pensamientos son mecidos a la luz del descubrimiento del alumbramiento de la luminaria que todo lo alumbra, o ilumina. El resto debe practicar la contrición del corazón, el arrepentimiento y las mortificaciones de la carne mediante la privación de todo aquello que excede lo meramente suficiente para no morir, en espera de la lluvia de bendiciones que les abra las puertas para ser anegados por los efluvios divinos.

Lo expuesto en este posteo quiere decir que, puesto que estamos viviendo el fin de los tiempos y el mundo no evoluciona, sino que involuciona desde Adán y Eva, el común de la gente se seguirá mostrando, cada vez más, vergonzosamente más orgullosa de sus logros mundanos o metafísicos, como por ejemplo se aprecia en el orgullo que sienten por haberse vacunado y envenenado su sangre con la sustancia inmunda que llaman “vacuna”, en la creencia supersticiosa de que así colaboran por el bien común y la seguridad compartida, en aras, o vías, de poder volver a sus miserables vidas de antes. ¡Gilipollas!

FIN.

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