Cómo ser un zombi, y no un ser humano.

«Yo lo libraré, porque él se acoge a mí;

lo protegeré, porque conoce mi nombre.

Él me invocará, y yo le responderé;

estaré con él en momentos de angustia;

lo libraré y lo llenaré de honores.

Lo colmaré con muchos años de vida

y le haré gozar de mi salvación.»

-SALMO 91-

COMENTARIO:

Este hermoso canto al amor, a la verdad, a la belleza y a la justicia, no debe ser comentado, sino aprendido de memoria e interiorizado hasta quedar enraizado en el corazón, de forma o manera indeleble.

Empero, o pero, para los que están en el mundo, sin ser del mundo, o sea, para los verdaderos hombres, esto es, para los hombres de Dios, es decir, para los dotados de sanas entendederas, para las personas reales, a saber, para los contritos… diremos esto:

Una vez que se sabe el nombre del innombrable, que está más allá de todo nombre calificador por ser sus cualidades trascendentes ajenas a este mundo perecedero de barro y sombras, cuando se conoce eso, eso se convierte en el escudo, la protección, la salvaguarda, el honor, la gloria, la exaltación, la sublimación embelesadora, la belleza que no es de este mundo, la claridad y las luminosas luminarias de aquellos que no viven en los nombres, sino en lo nombrado al que todo nombre apunta, a saber: la luz que todo lo alumbra.

Los verdaderos hombres son inmortales, pues su carne subyace, o yace, derrotada en la realidad de la perennidad de su incontaminada esencia, que como un bálsamo todo lo penetra. Nosotros, como no somos del mundo, rechazamos todo lo que viene del mundo, incluido las vacunas asesinas de los terroristas, cuya finalidad no es sanar a la gente, pues no hay ninguna crisis sanitaria, sino despoblar el planeta y desconectar la consciencia de los que sobrevivan a la gran purga.

La zombificación cultural propiciada por los satánicos valores democráticos no es suficiente, se necesita un paso más, que incluya sustancias equis inoculadas en la sangre, para consumar la total desconexión del ser humano de aquello que cualifica su condición humana, esto es, el Creador. Una vez logrado esto, para el año 2030, la bestia reinará de forma explícita mediante la encarnación del anticristo, el cual perseguirá al remanente humano fiel y le hará la guerra a los justos.

Después, tras la tribulación de la bestia, llegará la verdadera tribulación, la ira del Señor; y entonces el velo del mundo será retirado y cada cual se unirá a aquello que cultivó en vida.

Ni que decir tiene que los zombis, es decir, aquellos que recibieron el bautismo negro de la sustancia inmunda que llaman inyección covid, no verán la luz, pues murieron ciegos, esto es, sin consciencia; mientras que los verdaderos hombres, los que resistieron a los terroristas y vencieron, serán colmados y vivirán para siempre en la eternidad sin principio ni fin, al arrullo de los vientos paradisíacos y al frescor de unas refrescantes aguas.

FIN.

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