VEN CONMIGO, DEJA QUE YO TE ALUMBRE EL CAMINO.

Ven, ven, quien quiera que seas;

Pecador, adorador de ídolos,

Amante de la pereza.

No importa.

La nuestra no es una caravana

Ni de tristeza ni de reproche.

Ven, aunque hayas roto tus promesas miles de veces.

Ven, una vez más, ven, ven.

-RUMI

COMENTARIO:

Ven, quien quiera que seas, ven, yo te conozco y te amo, pues una vez estuve ahí donde tu desesperación medra ahora. Ven, en nuestra caravana no anidan los alacranes del pesimismo. Nosotros deambulamos en el fuego de una llama interior que inflamó todo nuestro mundo hasta quedar exhaustos de nosotros mismos, perecer y quedar extintos. Entonces la visión amaneció al resplandor de las imperecederas luces que todo lo alumbra. A cada paso que damos y a cada atisbo del mundo que contemplamos, consumamos nuestro origen y volvemos a casa. Ven, te diré como se realiza esto.

Ven y te daré de beber del vino de este amor que a borbotones de nuestros corazones brota, porque ahora somos libres de toda atadura y nuestro ojo ve, sin necesidad de mirar; nuestra mano toca, sin necesidad de palpar; nuestro pie camina, sin necesidad de andar; nuestro oído oye, sin necesidad de escuchar; nuestra boca degusta, sin necesidad de paladear; nuestro olfato huele el almizcle del paraíso, sin necesidad de perfume.

Ven, quien quiera que seas, pecador, borracho, adultero, puta, puto, pute, ambiguo, género trans-especie, amante de toda forma de enajenante desvarío, consumado consumidor de toda forma de vicio auto-destructivo, ignorante, burro, necio, adorador de ti mismo, anhelante de la salvación que viene del mundo, creyente en las vacunas asesinas, obedecedor de los terroristas del gobierno criminal y mezquino… da igual, ven, seas quien seas, nuestra caravana tiene para ti reservada una noble y elevada acogida.

Entre nosotros te olvidarás de lo que no es y recordarás al Amado que en los corazones habita desde un tiempo que no conoce principio; ese Amado es tu realidad innata esencial e imperecedera, la fuente del gozo en la visión verdadera de todas las luces, aquello por lo que, sin saberlo, tú suspiras. Él endulzará tus días y tus noches, y trocará tu pena en alegría.

Ven, quien quiera que seas, con mucha más razón si eres un contumaz rastrero y arrastrado lamedor de botas y sobador de pestilentes culos, pues cuanto mayor sea tu carga, mayor será la profundidad que acapararán tus luces ocultas.

Si no entiendes esto, es que ya estás condenado, morirás ciego y renacerás en el lago de fuego de la extinción definitiva, o segunda muerte, que es la muerte del alma. Velad pues, pues los fulgores del Bienamado vienen ya a reclamar a su rebaño fiel, aquellos que hicieron de sí mismos, y del mundo en ellos reflejado, un espejo para el fulgor de Sus desconfinadas luces.

FIN.

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