Qué es mejor, ¿despertar a la realidad o seguir soñando? Los expertos en felicidad mundana tienen la respuesta.

La lógica y coherente traición a la normalidad.

Por sondas.blog

Cuando vamos a un dispensario para que nos administren alguna vacuna contra algún virus o contra alguna variante, después del pinchazo nos ofrecen una píldora roja producida por el enano gigante farmacéutico Merck, pero ya no hay píldora azul –como la que Morpheus ofrece a Neo en “Matrix”. Es la píldora de la vuelta a la normalidad, a la mediocre normalidad en la que hasta ahora ha vivido Neo, conocido como Mr Anderson. Según Morpheus, la píldora roja, en cambio, nos lanza a la verdad, al mundo real. Es un mundo todavía más mediocre que el de la pastilla azul, que el de la normalidad mantenida por un complejísimo mecanismo.

Neo está harto de la trivialidad en la que vive. Le cuesta levantarse por las mañanas para ir a trabajar, para hacer lo mismo que hizo ayer, lo mismo que hará mañana, como una pieza dentro de un engranaje que no parece tener ni principio ni fin. Lo que Morpheus le ofrece es salir de esa mediocridad, de esa falsa realidad, liberar su mente y pasar al ámbito de lo real.

Mas ¿puede la realidad, la verdadera realidad, pasar de una vida de comodidades, casi de lujos, a un continuo huir de las máquinas asesinas que quieren destruir sus naves, incluso su territorio emplazado en lo más profundo de la tierra? Cypher, tras 10 años de vivir en la verdad, en la austera realidad, piensa que NO, piensa que esa verdad, esa realidad, no es mejor que la vida virtual que llevaba hasta que Morpheus le ofreció la píldora roja. Es el traidor de la película, pero también es el personaje más coherente –Si lo que me ofrece la realidad es vivir lleno de privaciones, constantemente amenazado por entidades que quieren asesinarnos a todos los humanos y no hay nada más, el viaje existencial termina con la muerte, entonces es mejor acudir a un restaurante de lujo y comerse un buen bistec virtual, pero que acciona el proceso cerebral de reconocimiento, el cual nos permite saborear ese delicioso y jugoso trozo de carne mientras escuchamos una delicada melodía en el arpa.

Cypher muere asesinado por un miembro de la tripulación, pues se ha descubierto su traición, y con su muerte se acaba la lógica, la coherencia, y triunfa la estúpida opción de vivir amargado, pero con la satisfacción, más que dudosa, de estar del lado de la verdad. Mas ¿es esa la verdad? ¿La verdad absoluta, la verdad objetiva? O es la verdad subjetiva de un grupo de revolucionarios que quieren asaltar a la virtualidad sin más futuro que luchar, morir y desaparecer para siempre.

Cypher trata de explicarles a los tripulantes de su nave que si el final es el mismo, si la muerte acaba con lo real y con lo virtual, entonces él opta por la falsedad, por el placer, por ejemplo, de ser un actor famoso, pues en la virtualidad todo es posible –fama, mujeres, restaurantes de lujo, coches deportivos… ¿Acaso se puede comparar eso con un potaje diario repugnante, vistiendo una ropa desgastada y sucia, siempre en alerta, siempre esperando que las máquinas acaben con todos nosotros?

Sus compañeros le dicen que todos esos placeres no son reales, pero él responde que son tan reales como sus potajes y su miseria. “Pero estamos en la verdad”, le argumentan. Cypher sonríe: “¿Y de qué os servirá estar en la verdad cuando os estén devorando los gusanos? Esa verdad vuestra os lleva al absurdo.”

Dado que Cypher tiene razón, al menos desde un punto de vista lógico, los responsables de la sanidad han decidido retirarnos la opción de la píldora azul. En la normalidad a la que nos llevaría ese color hay demasiados riesgos, demasiados imprevistos. Por lo tanto Merck ha fabricado una píldora para transportarnos a una realidad mucho más segura y simple, pero, sobre todo, nos ha liberado de la terrible opción de elegir.

Lo que nos ofrece esa píldora es un mundo verde, un mundo solidario, sin propiedad privada, sin egoísmo, sin viajes… Habrá ciudades sostenibles que serán nuestro mundo. En ellas trabajaremos, en ellas viviremos y en ellas veremos crecer a nuestros hijos, aunque sea a través de una pantalla o de mensajes cifrados.

Tampoco estas ciudades serán escenarios urbanos. Del espacio ciudad pasaremos al espacio apartamento, en el que nos podremos conectar, de alguna forma, a mundos virtuales. Después, llegarán programas que nos permitirán vivir en esos mundos.

No habrá pastilla azul, no habrá memoria ni identidad. Será una realidad digital que abarcará la realidad virtual y la realidad real. Nadie podrá traicionar a ese programa, pues si lo que queremos es degustar un delicioso filete de res con salsa de mostaza y no lo encontramos en el camino del trabajo a casa, siempre tendremos la opción de transportarnos a un escenario repleto de restaurantes y en alguno de ellos podremos satisfacer nuestro prurito de carne.

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