Cuadernos apocalípticos (1)

Comenzamos hoy, Dios mediante, o mediante el influjo de la benevolencia divina, una serie de escritos perturbadores altamente desalentadores y muy deslavazados, con la sana idea de azuzar la consciencia del remanente humano fiel, de modo que acelere su preparación espiritual para el reencuentro con el Amado, una vez rajado y caído el velo de esta existencia condicionada que ya expira, pues la señales así lo indican, o sea, que indican que estamos viviendo el fin de los tiempos. ¿Cuáles son esas señales?

Las señales del fin de los tiempos son multitudinarias, siendo la principal de todas ellas la apostasía universal, esto es, que tanto los que se dicen creyentes en Dios como los que solo creen en el mundo tangible de la materialidad materialística materializada en este mundo que parece sólidamente establecido como la única realidad real, actúan contrariamente a Dios, acordemente al enemigo de Dios, que es Satanás.

Esto quiere decir que todo el mundo, creyentes y ateos, cree que venimos por azar del mono, que no hay trascendencia de la consciencia en un ámbito metafísico y que, por consiguiente, el sentido de la vida es la explayación del placer personal a toda costa, aunque esa costa implique desprenderse de aquello que cualifica la condición humana del ser humano tal y como fue creado y depositado en la Torta Terrestre por el Creador, con la finalidad de que el hombre anhelara, amara y se uniera a su Amado Eterno, mediante la sabiduría que trasciende este mundo efímero e ilusorio.

Por ejemplo, vemos como a una escala planetaria todo el mundo ve bien indagar acerca de la sexualidad según el libre albedrío de la identificación sexual libre. De modo que aunque un hombre tenga pene y testículos, puede ser una mujer si así lo desea; y una mujer, aunque tenga vagina y matriz, puede ser un hombre, si esa es su preferencia personal. De este modo la bestia consigue normalizar la aberración del transexualismo y elevarla a la categoría de derecho humano fundamental que todos han de respetar, de manera que si alguien no tolera dicha ignominia es tachado de fascista, de terrorista, de musulmán, de antiguo, de poco evolucionado, de tradicionalista, de criminal, etc.

Este ejemplo de la psicopatía transexual es aplicable a todos los ámbitos fractales de la fractalidad del degenerado mundo moderno, de modo que para saber si algo agrada a Dios lo único que hay que hacer es invertir el gusto del degenerado hombre actual criado y pervertido por los valores democráticos.

El Profeta Isa (Jesús, hijo de María) dijo: “Dad a Dios lo que es de Dios y a César lo que es de César”, cuando los fariseos le tentaban acerca de la Ley Revelada.

Lo que es de Dios es todo cuanto existe, de facto o en potencia, así como la Ley Revelada conducente, o sea, que conduce, a tomar consciencia de que Allah es el Dueño y Señor de todos los Dominios, celestiales y terrenales.

Lo que no es de Dios es la inercia que opaca la consciencia, evitando que esta refleje la luz del Creador mediante la autoafirmación de la ilusoria ilusión del ilusorio “yo”, el cual se afianza por medio de los anti-valores, o sea, los valores de la democrática modernidad: egoísmo, materialismo, ira, ignorancia, superstición ateísta, celos, promiscuidad, asesinar a los nonatos en el vientre de sus madres, envidia, fealdad, obediencia a los terroristas del gobierno, etc.

Si invertimos estos contravalores de la modernidad obtenemos los valores de la verdadera humanidad tradicional: amor, generosidad, empatía hacia los semejantes, desinterés personal, humildad, sabiduría, belleza, cuidado de la vida de los nonatos, etc. Todos ellos valores encaminados a debilitar la idea de “yo” para afianzar la consciencia de Dios como siendo la única realidad real.

El fin de los tiempos es lo que ocurre cuando el ser humano hace dejación de aquello para lo cual fue creado, que no es otra cosa que pulir el espejo de su corazón para que la luz del Creador se refleje en su consciencia.

El mundo sin esta consciencia de Dios, no se sostiene, porque la luz del Creador es lo que sostiene el mundo, de modo que cuando el último hombre de Dios muera se hará sonar la trompeta final, el velo se descorrerá y los ámbitos ultra-terrenos del paraíso y del infierno serán desplegados, acordemente a la afinación de la consciencia individual con las sombras o con las luces.

Mientras tanto, la bestia desatada seguirá con su plan:

-Vacunar a todo el mundo para imponer la ID biométrica universal, establecer el dinero digital e ir matando al sobrante que no tiene cabida en el reino transhumano del anticristo, es decir, que 7 mil millones de personas serán eliminadas de aquí hasta el año 2030.

-Los que sobrevivan a las vacunas, a la guerra nuclear y al apocalipsis zombi de los desesperados, serán transhumanizados y convertidos en dispositivos conectados a la nube del internet de las cosas.

FIN.

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