Mi fascinante viaje a Bali, un paraíso mundano perfecto para perderse y evadirse de la frustración existencial, al menos durante unos días.

Hola, soy Uzman García, el autor de este blog apocalíptico, y el día de hoy me gustaría compartir con todos ustedes mi reciente viaje a Bali, un lugar maravilloso de la Torta Terrestre donde poder evadirse de la rutina diaria y de la frustración de no saber para qué se vive y para qué se muere, al mismo tiempo que uno se divierte, se hacen amigos nuevos, se conoce una cultura exótica y anticuadamente hetero-patriarcal y se tiene buen sexo, todo ello por muy poco dinerillo.

El primer día llevaron a nuestro grupeto a una excursión de elefantes en plena selva selváticamente asalvajada y muy rupestre, donde pudimos comprobar lo que es el verdor y el frescor de una naturaleza fresca, viva y vivificante, covid-free y contaminación-free. Nuestro guía nos dijo que rara vez los paquidermos se encabronan, y rara vez muere algún turista aplastado por la bestia… empero, si el azar nos conduce a montar sobre el elefante loco de la manada, ¡de algo hay que morir!, al menos moriré disfrutando de la vida y evadido de la realidad cotidiana, tan triste y aburrida.

Igual pasa con las vacunas del covid, que si te toca, pues te toca y te mueres, pero lo importante es que todo el mundo se vacune para poder volver a la normalidad, aunque un puñado de desdichados muera por una reacción a la sustancia.

El segundo día nos llevaron a visitar los templos picudos estratificados del budismo hinayana, el predominante en la región. En dichos templos se guardan reliquias de santones y escrituras sagradas, aunque aquí lo único sagrado, como en todas partes, es lo mismo que es sagrado en todas las partes de la Torta Terráquea: aprovechar el tiempo y disfrutar de la vida lo que se pueda antes de que todo acabe en la tumba.

El tercer día nos fuimos de putas, unas putas excelentes, muy limpias y experimentadas, que lograron extraer todo nuestro jugo seminal, reiteradamente, por muy poco dinero.

El cuarto día nos fuimos de museos y bares exóticos, donde comimos cabeza de cerdo cruda.

El quinto día algo falló en el programa y el guía empezó a decir cosas inconexas y absurdas. No entendíamos nada de nada. El caso es que el guía parecía que se había vuelto loco y se empeñaba en que debíamos tomar nuestra medicina.

¿De qué cojones habla este medio hombre enano asiático? ¿Medicina?

[Metaverse… Bali… Interruptus…]

De repente lo veo todo negro… aparece este mensaje de color verde fosforito parpadeante: “es la hora de la medicación”. El sistema me devuelve a la bruta realidad. Debo tomar mis pastillas para poder seguir conectado a la “nube” y seguir disfrutando de Bali, de sus elefantes, de sus putitas, de sus bares, de su comida estrambótica…

Tomo la medicina, dos pastillas rojas, dicen que para evitar que el covid19 se replique en los asintomáticos. Los sintomáticos no toman pastillas, sino que reciben la vacuna de cuando en cuando.

Todo me da igual, ya sé que tantas pastillas y vacunas acabarán por matarme, mucho antes de lo que me mataría el covid19, si es que existe. Yo lo único que quiero es seguir conectado a la “nube”, que me expriman el pene a fondo, montar en elefantes, viajar, divertirme, conocer gente, ver el mar… evadirme de la pandemia. La pandemia lo arrasó todo y tenemos que vivir confinados por el bien común y la seguridad de todos, al menos eso dice el gobierno terrorista.

Y no se trata solo de la pandemia, sino que algo le pasó al clima. Al parecer el ser humano no se puso las pilas, desobedeció al andrógino gurú climático -la niña Greta- y decidió seguir emitiendo CO2 industrial a la atmósfera, por lo que el mundo se puso al borde del abismo y había que hacer algo radical para salvarnos, y ese algo fue la inmovilidad general para permitir que el planeta se recupere de la perniciosa actividad de los hombres-simios. Toda la industria y fuentes de energía basadas en combustibles fósiles fue detenida de golpe y la gente fue confinada en sus casas, pues la energía verde de los paneles solares y los molinillos de viento no da para sostener la frenética actividad previa a la hecatombe del clima.

La pandemia además, según los expertos, está vinculada al extraño clima terráqueo, y supone una seria amenaza a la supervivencia del ganado humano, por lo que para evitar su extinción se confinó a todo el mundo, por cojones.

Al fin y al cabo no hay necesidad de vivir la vida de antes, pues basta con conectarse a la “nube” y descargar nuestro Metaverse favorito para que el cerebro experimente lo mismo que se experimentaba en la vieja normalidad, pero esta vez a la carta, mientras que la medicina obligatoria, pastillas y vacunas, van despoblando el planeta para salvar a la Tierra.

Bueno, ya he cumplido con los terroristas y me he tomado la medicación. Adiós.

[Metaverse… Loading… Vietnam… Amigos… Comida Exótica… Putas Limpitas… ]

FIN.

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