Cuadernos apocalípticos (4) – Matar por medio kilo de arroz.

Existe un malentendido general acerca del libro del apocalipsis, y en general de todos los libros revelados que tratan la temática escatológica. No es que dichas fuentes sagradas hablen del futuro, esto es, de lo que va a pasar en el fin de los tiempos, sino que simplemente están revelando  una película que ya ha acontecido y que ahora se está proyectando en la pantalla existencial del Plano Terráqueo.

Los personajes principales de la película existencial somos nosotros, los seres humanos, que fueron depositados en los personajes de los egos dotados de consciencia, para que por medio del foco alumbrador de la consciencia pudieran alumbrar la trama existencial en la luz del soporte existencial que todo lo alumbra, que todo lo sostiene y que todo lo penetra.

La película mundana, como las pelis proyectadas en los cines, tiene inicio, desarrollo y fin, siendo el fin, u objetivo, de dicha trama la toma de consciencia de que somos meros personajes, es decir, la contemplación de la trama existencial desde la luz del foco alumbrador, y no desde la fantasiosa irrealidad de la distorsión del filtro egocentrístico del personaje que creemos ser. Esto quiere decir que, en realidad, no nos ocurren cosas a nosotros, sino que simplemente hay cosas que ocurren. Este enfoque sagrado de la realidad nos libera de la trama existencial, y de todo cuanto conlleva de sufrimiento y falsa felicidad, y nos catapulta a las luces.

A  nivel fractal de la individualidad de los seres conscientes creados, esto se traduce en que se vive para saber que el viviente no somos nosotros, sino el UNO-ÚNICO alumbrador que todo lo ilumina. Por lo tanto, vagar en la transgresión egoística no es más que desvarío y falta de claridad de consciencia, lo cual abocará a los pecadores que incurren en una vida de pecado transgresor a las tinieblas de la falta de visión verdadera en la luminosidad de base del trasfondo de la trama existencial en la luz, donde todo es gozo, paz, armonía y ausencia de “yo”. Empero, los que se aferren a la rectitud trascendente de las formas sanas de vivir y de morir,  acordemente a la guía de la vía revelada, morirán en la luz que sembraron durante el periplo existencial de la carne, o sea, de la luz densificada en las formas del mundo contingente.

El apocalipsis zombi de los inoculados se acerca. Guarden comida y agua para un año, como mínimo. O no hagan nada. En cualquier caso, ¡disfruten del espectáculo!

A nivel fractal de la totalidad esto significa que la humanidad, al haber abandonado ya su  búsqueda por lo verdadero en pos de la verdad liberadora de la impostura del personaje del “yo soy”, está abocada a morir, pero no en la luz, como mueren los verdaderos hombres, sino en la oscuridad de tinieblas de la ausencia de visión trascendente. Traducido a la expresión peliculera del fin de los tiempos, o del fin de la película existencial, esto conlleva que ya no hay seres humanos, sino ganado siendo llevado al matadero de las vacunas asesinas, de los pases verdes, de los confinamientos, del apagón energético, del canibalismo para poder sobrevivir unos días más, de matar al vecino para arrebatarle medio kilo de arroz, de los campos de concentración para no vacunados, etc.

Estamos viviendo el fin de los tiempos, lo cual es una muy buena noticia para todo el mundo, excepto para los obnubilados en las proyecciones peliculeras del impostado “yo”, o sea, que para casi todo el mundo los estragos del fin del mundo serán una verdadera tragedia.

FIN.

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