Aprender a vivir y aprender a morir – Consejos prácticos.

En la vida, tan solo vida;

En la muerte, tan solo muerte.

-Dogen

COMENTARIO:

El maestro nos está diciendo que en la vida, solo hay vida, esto es, que somos vividos por la vida del Viviente, ya que en realidad no vivimos nosotros, sino que creemos vivir una realidad que no es más que la realidad metavérsica de las proyecciones fantasmagóricas de un fantasmagórico “yo” que cree estar vivo.

Lo mismo pasa con la muerte. Durante la muerte solo hay muerte, sin que en realidad haya nadie ahí que muera, ya que lo no nacido no puede morir nunca y, como todo sabio sabe, el “yo” que cree morir solo existe metavérsicamente y muere metavérsicamente en el metaverso de la Tortilla Terráquea.

La razón de esto es que tomemos consciencia de que así son las cosas y las no-cosas, lo cual nos catapultará a las luces de la presencia omni-presente y omni-alumbradora que asoma tras el descorrimiento del velo que el “yo” tiende, tendente a morir en la ignorancia más supina bajo un cortinaje de sombras.

Una vez que se sabe esto y se madura esto a nivel del corazón, uno puede vivir y morir en perfecta paz de espíritu y dedicarse al amor, a la belleza y a ensalzar a las mujeres, sin necesidad de tomar las vacunas asesinas que la organización terrorista OMS está promocionando para la despoblación del planeta Tierra, y sin necesidad alguna de usar el denigrante e insalubre bozal o de guardar las sanas distancias satánicas. ¡Vivir y morir como un verdadero ser humano es una maravilla! ¿A qué esperan para disfrutar ser un verdadero hombre? Manden a tomar por el culo al gobierno terrorista y sean felices.

El vivir y el morir son accidentes temporales ajenos a la atemporalidad del presente instante. Los hombres de Dios ni viven ni mueren, solo permanecen indiferenciados del Uno-Único en la sacralidad de la realidad de su esencia, que en el corazón mora; siempre intocados por el devenir del mundo.

La vida y la muerte, una y la misma sustancia son, no hay diferencia para el que alumbró el espejo de la consciencia con la luz del eterno retorno al origen, quedando así las montañas reducidas a polvo; y el placer y el dolor, igualados.

La vida y la muerte, una y la misma sustancia son, no hay diferencia para el que alumbró el espejo de la consciencia con la luz del eterno retorno al origen, quedando despejados los nubarrones de las emociones conflictivas que el anquilosado y muy persistente “yo” proyecta en el metaverso que llama “vida”.

La vida y la muerte, una y la misma sustancia son, no hay diferencia para el que alumbró el espejo de la consciencia con la luz del eterno retorno al origen, quedando despejado el corazón de las ilusorias apetencias para que el amor verdadero anide.

No hay tiempo que perder, el fulgor desvelado del eterno retorno al origen todo lo encima ya. Bienaventurados serán los que prendieron sus lámparas antes del derrumbe.

DEDICADO A ELLA, CON AMOR.

FIN.

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