TE AMARÉ – Otro canto al amor, puede que el último.

Te amaré, oh Señor, mi fortaleza.

El Señor es mi roca y mi refugio;

El Señor me libera.

-Salmo 17:1

COMENTARIO:

Qué buen amparo el de Tu refugio, qué cálido manto el de Tu protección, qué amorosa es Tu acogida, qué elevados son los paisajes que la planicie de tu contemplación me encima, qué hermosas son Tus moradas, todas ellas; doquiera miro, hacia dentro o hacia fuera, no contemplo sino los esplendores de Tu belleza perturbadora; doquiera esté la belleza, a Ti te hallo; y doquiera que yo esté, Tú estás conmigo; ¿acaso no es Tu presencia lo más evidente de lo evidente, y lo único existente, para una mente esclarecida y desvanecida en la luz de las luces?

Qué beatífica es Tu bondad ilimitada, qué excelsos son los vislumbres de tus atisbos, qué seguridad la de Tu amparo, qué sosiego el que sobre mí Tú derramas. Qué deslumbrantes son Tus caminos, doquiera me adentro por ellos, solo Tú eres mi compañero.

La belleza mundana palidece ante Ti, las muchachas ruborizadas al arrullo del amor ante Ti caen desmalladas y vueltas a levantar, aún más sublimemente exaltadas. Las huríes del paraíso quisieran desprenderse de su belleza eterna e incontaminada para que otro ojo sino el Tuyo las mirara. Las fuentes cristalinas quisieran abandonar la dulzura de su frescor para que nadie, sino Tú, bebiera sus aguas.

El sol de la creación amaneció para el pobre infeliz desdichado que se hace llamar Uzman, y el viento primigenio increado le insufló nueva vida cuando ya desfallecía, preñándolo todo de beatíficas luces e inconmensurables y gozosas alegrías.

Sí, el Señor se agrada y se complace ante un corazón contrito, un corazón roto, un corazón desecho que se deshace, se hace agua y deviene en mar; el mar de las lagrimas del olvido y de Su postrer recuerdo en el reencuentro con el Amigo Íntimo.

Qué morada la Tuya, oh Santísimo, oh Puro, Oh Primero Sin Segundo, oh Último Sin Primero, oh Presente en Tu Ausencia, oh Ausente en Tu Presencia.

¡Qué magníficos son Tus Nombres! Yo te alabo con todos ellos, te alabo con una alabanza de la lengua que no necesita de palabras, te alabo con los efluvios de amor de un corazón roto, deshecho, enamorado; un corazón apabullado que se perdió en los confines de la infinitud de Tu magnificente benevolencia.

¡Qué magníficas son Tus moradas!

¡Qué miserables las vidas de los negligentes que te olvidaron y no se esfuerzan en pos de Ti!

¡Qué sublimes las vidas de los que recordaron y en Ti se asentaron y se abismaron!

¡Qué gozoso deleite el perderlo todo y a Ti haber hallado!

¡Qué inconmensurables son Tus dominios! ¡Qué vastedad la de Tu cielo! ¡Qué ilimitados son Tus confines, y qué colmados de luces!

Amaré al Señor hasta la consumación de los tiempos, hasta que lo igual se una a lo igual en la luz, y el metaverso de sombras de lo que no es Él se extinga definitivamente y para siempre.

¡Que el infierno sea acercado a los terroristas del gobierno, que los devore y que de ellos no quede ni el más leve de los rastros!

DEDICADO A ELLA, CON AMOR.

FIN.

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