¿Por qué estamos como estamos y cómo no estarlo? Expertos consultados lo tienen claro.

Se trata de una interesante cuestión la de saber la razón de la decadencia del decadente y extremadamente degenerado hombre moderno, sobre todo del occidental medio, que le ha llevado a extremos tan radicalmente extremos como el de querer extremadamente más a los animales que a los propios seres humanos,  o a pensar que se puede ser mujer con pene u hombre con vagina, y cosas aberrantes por el estilo, por lo que nos hemos preguntado a nosotros mismos, como expertos y representantes del remanente humano fiel, acerca de las perturbadoras anomalías que azotan al mundo de hoy y hacen palidecer la humanidad de sus deshumanizados habitantes.

Y esto es lo que tenemos que decir, como voz autorizada, al respecto de este interesante tema, o asunto:

No cabe duda, o qué duda cabe, o sin lugar a dudas, o evidentemente, u obviamente, o sea, que es obvio, esto es, que es una obviedad, a saber, que la cosa está mú clara y el chocolate mú espeso, y en definitiva, que la leche es blanca y que los burros no vuelan… y así sucesivamente.

Coroláricamente hablando lo que queremos decir es que estamos viviendo el fin de los tiempos, o de las eras, o de los siglos, o de las edades, lo cual está claro para todo el mundo, menos para los obnubilados con los placeres mundanos que se empeñan en creer que el metaverso del “yo” es la única realidad plausible, tras la cual no hay nada. Empero, esa nada no existe, pues si existiera la nada post-mortem no existiría tampoco la realidad pre-mortem, pues la nada es incompatible con la no-nada. En Al-Ándalus hasta los niños lo comprendían, pues se les educaba conforme al Sagrado Corán, y no conforme dictan los planes educativos del gobierno terrorista globalizado de hoy en día.

Esta cosmovisión acorde a los verdaderos hombres implica potencialmente dos cosas: o bien la consciencia se perpetúa ad infinitum en metaversos sucesivos, ora placenteros, ora desagradables, ora neutros; o bien que la consciencia y la realidad, la que sea, proyectada sobre la consciencia son un metaverso severo, o sea, una impostura y, por lo tanto, nada de nada de nada, y siendo, por consiguiente, la realidad solo Una y Única.

En realidad ambas opciones conviven simultáneamente, como trataremos de explicar.

Este dilema nihilista-existencialista solo se soluciona a la luz de la Vía Revelada, siendo el Islam su plasmación definitiva y última acordemente a lo que necesita el degenerado hombre moderno del fin de los tiempos que se alejó de Dios y se acercó al maligno; pues si se ajusta al mensaje final para la humanidad, será salvo de los influjos de la bestia, cuya meta única es la perdición de los hombres mediante el extirpado de lo que cualifica la condición humana.

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¿Por qué los medios masivos de intoxicación mental no hablan de estas cosas, y se empeñan en perpetuar la ignorancia de la superstición ateísta?

La respuesta materialista de los creyentes en la superstición del ateísmo es el absurdo del vivir meramente para no morir y así poder disfrutar lo que se pueda antes de que la nada post-mortem (que no existe) les impida seguir disfrutando, aun a costa de morir obedeciendo a los terroristas del gobierno –bozales insalubres, vacunas asesinas, distancias sanas insanas, confinamientos antihumanos, miedo al prójimo para debilitar la inmunidad natural del cuerpo, etc. Todo ello solo conduce al sinsentido de la frustración existencial, profundamente oculta en el corazón, de no saber para qué se vive y para qué se muere, razón por la cual los ateos incurren en los paliativos auto-destructores del sexo fuera del matrimonio, de las drogas, de los viajes, del suicidio, de los cambios de sexo, del futbol, de los viajes, de las fiestas, de los cafelitos con los amigos, de las compras superfluas, etc.

Empero, o pero, lo que nos enseña el Islam es que el sentido del metaverso de la Torta Terrestre no es disfrutar lo que se pueda, en la creencia supersticiosa de que venimos del mono por azar y la vida no tiene otro sentido que el placer descorsetado, sino que el sentido del metaverso mundano es trascenderlo, esto es, trascender la ilusión de las proyecciones egocéntricas del fantasmagórico “yo” y asentarse en lo que realmente somos tras el velo de la apariencia de lo perecedero –luz infinita y beatitud perenne en la intimidad indiferenciada del Amigo Íntimo (Allah).

Para ello, o para eso, lo que hay que hacer es desentramar el “yo” de sus ficticios entramados metavérsicos de querencias apegosas, para así poder trascenderlo y enfilar las luces imperecederas.

Y para no ello, o para ganarse el infierno, lo que hay que hacer es no hacerse musulmán y no vivir como verdaderos seres humanos, sino como ganado ignorante que obedece a los terroristas, se vacuna, se deshumaniza y se pone el bozal con vistas, o en aras, de poder seguir viviendo y disfrutando desconscienciadamente lo que se pueda, o sea, lo que el gobierno terrorista les permita, ya que si no se vacunan anualmente, tal y como requiere la despoblación planetaria para salvar el planeta, solo podrán quedarse en casa.

En resumen, estamos como estamos debido a la negligencia del hombre de hoy, y no digamos ya de la mujer, en lo que respecta a la búsqueda de la verdad y de las subyacentes luces que subyacen al velo de lo creado.

DEDICADO A ELLA, CON AMOR.

FIN.

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